LUCES EN LA NOCHE.
¿Cómo salir de la noche de nuestro egoísmo y nuestro egocentrismo sin que la luz rompa el vacío que se queda sujeto en nuestro corazón? ¿Cómo pedir perdón si no somos capaces de mendigarlo y ejercitarlo?
Cuando nuestra vida se ancla en los suspiros de la intolerancia y el egoísmo entonces se genera un caparazón frente a las necesidades de los otros y el infierno sin llamas viene despacio, llevándonos al desasosiego y las noches oscuras del miedo.
Cuando la vida no crece nada más que para acumular dinero y buscar la seguridad material, entonces se apodera de nuestros sentimientos el fantasma de la sospecha y el temor desesperado a perder aquellos que hemos conseguido, aún a riesgo de no valorar lo que tenemos.
Cuando la vida no arde consumiéndose por ayudar a los demás, entonces el infierno llega aunque tu entorno se cubra de rosas y se engalane con los últimos inventos.
Cuando no queremos complicarnos y comprometernos en la vida valen todas las excusas posibles para quedarnos instalados en nuestra comodidad y nuestra pasividad. De nada sirven las llamadas de atención de los mejores hijos e hijas de una generación que nos alertan de lo negativo que es para el mundo nuestra insolidaridad y nuestra injusticia.
¡Cuántas excusas nos creamos para sumergirnos en nuestros miedos y para justificarnos criticamos despiadadamente a los que hacen algo por los demás!
¡Cuántas veces nuestras excusas lo único que hacen son paralizarnos en nuestra seguridad y evitan que nuestra existencia se complique y se busque a sí misma sin más meta que su propio ombligo y el bienestar de su familia!
¡Cuántas veces las miles de excusas que nos creamos lo único que nos protegen son de sellar los sentimientos con la compasión y nos lanzan al egoísmo más ciego!
El Hermano Roger gustaba repetir: “ A quien se detiene en los fracasos y el dinamismo, se le paralizan las fibras del alma”.
La vida misma depara grandes fracasos a cada persona si no somos capaces de afrontarlos con realismo y con fe, entonces laméntate intensamente de que el fracaso te invadirá y serás un desgraciado que deambula por las sendas del vacío y de la falta de ganas por vivir.
El fracaso es una oportunidad para descubrir que no siempre el éxito llega y que somos débiles, aunque nos creamos invencibles en algunos momentos. El fracaso es un vendabal que zarandea nuestro interior y nos deja mullidos e insatisfechos, para que recordemos, por si lo habíamos olvidado, que no hay gloria sin cruz, no hay satisfacción sin sufrimiento, no hay perfección sin esfuerzo ni cansancio.
¡Por favor, en este día, recuerda al Hermano Roger, y “quien se detiene en los fracasos y el dinamismo, se le paralizan las fibras del alma”.
Nuestros prejuicios nos hacen dividir a los hombres entre buenos y malos, justos e injustos, los que poseen la verdad y los que viven en el error perpetuamente, los que todo lo hacen bien y los que todo lo hacen mal, ....
¿No es esta visión maniquea falsa y errónea en sus propios fundamentos que nos hace anclarnos en la mentira más manifiesta y nos augura una visión subjetivista y “ciega”?
No olvidemos que en cada hombre y mujer de este mundo se entrelazan la gracia con el pecado, la verdad con el error, el conocimiento con la ignorancia, el amor con el odio, el deseo de ser mejores con la dura realidad de la mediocridad, la risa con el llanto, la bondad con el drama del mal, y olvidarlo lo único que nos hace es simplificar injustamente el diagnóstico y anclarnos en el subjetivismo más terrorífico.
Cuando descubres que en ti mismo se condensa el bien y el mal, y que la mayor aventura consiste en desterrar el mal, entonces la luz ha llegado y podrás ser una bendición para la humanidad.
145.- Cosida por el sufrimiento.
El sufrimiento aflora por doquier y deja estupefacto al hombre y a la mujer de hoy, cada día más preocupado por la calidad de vida. Ocurre que desde siempre el sufrimiento del inocente ha cuestionado al hombre y lo ha lanzado a la rebeldía más certera y a la resistencia activa más cierta.
El creyente lanza su gemido hacia Dios y le pregunta el porqué de tanto sufrimiento y tanta desgracia manifiesta. Pero jamás se cuestiona una historia sin Dios porque entonces su queja no tiene remitente y su sufrimiento se ciega en su propio centro.
¡Conozco personas cosidas por el sufrimiento y sólo les mueve en la vida la esperanza de que su existencia será agradable a los ojos de Dios, aunque no pasa ni un solo día que no pregunten si vale la pena tanto sufrimiento!
¡Conozco gente que aún en la pena más fuerte y en sus dolores más ardientes no desesperan jamás y miran día y noche al cielo, encontrando una palabra de fuego y una pizca de consuelo!
Madre Teresa de Calcuta escribía en el año 1966 a las Hermanas de su Congregación unas recetas de medios para ser humilde: “Hablar de sí tan poco como sea posible, ocuparse de sus propios asuntos, evitar la curiosidad, no querer arreglar los asuntos de los demás, aceptar las contradicciones con buen humor, pasar por alto las faltas de otros, aceptar el reproche aún cuando sea inocente, ceder a la voluntad de los demás, aceptar los insultos e injurias, aceptar ser desatendido y menospreciado, ser gentil y dulce aún cuando provoquen a uno, no buscar ser admirado y amado, no escudarse nunca tras la propia dignidad, ceder en las discusiones aún cuando uno tenga razón, elegir siempre lo más difícil...”
¡Qué difícil es ser humilde y qué grande es aquella persona que experimenta en su vida este don maravilloso!
Cuando te encuentres a un hombre y a una mujer humilde te sugiero que le mires atentamente y te preguntes sinceramente qué es lo que lo hace grande y lo diferencia de otros muchos de tu entorno.
147.- La fe de mis padres.
“No podía dudar de la existencia de Dios. De lo que dudaba era de la comunión con Él, de la comunicación. Honestamente, no podía rezar. Cuando era niño rezaba, pero después no fui capaz de hacerlo. Ante esta incapacidad, puse mi confianza en la fe de mis padres y de mis abuelos”, comentaba el Hermano Roger al recordar su autobiografía.
Cuando la noche de la incomunicación le asolaba y no era posible salir de ella entonces supo anclarse el Hermano Roger en la fe de sus padres y sus abuelos, que le recordaba que su historia era impensable sin Dios y que sus raíces estaban depositadas en ese Dios de sus padres.
En este día te sugiero que nunca abandones al fe de tus mayores y que aunque pases por “noches oscuras” no hagas mudanza porque ese Dios a quien no ves te revelará casi sin notarse sus palabras de salvación.
Bertold Brecht es uno de los poetas más comprometidos e importantes de nuestro tiempo y escribió este maravilloso y sorprendente texto, que nos recuerda el daño que nos hacen la indiferencia y los prejuicios: “Primero se llevaron a los comunistas pero a mí no me importó porque yo no era. Enseguida se llevaron a los obreros pero a mí no me importó porque yo tampoco era. Después detuvieron a los sindicalistas pero a mí no me importó porque yo no soy sindicalista. Luego apresaron a los curas pero como no soy religioso tampoco me importó. Ahora me llevan a mí pero ya es tarde”.
¡Cuántas veces has mirado para otro lado y te has quedado sin sorprendente ante el sufrimiento ajeno porque lo has sentido demasiado lejano y los que sufrían tenían poco que ver con tu vida cotidiana!
¡Cuántas veces has olvidado que el mundo no es tan grande como parece y que en el fondo es una pequeña huella en el celeste universo, y que olvidarse de la solidaridad lo único que nos hace es anclarnos en nuestra poca memoria y en nuestro egoísmo más cierto!
¡Siente como tuyos los sufrimientos de los demás porque “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo” (G.S. 1).
En cierta ocasión un compañero sacerdote que trabaja con jóvenes recordaba que el peligro de toda pastoral es caer en “el complejo de Sara, la escéptica".
En el relato bíblico, Abrahám recibe la visita de tres forasteros, verdadera teofanía de Yahvé, y aquellos hombres bendijeron la hospitalidad de Abrahám, diciéndole que Sara iba a ser madre pasado el tiempo de un embarazo. Y Sara que lo estaba escuchando se rió para sus adentros, recordándose que Abrahám y ella eran viejos, entrados en años, y a ella se le había retirado la regla de las mujeres. Y Yahvé le dijo a Abrahám: “¿Cómo se ha reído Sara, diciendo: ¡Seguro que voy a parir ahora de vieja!? ¿Es que no hay nada milagroso para Yahvéh? En el plazo fijado volveré, al término de un embarazo, y Sara tendrá un hijo” (Gén 18,1-13).
Y precisamente, comentaba este compañero eso es lo que nos pasa a nosotros. No contagiamos, no convencemos, no nos creemos del todo que para Dios nada hay imposible y que sólo desde Dios será posible alcanzar grandes metas. Así ha ocurrido en otras épocas de la vida de la Iglesia y así debe seguir siendo.
¡Maravillosa respuesta de este compañero sacerdote que cree en las sorpresas del Espíritu y si Él quiere puede sacar hijos de Dios hasta de las mismas piedras!
150.- los inútiles también cuentan.
¡Qué nos queda si eliminamos a los débiles de la andadura cansada de esta historia nuestra que a la primera de cambio, casi sin notarse y con grandes silencios, se oculta las huellas de los sin-voz y el grito silencioso de los inútiles, los que no sirven y los que nada aportan a esta sociedad tan tecnificada y deshumanizada!
¡Qué nos queda si cuando aparece una reestructuración técnica aparecen cada día miles y miles de seres inseguros e ignorantes seres humanos que se sienten impotentes ante el imperio de la máquina y del ordenador.
¡Qué ocurre si este mundo va dejando en la cuneta a los pequeños que su cuerpo no posee las medidas perfectas, sus conocimientos no alcanzan el diez, su actualización profesional ha sido aprobada por las nuevas técnicas y a pesar del aparente equilibrio social surgen nuevas pobrezas y marginaciones!
¿Habrá alguien que ame sin pedir más perfección y acepte a los humanos inútiles sin más, por pura misericordia? ¿Sabes si tu corazón ha buscado una respuesta? Si no lo has encontrado y te inquieta la pregunta mira un crucifijo. Seguro que encontrarás un consuelo satisfecho y hermoso.