LUCES EN LA NOCHE.  

 

41.- La Compasión:

                 “ Si supiéramos el ultimo porqué de las cosas tendríamos compasión hasta de las estrellas” gustaba decir a Graham Green.

                La compasión y la misericordia son la esencia misma de la vida en Dios y entrar en su dinamismo conlleva llenarnos de esas cualidades eternas que nos hacen más humanos y más vulnerables.

                ¡Cuántas oportunidades perdemos en la vida cuando nos llenamos de odio y de recelo, ajenos al espíritu del evangelio y del género humano!

                ¡Cuántas veces ajustamos las cuentas sin misericordia como jueces recalcitrantes que en vez de divisar lo bueno que tiene la persona  sólo encuentras miradas para ver lo negativo y llenarte de indignación por los fallos que comete el otro!

                En este día, por favor, pide a Dios que te llene de compasión y de misericordia. Te llenarás del Espíritu de Jesús.

42.- Cometer un error.

                 “ Todo niño debería crecer con la convicción de que no es una tragedia ni una catástrofe cometer un error” decía sabiamente Maxuel Brand.

                ¿Quién no se ha equivocado nunca y ha descubierto que sólo equivocándose eres capaz de encontrar la verdad más cierta y auténtica?

                ¿Quién no ha hilvanado su vida basándose en equivocaciones y caídas existenciales que luego el arrepentimiento y la experiencia han hecho más llevadero el camino y más condescendiente los fallos de los otros?

                El niño no debe ser querido por lo bueno o malo que haga, sino por él mismo, aunque debe de descubrir en su vida que el error puede ciertamente llevar a la búsqueda de la verdad y a la esencia misma de la sabiduría.

43.- “El siempre más allá del tiempo”.

                 Abbé Pierre confesó en una entrevista entrañable: “Pienso en la muerte con toda sinceridad...

Mientras vivimos, estamos rodeados de sombras. Queremos saber, queremos amar, queremos... y topamos con nuestros límites constantemente. Después de la muerte entramos en lo que yo llamo “el siempre del más allá del tiempo”. La muerte es el encuentro prodigioso y maravilloso con el infinito, con el Eterno, con el amor”.

                ¡Qué visión tan esperanzadora y tan llena de sentido tenía este creyente y enamorado apasionado de Cristo que afirmaba que la muerte no es el final del proyecto del hombre sino el encuentro prodigioso y maravilloso con el siempre Infinitamente Eterno, la Suma Perfección y Bondad, Dios!

44.- corazón de juez.

                 Fray Luis de Granada comentaba a menudo: “Los hombres deberíamos tener para con Dios un corazón de hijos, para con los hombres un corazón de madre, y para con nosotros mismos un corazón de juez”.

                ¡Qué razón tenía Fray Luis que invertir estos papeles genera una vida agria que no hace otra cosa que desconfiar de los otros y nos lleva al egoísmo más cierto!

                Cuando juzgamos a los demás con un corazón de juez y a nosotros con un corazón de madre puede ocurrir que la balanza se gire hacia el engaño más brutal y no consigamos otra cosa que la desconfianza y el recelo para con los otros.

                Cuando el corazón de madre se vuelca hacia la empatía y la comprensión hacia el otro entonces se enciende una estrella en el cielo y un rayo en el corazón.

 45.- Con los pies en la tierra.

                 “Hay dos cosas por las que un hombre nunca se debe enfadar: por las que puede remediar y por las que no puede remediar” sentenciaba Thomas Fuller.

                Debemos recordar en nuestra diminuta memoria que el enfado interior nos invade muchas veces por cosas que no podemos remediar y están  fuera de nuestro alcance, y por otras cosas que la paciencia y el tiempo harán  remediar.

                Ten una mirada profunda y esperanzadora en la historia nuestra que vivimos, que más allá de nuestra existencia, hunde sus raíces más profundas y se lanza irremediablemente hacia el futuro más escatológico, la verdadera recapitulación con Dios.

                En este día no caigas en la desesperanza y únete existencialmente a Dios

 46.- El perfume de la oración.

                 Deja que el perfume de la oración invada tu existencia de la certeza que contagia las fibras más íntimas y haga brotar el sentido último de  tu vida, el sentido más global que pueda remitir la historia y toda la realidad a Dios, aún aquellas experiencias que son selladas por el vacío y el sufrimiento.

                En la oración más auténtica, Dios entra en tu noche y rompe, como la aurora matutina, los huecos más recónditos de la existencia.

                En la oración, tu anodina vida se vincula estrechamente a la Omnipresencia de Dios y en un enlace de amor y de sentido hace que cobre importancia y valor más allá de lo imaginable.

                En la oración, tu yo entra en contacto con la esencia misma del ser y desde el amor más íntimo hace que vivas tu historia como una historia de salvación.

47.- La respuesta de Narciso Yepes.

                 Narciso Yepes, uno de los músicos españoles más importantes de este siglo, declaraba en una entrevista poco antes de morir: “Desde que convivo con la enfermedad, pienso más en la muerte que antes. La voy sintiendo cercana y amiga, en definitiva nada terrible. Sí, me inquieta irme sin haber tenido tiempo suficiente para cumplir la misión que Dios me haya encomendado”.

                ¡Qué sabor más auténtico tienen las palabras de Narciso Yepes cuando cercana su muerte la descubre como una conocida viajera de camino y su mirada más honda está en el encuentro pleno con el Dios de la vida!

                ¡Cuántas personas se sienten desesperadas y angustiadas por la huella de la muerte en su cuerpo y miran con dolor ese momento penúltimo de la vida!

48.- ¿Dónde estabas, Dios?

                Cuentan que un día alguien llegó al cielo, preguntó  por Dios y lo llevaron delante de él. Aquella persona le increpó: “Dime tú para qué me ha servido Dios. Toda mi vida trabajando duramente como una esclava, fregando escaleras a pesar de mi reuma en el hombro; mi marido borracho todos los días y cuando llegaba a casa me molía a palos. Mi padre murió siendo yo muy joven dejándonos en la miseria más absoluta y sumidas en una gran depresión. Y luego me dice el médico que mi hijo tenía un tumor en la cabeza. ¿Qué hacías tú mientras tanto, dónde estabas?”

                Dios, entonces, llorando y sin poder contenerlo exclamó: “Yo estaba en ti. Sufría contigo, lloraba contigo, sacaba fuerzas contigo, ayudaba a tu hijo contigo, rezaba contigo”.

49.- No puedo darte nada.

                 Un hombre llama a la puerta de Abbé Pierre, fundador de las Comunidades de Emaús: “¡Padre, venga! Junto a mi casa, un hombre ha intentado suicidarse. No está muerto todavía”.

                Era un ex-presidiario. Asesino de su padre. Acababa de cumplir una condena de 20 años en la cárcel. Sin amigos, sin familia, desesperado, había escogido el camino del suicidio.

                Abbé Pierre le dijo: “No puedo darte nada. Trabajo de noche por las madres abandonadas, por la gente sin techo, por los niños enfermos. ¿Me quieres ayudar? Antes de matarte, ¿quiéres echar una mano a toda esa gente que te espera?”

                Aquel hombre no murió. No se puede morir cuando está todo por hacer, cuando sigue existiendo la única razón para vivir: los otros.

50.- La risa.

                 “Todo lo que se hace con risa nos ayuda a ser humanos”, gustaba repetir continuamente a  Martín Grotjahn.

                ¡Qué razón tenía Martín y qué lejos se va la risa en nuestra fatigada existencia anodina! A veces, la risa, tan saludable y tan necesaria, se hace tan extraña a nosotros mismos que lo único que nos invade es la tristeza y el sin sentido de las cosas.

                Cuando la risa preside nuestras relaciones humanas entonces hay una corriente de sintonía y de alegría que nos hace más humanos y más solidarios con nuestros prójimos.

                Cuando la risa brota en nuestras relaciones entonces la primavera entra en nuestro corazón y nos hace más llevaderos los malos tragos de nuestra historia.

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