LUCES EN LA NOCHE.  

 111.- Gracias, Señor, por el coche.

                 Gracias, Señor, por el coche que nos hace sentir que las distancias no son motivo para no conocer las maravillas de la naturaleza y la grandeza de los mejores hijos de ayer que dejaron plasmados su ingenio y su arte en Iglesias, museos, palacios, plazas y calles.

                Gracias, Dios mío, por el coche, invento del hombre para el hombre, que a pesar de la contaminación y  el ruido nos hace comprender que sin él la vida nuestra sería impensable.

                Gracias, Señor, por las carreteras, arterias vivas por donde caminamos, a veces sin sorprendernos de las grandezas de la creación, pero que ellas nos ponen en contacto con otras culturas, con otros pueblos y nos hacen sentir que las distancias en el espacio no son impedimentos para saborear la vida.

112.-Himno a la caridad de San Pablo.

                               San Pablo recordaba a los cristianos de Corinto que la caridad es mayor que la fe y la esperanza en el camino del seguimiento cristiano.

                Enumera las características básicas de la caridad, y que tú puedes hacer tuya en este día: “Es paciente, servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe, es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta” (1 Cor 13, 4-7).

                Pero recuerda en este preciso momento que la caridad cristiana brota de un convencimiento profundo: Tú amas porque Dios ha salido a tu encuentro y te ha amado primero.

113.- Una insinuación al adulterio.

                 Una observación detallada nos hace descubrir que grandes películas  taquilleras, premiadas por la crítica y el público tienen al adulterio como algo bueno en la vida de la pareja y como realización personal de la mujer que tiene esa experiencia en su vida, que le hace disfrutar, salir de su monotonía matrimonial y como motor que le impulsa a seguir en su ajetreada existencia.

                Dos magníficas películas, “Los Puentes de Madison” de Clint Eastwood y “El príncipe de las mareas” de Barbra Straisand, que precisamente terminan en la continuidad de los protagonistas con su matrimonio, narran la historia adúltera de sus protagonistas de manera brillante y maravillosa, frente a la rutina, monotonía y debilidad de sus lazos matrimoniales respectivos.

                Más de una mujer ha suspirado en sus adentros si no le podía pasar algo parecido, y me pregunto si en el fondo no es una insinuación al adulterio

 114.-  Cuando reces coge el breviario y el periódico.

                 Cuando ores al Dios de nuestros padres coge el breviario, un ramillete de salmos que han sido el consuelo y la oración de millones de personas a lo largo de toda la historia de Israel y la vida misma de la Iglesia, respaldada por el gran orante, Jesús, y pon la confianza en el Señor.

                Si sufres reza un salmo, si estás contento lee un salmo, si quieres dar gracias recita un salmo, pero siempre ten a mano un periódico, esas noticias que son el recetario de la historia, y recuerda que la historia de la salvación no está lejos de la historia humana, y que Dios se manifiesta en los acontecimientos, tanto internacionales como personales, y allí mismo anida el secreto mismo de la vida del hombre con Dios.

                Si Dios te concede este día el discernimiento de espíritu y eres capaz de interpretar la vida desde Dios entonces alégrate de haber recibido el mayor de los dones y la grandeza de los profetas.

 

115.-Una sabiduría grande.

     Isócrates decía que “el sabio se acuerda de lo pasado, goza de lo presente y prevé de lo futuro”.

¡Qué bien supo conectar este filósofo la temporalidad en la misma esencia de la sabiduría, tentada siempre a olvidarse del pasado, suspirar el futuro y arrinconar el presente!

Si quieres en este momento poner en tu corazón los cimientos que te hagan crecer en la sabiduría entonces vive con garra esta máxima de Isócrates y vive el momento presente, sin olvidarte del pasado, porque sólo las semillas de ayer son frutos mañana, y sólo el que siembra bien recogerá, a pesar de los contratiempos, la cosecha.

No intentes suspirar el futuro y olvidarte del pasado, porque entonces serás alguien que no vive su vida y la añoranza del futuro te dejará anclado en tu incertidumbre y tus propios refugios.

 

116.- Las negaciones de Pedro.

                               Pedro, el pescador, fue uno de los discípulos predilectos del Señor, sobre el que edificó la comunidad cristiana, confirmándolo en la fe y diciéndole que “sobre él edificaría su Iglesia”. 

                Pero Pedro era débil y lo confesó abiertamente cuando fueron redactados los evangelios. Ahí radica la grandeza de los seguidores del maestro que supieron reconocer que ninguno estuvo a la altura del momento, como muchas veces no estamos ninguno de nosotros.

                Pedro en el palacio real, delante de una criada y un mozo de palacio, negó profundamente al Maestro, a su amigo, con el  que había compartido tantos momentos agradables  e íntimos. Pero Pedro, que nunca olvidó aquellas negaciones, supo que sus lágrimas eran la paga de ese desprecio y que su martirio sería el sello de su compromiso.

                No quiso morir como el maestro, sería atentar contra la cruz que salva, pero de cabeza hacia abajo supo que sus negaciones eran superadas por la fe y el arrepentimiento.

 

117.-  Tú tienes tus propios sueños.

                 Tú eres grande en tu pequeñez y desde tus sueños puedes comprender que nadie te arrebatará los arpegios interiores que lanzan llamaradas sobre la árida existencia.

                Tú eres tan magnífico como tus sueños y sólo tus sueños condicionan tus pasos y tu anodina existencia. Si sueñas que el mundo puede cambiar entonces tus pasos se encaminarán a poner un grano de arena en la construcción de una sociedad más justa y fraterna. Si sueñas que tú has nacido para ser grande tus motivaciones e intereses irán a beber de la fuente que mana el conocimiento y lucharás con todas tus fuerzas para superar la mediocridad y aspirar a lo perfecto.

                No te encierres en tus propias pasiones y ábrete a la grandeza de los sueños.

118.-   La enseñanza de Natán.

                 Natán era un gran profeta en tiempos del rey David y el rey había cometido un gran pecado:  adulterio con Betsabé y mandar a  Joab que  pusiera al marido de ésta, el hitita Urías, en el frente de la guerra en el sitio más reñido y que se retiraran dejándolo solo para que fuera asesinado en el campo de batalla, con intención de casarse con Betsabé.

                Y Natán recriminó maravillosamente a su rey: “Había dos hombres en una ciudad, el uno era rico y el otro era pobre. El rico tenía ovejas y bueyes en gran abundancia; el pobre no tenía más que una corderilla, sólo una, pequeña, que había comprado. Él la alimentaba y ella iba creciendo con él y con sus hijos, comiendo su pan. Vino un visitante donde el hombre rico, y dándole pena tomar su ganado, tomó la ovejilla del pobre y dio de comer al viajero llegado a su casa”.

                David se encolerizó y dijo: “¡Viva Dios, que merece la muerte el hombre que tal hizo... Entonces Natán dijo a David: “Tú eres ese hombre...” (II Sam 12, 1-15).

 

119.- El miedo a escandalizar a los niños.

                La película “Breaheart” de Mel Gibson es una película excepcional que ganó en aquel año un puñado de oscar. Relata la historia de un lider escocés que lucha contra la tiranía inglesa, y que al final muere asesinado como enemigo del estado.

                El protagonista, Breaheart, se niega a pedir clemencia y arrepentirse de su lucha contra la tiranía por miedo a escandalizar a los niños. Él afirmaba que si pide clemencia todo por lo que había luchado se desvanecería  y al final todo habría sido un fracaso.

                ¡Qué grandeza la de este líder que por miedo a no escandalizar prefiere la muerte, y una muerte tremenda!

                ¡Cómo resuenan en nosotros las palabras de Cristo: “Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo más profundo del mar... ¡Ay de aquel hombre por quien el escándalo viene!” (Mt 18,6-7)

 

120.- No al suicidio.

                Tu vida es valiosa a los ojos de Dios y nadie tiene derecho a eliminarla, ni siquiera la propia persona.

Cuando descubres que tú eres más importante que tu salud y tus cualidades, más grande que tus acciones y tus títulos académicos, más fuerte que los lazos que te unen a las personas y a la tierra, entonces puedes decir que el suicido atenta contra el valor prioritario del ser humano.

                Cuando sabes que hay personas que cuidan a parapléjicos y que a pesar de vivir la enfermedad más dura saben que es un regalo del que tienen que dar cuentas, entonces anida en su corazón un sentimiento religioso de lo más correcto y escriben con la pluma más rudimentaria no a todo lo que destruya la vida, aunque parezca inútil e incierta.

                Cuando tienes el convencimiento que el ser humano es irrepetible y que nadie tiene derecho a talarla, entonces sabes que el suicidio, aunque sea un reclamo deseado en un momento de crisis, no es el suspiro de una humanidad cada día más realizada.

Página principal de Luces en la Noche.