LUCES EN LA NOCHE.  

 

221.- El perfume de la oración.

                Si haces un alto en tu camino déjate engalanar con el perfume de la oración, que puede esconder sin fatigas el lamento. No vuelvas a despreciar el arpa del alma que va despacio a susurrar al viento sus sueños, pero la vida se deja marchar, nada más llegar, con el fantasma del miedo y el desaliento.

                Te irás demasiado pronto al corazón del prójimo pero deja que tu memoria no olvide el amor primero, el huracán eterno donde mana lo fuerte.

                Deja que la ira se esconda temblando en los huecos del amor para que pueda ser purificada en su más recóndito  centro.

 

222.-Crítica positiva.

                En una reunión de grupo una mujer comentó que había que tener una actitud crítica positiva ante las personas y los hechos, en ocasiones muy al contrario de lo que hacemos a menudo.

                En general no dejamos títere con cabeza y subrayamos más lo negativo que lo positivo de cada persona y cada hecho que observamos.

                La actitud crítica positiva reconocer los puntos débiles de cada hecho humano y la intención primera de su queja no es otra que mejorar en beneficio de los demás, de la mayoría, y no solamente contemplar el beneficio propio.

                No es bueno que solamente demasiada permisividad en nuestra relación con el otro pero sí pedimos que nuestros actos sean contemplados con piedad y nuestras debilidades con una pizca de misericordia. Sólo así llegaremos a gestar una sociedad más auténtica y más justa, anclada en la crítica constructiva y en la capacidad de construir más cuotas de fraternidad y respeto.

 

  223.- Los pecados capitales.

                  Un joven se sintió impresionado cuando fue a ver la película Seven, protagonizada por los actores Morgan Freeman y el joven actor Brad Pitt, en la que un maniático mataba a sus víctimas siguiendo un plan inspirado en los siete pecados capitales: la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula y la pereza.

                Y decidió enterarse más profundamente acerca de los siete pecados capitales y qué fuerza tenían en las actitudes de cada hombre. Y supo que no se podía entender la cultura occidental sin entrar en el conocimiento de la dimensión religiosa y el lenguaje cristiano.

                En el fondo son apetitos desordenados que destrozan el equilibrio emocional del hombre y lo lanza hacia cotas cada vez más bajas.

                Bien sabemos que la avaricia o el apego excesivo a las riquezas, la lujuria o el apetito desordenado por las cosas carnales, la ira o el deseo de venganza, la gula o exceso por el comer y el beber, la envidia o la tristeza por el bien ajeno, la pereza o la desgana por el trabajo y las obligaciones, y la soberbia o el orgullo y amor propio desmedido, lo único que hacen en el hombre es proyectar el rostro más amargo de sí mismo y crea un mundo cada día más oscuro.

 

224.- La desesperanza.

                La desesperanza cae cuando la libertad del otro elige el camino de la desobediencia y la rebeldía.

                Días vendrán en que todo aquello por lo que has luchado se rompa como una caña, y entonces su tarea vital será reconstruir lo que ha sido caído.

                Sin prisa ni sin pausa, el huracán de un acontecimiento vencerá casi por encanto la grandeza aparente de un Goliat, pero entonces desearás una mano amiga más que un manantial de agua en desierto.

                La autoridad de una vida se gesta en ocasiones en el testimonio de bondad, y en el sentimiento de que hemos fracasado en nuestro camino.

 

225.- Los derechos fundamentales.

                Y dijo el profeta: Queda decretado de que a ningún hombre ni mujer les sean usurpados sus derechos fundamentales. Cada uno tenga en la sociedad un espacio de dignidad más allá de la posesión, el prestigio y el poder.

                Queda decretado que cuando el amor invade los corazones todos somos imprescindibles, hasta aquellos que parecen insignificantes y despreciables. Los mejores sentimientos religiosos gestan en el hombre un calor divino que roza lo perfecto y es entonces cuando el Enmanuel entra en lo más íntimo, rompiendo de manera invisible el egoísmo y la insolidaridad.

                Queda decretado que cada hombre y mujer que vienen a este mundo, en ocasiones con un recorrido tan difícil de digerir y tan duro de transitar, tienen la obligación de sembrar amor y paz en todas las relaciones humanas. Sólo así brillará como una estrella resplandeciente en el peregrinar de la vida, que ha sido dada para ser combatida y ser entregada.

Queda decretado que los arpegios del corazón comienzan a danzar cuando detrás de un rostro se vislumbra la belleza de un alma. Detrás de unos ojos y unos labios se esconde el palpitar llameante de una vida, en ocasiones en la punta de un puñal y al borde de un desfiladero, y es esa vida la que necesita ser descubierta y valorada.

                Queda decretado que la belleza de un rostro pasa y se marchita con los años, las medidas de un cuerpo se rompen muy a menudo, pero es la belleza interior, el encanto de un alma, la que se debe descubrir y valorar, porque la belleza auténtica está en el interior.

 

226.- Una mirada desde arriba.

                John Glenn, el astronauta de mayor edad de la historia, verdadero héroe en su país con 77 años, comentaba después de su expedición por el universo: "Me es imposible mirar desde aquí la creación y no creer en Dios. Simplemente fortalece mi fe. Desearía encontrar palabras para descubrir lo que estoy viendo".

                Y John Glenn contempló la pequeñez de la tierra y la grandeza del universo, y supo ver desde muy lejos que el mundo que contemplamos nos lleva a descubrir la existencia de su Creador.

                Descubre en este día que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza mediante la luz natural de la razón humana a partir de las cosas creadas, y aunque no vayas como John Glenn al Espacio para descubrir contemplar tanta belleza y que ella te lleva a Dios, sube a una montaña o incluso mira ahora mismo al cielo, y verás como no es posible afirmar que este mundo sea mirado sin ver detrás de él la huella del Eterno y la mano podorosa de Dios.

 

227.- la vida.

                Gloria Fuertes falleció el 27/11/1998 y fue una de las poetas más importantes de nuestro país en estos últimos lustros de siglo.

                Ella comentaba que "la vida es una hora, apenas da tiempo a amarlo todo, a verlo todo. La vida sabe a musgo, sabe a poco la vida si no tienes más manos en las manos que te dieron. Al final escogemos un lugar, un pretil, una vía, una punta de un puñal donde pasar la noche".

                La vida misma es un suspiro, un momento si la vemos desde la profundidad del tiempo y del espacio. Pero un suspiro que solamente encontrará su ajustado sentido en tanto en cuanto sea entregada y donada como amor. Todos los caminos que no lleven al amor en el fondo dejarán la insatisfacción y el vacío, el desasiego y el desprecio.

                Desde lo caduco hallaremos lo permanente, desde lo mediocre suspiraremos la perfección, desde la fatiga añoraremos la paz, y desde el sufrimiento más dispar buscaremos sin saberlo a Alguien que dé paz y sentido pleno a la vida más allá de su propia indigencia y su propia inmanencia.

                Pero muchas veces la vida se hará grandiosa cuando tengas unas manos amigas que te hacen sentir más manos que las que te dieron, y solamente así la vida, en todos sus minutos y segundos, merece la pena ser vivida.

 

228.-Un Cristo que no olvide a Jesús de Nazaret.

                El marxista E. Bloch afirmaba acerca de los orígenes humildes de Jesús: "Se reza a un niño nacido en un establo. No cabe una mirada a las alturas hecha desde más cerca, desde más abajo, desde más de casa. Por eso es verdadero el pesebre: un origen tan humilde para un Fundador no se lo inventa uno. Las sagas no pintan cuadros de miseria y, menos aún, los mantiene toda una vida. El pesebre, el hijo del carpintero, el visionario que se mueve entre gente baja, y el patíbulo al final..., todo eso está hecho con material histórico, no con el material dorado tan querido por la leyenda..."

                Y esta afirmación, poco tachada de tendenciosa hacia el material evangélico y favorable hacia la Iglesia, nos hace comprender con demasiada urgencia que nos tenemos que acercar a un Cristo de la fe que no olvide los rasgos históricos de Jesús de Nazaret, y la comprensión de un Jesús histórico que no aleje de su imagen los rasgos profundos de la fe.

                Aquí radica la esencia misma de la exégesis evangélica y la dimensión existencial de unas palabras evangélicas que pueden ser talismanes espirituales para el alma.

 

  229.-Los evangelios.

                Los evangelios no son biografías ni historias de Jesús, sino testimonios de fe y catequesis vividas por la comunidad cristiana. Son escritos a la luz de la Resurrección, y son iluminadas desde este acontecimiento pascual  todas las palabras, obras, acontecimientos y la vida toda de Jesús, pero no al margen de lo que real e históricamente fue.

                Comprendemos que en los orígenes tenemos una experiencia muy precisa, la experiencia de unos hombres, muchos de ellos marginados y alejados de la Ley, pescadores y recaudadores de impuestos, cuyos pasos se convirtieron en un encuentro gozoso con el Misterio.

                Y en medio de sus afanes escucharon una voz que les gritaba: "¡Ven y sígueme!" Una voz que se sigue oyendo en la dinámica del mundo y en la existencia de cada hombre y mujer, deseoso de encontrar un sentido global y permanente a su historia.

 

  230.- El discurso teológico.

                Y dijo el profeta: El discurso teológico tiene tres momentos íntimamente relacionados entre sí.

                El primero, llamado eventus revelationis, consiste en la convicción profunda de que Dios se ha revelado a los hombres en su libérrima voluntad y en una actitud de amor y misericordia ha salido al encuentro del hombre para redimirlo desde su propia historicidad.

                El segundo, llamado auditus revelationis, consiste en la respuesta auténtica y libre del hombre a la gran iniciativa de Dios desde una actitud verdadera de devoción y obediencia.

                El tercero, llamado intellectus revelationis, es la conclusión del hombre que ha respondido al Misterio divino y desde El encuentra sentido global a su vida e interpreta los acontecimientos desde la manifestación del Dios manifestado de acuerdo con unos conceptos y un lenguaje adecuado a su tiempo.

                Y estos tres momentos, íntimamente unidos y conjuntados, deben de elaborar el edificio razonable de la fe.

                Bien sabía San Anselmo y pedía con insistencia en su oración diaria: "compender, aunque sea imperfectamente, esa verdad que cree y ama nuestro corazón".

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