LUCES EN LA NOCHE.  

131.- La vida no es para los cobardes.

 Quiero recordarte, amigo mío, que construir la vida es lo difícil. Saborear la vida a borbotones y comprender que superar el desánimo cada mañana para volar más allá de la medianía son los mayores arpegios de una vida llamada a ser vivida.

¡No, amigo mío, construir la vida es lo verdaderamente difícil! Puede que morirse sea lo más fácil y destruir sea lo más llevadero, pero dejar que el discernimiento de espíritu entresaque de la vida lo bueno y seguir caminando por la senda tortuosa en un camino pedregoso y fatigado puede que sea lo más arriesgado y difícil.

Sonreír cuando tu vida se rompe a trozos y las lágrimas se depositan en los arpegios de tu historia es lo más difícil de asimilar pero lo más grande de realizar.

¡Amigo, recuerda que construir la vida es lo verdaderamente difícil, y en tu oración pide fortaleza porque la vida no es para los cobardes.

 

132.-María, Madre nuestra.

                 Madre Teresa de Calcuta fue una mujer carismática en el siglo XX y una de las cristianas católicas  con mayor renombre mundial, premio nobel de la Paz, rezaba con frecuencia: “María, amadísima madre mía, dame tu corazón tan bello, tan puro, tan inmaculado, tan lleno de amor y humildad, de modo que yo pueda recibir a Jesús como tú lo hiciste e ir solícita a dárselo a los demás”.

                Invoca a María, la madre de Dios y madre nuestra, la madre de la Iglesia, modelo de caridad y de fe, verdadero ejemplo de santidad y prudencia, para que ella te lleve verdaderamente a su Hijo Jesucristo, la Palabra eterna del Padre, el auténtico sentido último para la vida de los hombres.

                Descubre las cualidades de María y recuerda que ella es paradigma de cómo abrirse al Misterio y refleja la pureza de un alma que se abre en su libertad para avanzar la historia humana hacia cuotas eternas.

 

133.- Luchar contra la indiferencia.

                Verdaderamente lo que corroe los cimientos del hombre y lo lanza al vacío no es la pregunta inquietante que se cuestiona en su noche el más allá de lo real y si acaso la creencia en Dios no sea nada más que un espejismo, sino la indiferencia que no alborota el alma ni por el sufrimiento ni tan siquiera por sus miedos.

                No pienses que la indiferencia es la mayor meta de la sabiduría del hombre. Al contrario, la indiferencia lo único que hace es mirar la historia desde la orilla del pasotismo y arrincona las grandes preguntas existenciales, que han sido el palpitar y las cuestiones vitales de todos los humanos con inquietud,  a la altura de un absurdo y no deja que el alma humana se inquiete por momentos en sus dudas.

                ¡Por favor, en este día, lucha con fuerza contra la indiferencia y no te niegues a cuestionarte aquellos interrogantes que son el pulso de tus combates y el aroma de tus sueños!

 

134.- teología narrativa.

                 Leer la historia desde Dios es el reto de todo creyente que quiere anclar su alma desde los lazos de la fe. Por eso, precisamente por eso, toda teología es narrar las maravillas de Dios en la vida propia y en la ajena.

                Leer los acontecimientos desde la confianza en Dios, incluso en la periferia del dolor y del sufrimiento, a los ojos de Cristo crucificado, será el clamor más certero de nuestro espíritu que nos lance más allá de nuestros miedos y nuestros vacíos, sabiendo que la vida sin Dios carece de fuerza y de sentido.

                Leer la vida desde Dios hace que cuentes a los demás tu propia historia y esta narración haga posible la memoria colectiva de tu familia, de tu entorno y de la Iglesia local.

                Leer la historia desde Dios hará que rompa tus recelos y tus propias quejas te haga mirar al cielo, preguntándote si algún día tus pasos vacilantes encontrarán consuelo y reposo en el “más allá eterno”.

                Leer la historia desde Dios te afirmará que los verdugos no serán la palabra última a esta historia áspera y que las víctimas encontrarán justicia, aunque ahora traguen sus lágrimas.

 

135.-Las víctimas del campo de concentración.

Elie Wiesel, premio nobel de la paz y víctima de los campos de concentración comentaba en cierta ocasión: “ En mi primer encuentro con François Mauriac, le dije que los niños judíos en los campos de concentración nazis habían sufrido más que Jesús. Mauriac no pudo contener las lágrimas. Lloró de pena. No contestó nada como era normal”.

Los cristianos sabemos que todas las víctimas de ayer, hoy y mañana encontrarán una palabra de aliento y el sentido último a su sufrimiento. No piensa que Jesucristo sea el hombre que más ha sufrido en la historia humana, sino el que ha ofrecido su muerte por la salvación del hombre y ha dado a su muerte un valor redentor.

¿Qué podía responder François Mauriac a Elie Wiesel que le pudiera convencer en su queja existencial? Sólo respondió unas lágrimas compasivas y solidarias que hizo comprender a Wiesel que aquella página de la historia humana, los campos de concentración, había que olvidarla desde la misericordia divina y pedir que jamás vuelva a salir la cara más diabólica del hombre.

 

136.- Lugares en el corazón.

                En cierta ocasión, una mujer estaba enferma y todos temían por su salud quebradiza, arropándola de cariño y compasión. Ante la desaparición de su marido ella tuvo que afrontar valientemente toda su casa y sus negocios, sorprendiéndose cada día de aquella maravillosa capacidad que jamás creía tener. Y bien que repetía unas palabras mágicas de León Bloy: “El hombre tiene lugares en su corazón que todavía no existen, y para que puedan existir debe entrar en ellos el dolor”.

                ¡Cuántas veces nuestras capacidades afloran después de una noche oscura y como una reacción urgente a una necesidad imperiosa, y desde ahí los talentos brotan como el agua en la cascada!

                ¡Cuántas veces nuestros miedos nos paralizan por dentro y dejan que esa llamada a la perfección quede en el arca interior y  sólo aflora la mediocridad y el silencio!

                ¡Por favor, recuerda lo que decía León Bloy, y sabrás que para que muchos espacios interiores existan debe entrar el dolor y el sufrimiento!

 

137.-Los evangelios.

                Los evangelios no son biografías ni historias de Jesús, sino testimonios de fe y catequesis vividas por la comunidad cristiana. Son escritos a la luz de la Resurrección, y son iluminados desde este acontecimiento pascual  todas las palabras, obras, acontecimientos y la vida toda de Jesús, pero no al margen de lo que real e históricamente fue.

                Comprendemos que en los orígenes tenemos una experiencia muy precisa, la experiencia de unos hombres, muchos de ellos marginados y alejados de la Ley, pescadores y recaudadores de impuestos, cuyos pasos se convirtieron en un encuentro gozoso con el Misterio.

                Y en medio de sus afanes escucharon una voz que les gritaba: "¡Ven y sígueme!" Una voz que se sigue oyendo en la dinámica del mundo y en la existencia de cada hombre y mujer, deseoso de encontrar un sentido global y permanente a su historia.

 

138.-  Qué no se cansen los educadores.

                Señor, mi oración en esta mañana es que no se cansen los educadores. La impaciencia paraliza el alma y nos hace extremadamente crueles y recelosos.

                Señor, que los educadores no olviden que tú eres el verdadero constructor del espíritu humano y que sólo la compasión y el amor pueden esculpir un hombre y una mujer auténticos y realizados, hombres y mujeres adultos capaces de emocionarse ante el dolor y no aspirar solamente a unas monedas y un bienestar material.

                Señor, mi oración en esta mañana es que no se cansen los educadores. Que tengan la inteligencia suficiente para transmitir los conocimientos que asfixien la ignorancia pero, sobre todo, que tengan la paciencia necesaria para relativizar el impulso de los años adolescentes y el complejo nefasto del “signo de la contradicción”.

                Señor, mi oración en esta mañana es que no se cansen los educadores.

 

139.- Anclado en su propia tela de araña y en su propia soledad.

                 Cuentan que un hombre era tan egoísta que nunca pensaba en los demás, estaba anclado en su propia tela de araña y en su propia soledad. No era capaz de sonreír a nadie y no miraba a nadie si no era para sacar de él algún provecho.

                Un día cayó enfermo y desde la debilidad tuvo que pedir ayuda, algo que no había hecho nunca hasta ese momento. En ese mismo momento comprendió que su vida había sido vacía y había ido por caminos equivocados. Todo por lo que había luchado lo había llevado a la soledad y a buscar su propio interés, y en el fondo estaba recogiendo el fruto maduro de sus esfuerzos.

                Sus lágrimas eran tan intensas y su arrepentimiento tan fuerte que decidió dar un giro de ciento ochenta grados a su vida. Y curiosamente amando y ayudando a los demás se sentía mejor, y en ese momento recordó aquellas palabras de Jesús: “El que quiere salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la encontrará”

 

140.- Enamorarse de Dios.

                 La vida cristiana será fructífera en la medida que nos enamoremos de Dios, el Eternamente Santo. Cuando Dios no es el valor más preciado y la perla más preciosa entonces nuestra vida cristiana se convierte en mediocre y vacía, lamentable y vaga, falsamente cumplidora e hipócritamente vacía.

                Dios debe ser el amado que consume el alma dormida y el calor que enciende la hoguera en nuestra noche, la luz que penetra radiantemente en nuestra diminuta esencia y hace que los arpegios de nuestra melodía interna dancen en su mano, el silencio que echa a volar nuestros pensamientos y el suspiro que invada nuestra fatigada existencia de ideales y esperanzas.

                Dios debe ser el huracán que nos lanza hacia metas insospechadas y el faro que nos ilumina el sendero que acoge nuestros pasos, la paz que deja la guerra y nos deja insatisfechos, el amor eterno que nos hace buscarlo en las cosas creadas y en el silencio de la noche.

 

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