LUCES EN LA NOCHE.
Epicuro afirmaba: “El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo”.
¡Qué bien sabía Epicuro que esa sintonía hacia las cosas que tienes y te rodean son las que gestan tu universo simbólico y llenan de “sentido parcial” todos los acontecimientos de tu anodina historia!
¡Qué bien comprendía que las cosas alcanzan en ocasiones un valor simbólico que más allá de la propia materia y que sólo esa dimensión de pertenencia, sintiéndola como única e irrepetible, es la que te va haciendo miembro de un entorno, aunque esto no implique apegarte desesperadamente a ellas!
En este día, por favor, valora lo que posees como lo más valioso del mundo y no desees desmesuradamente lo que no posees. Serás un desgraciado en tu diminuta historia.
En una gran ciudad alemana, en el tiempo de la Segunda Guerra Mundial, los bombaderos destruyeron la más hermosa de sus Iglesias. Entre sus escombros se mezclaban sus retablos e imágenes con las piedras y el polvo. Se pusieron a la obra y pudieron reconstruir algunas imágenes, entre ellas a un Cristo crucificado, una talla magnífica antiquísima, verdadera devoción de muchísima generaciones en esa ciudad.
Se pusieron a la obra para restaurarla pero fue imposible encontrar los brazos. Tuvieron tentaciones de hacerles unos nuevos pero alguien pensó que aquello era un signo y una exigencia para todos los que se acercaran a implorarle y rezarle.
Alguien rezó ante Él: “Cristo no tiene
brazos, tiene los tuyos para crear un mundo donde brille la justicia y la paz;
Cristo no tiene manos, tiene las tuyas para brindar ayuda al que necesita
consuelo; Cristo no tiene dedos, tiene los tuyos para fortalecer al débil y
alentar al triste”.
¿Qué nos queda si nos arrebatan la creencia en Dios y nos obligan a sumergirnos en esta historia tan cargada de cruces y tan madraza en sus cimientos?
¿Qué esperanzas corren las víctimas de ayer, de hoy y de siempre si esta historia termina en la muerte y sus mejores arpegios son la guerra, la competencia y la violencia?
¡Por favor, resistíos a instalaros en esta historia sin la melodía de Dios que da una respuesta al problema del mal y sella con su presencia los huecos de nuestra dramática existencia.
Dios es la suma perfección, la máxima belleza. Caminar y aspirar hacia Dios supone ir arrinconando la vulgaridad y maravillarse por la armonía de lo estético.
La fe no está reñida con el arte, la creatividad y la belleza. De hecho, la expresión religiosa siempre ha estado vinculada con la aspiración humana de buscar la estética, la armonía y la belleza visual.
Si el color blanco es la síntesis de todos los colores del arco iris y de toda la creación, Dios es la máxima perfección de la belleza interior y exterior, que hace al hombre buscar la belleza tanto interna como externa, al tiempo que sella con su aroma la sonrisa de las cosas.
Busca en este día la belleza, la armonía y la estética. No olvides que donde está la belleza allí está Dios.
El ser humano es, en esencia, templo del Espíritu Santo, un verdadero sagrario donde se manifiesta la presencia sacramental de Cristo.
El verdadero cristianismo aspira a armonizar siempre el amor inmenso y absoluto al Dios invisible, manifestado plenamente en Cristo, con el amor al hombre y a la mujer, manifestación y gloria del Misterio.
El ser humano es el camino para ir a Dios, y desde ahí todos los derechos humanos, juntamente con su dignidad, alcanzan su fundamento.
No profanes el auténtico sagrario del Espíritu y nunca destruyas el clamor del respeto al ser humano, la quintaesencia de lo eterno.
¡Qué bellamente expresó aquella niña la esencia misma de la pobreza! ¡Qué sabiduría se condensan en esas gigantescas palabras salidas de los diminutos labios de una niña pequeña que sin saberlo llegó al corazón mismo del Evangelio!
¡Cuántos pobres te rodean cargados de joyas e insatisfechos en su pecho! ¡Cuántos pobres no reclaman un trozo de pan sino un poquito de afecto!
¡Cuántos suspiran una mano amiga que los aliente en su fatiga y les ayuden en su desierto!
Gabriel García Márquez, uno de los escritores más importantes de lengua hispana, decía: “Lo más importante que aprendí a hacer después de los cuarenta años fue a decir no cuando es que no”.
En ocasiones decir no supone poner al mundo en contra tuya y rodearte de enemigos deseosos de tumbarte y sin sabores múltiples que no hacen más que complicarte la vida. Pero aquí está la verdadera diferencia entre aquellos que temen perder la vida y aquellos que quieren entregarla por un ideal más auténtico.
Un libro del análisis conciliatorio tenía un título sugerente: “ No digas sí cuando quieras decir no”.
Aquí radica la grandeza del profeta y el que ha optado por la verdad, la libertad y la valentía.
¡Cuántas veces reclamamos coherencia para los otros y no lo hacemos con nosotros mismos!
Necesitamos encontrar en nuestra vida la mirada que nos libere y nos reconcilie con la vida. De vez en cuando, en medio de miradas que nos destrozan y nos sacuden interiormente a través de las críticas despiadadas a lo que hacemos y somos, aparece una mirada que nos acerca a la misericordia y nos hace sentirnos un poco más humanos.
Un autor existencialista, Jean Paul Sartre, sentenciaba que “el infierno son los otros”. Muchos están de acuerdo con ese refrán tan repetido: “Hay miradas que matan”.
Sin embargo, recordemos aquella mirada profunda y humana de Cristo a la mujer pecadora. Cuando todos la condenaban y la insultaban, Jesucristo la miró y sentenció: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra...” ¡Esas miradas de compasión son las que necesitamos para seguir viviendo!
¿Qué enseñanza entresacamos del colador de café? Deja pasar el café en la taza y acumula los desperdicios. Eso es, en esencia, el discernimiento de espíritu.
Tenemos como creyentes una tarea urgente: cribar de nuestra existencia y de la realidad aquello que verdaderamente lleva al hombre a la plenitud y a la realización personal.
Bien sabemos que en el interior de todas las cosas se esconde la esencia misma y que en las actitudes más variadas de las personas se hallan valores que son capaces de llenar de sentido la humanidad entera.
Ya sabes que no todo lo que nos rodea y hacemos se corresponde con la voluntad de Dios ni está en armonía con los derechos humanos, la verdadera carta magna del hombre bueno y honrado.
Recuerdo una sección de evaluación de alumnos de un curso bastante revuelto y poco estudioso. Todos los profesores pendientes de la nota y anotando detalles, actitudes, preparación y conocimientos de cada alumno.
Algo parecido ocurrirá al final de la historia cuando seamos juzgados por el Eternamente Misterio, que está más allá de las nubes y más cerca de los pensamientos.
Imagínate a Dios entresacando lo bueno que realizaste
y los sentimientos que afloraron en tu corazón. Recuerda que ni un
vaso de agua que demos quedará sin recompensa y que al final de la vida nos
examinarán del amor.