LUCES EN LA NOCHE.  

 

241.-El padre del ateísmo contemporáneo.

                Ludwig Feuerbach nació en Landshut (Baviera) en el año 1804 y murió en el año 1872. Fue discípulo de Hegel en su juventud y evolucionó hacia una concepción antropológica de la filosofía. Está considerado como el padre del ateísmo contemporáneo.

                Afirma que hay que acabar con la religión para que el hombre pueda ser realmente él mismo y no proyectar la conciencia humana en una creación de la imaginación del hombre, "Dios", al que le añade los atributos y predicados del propio hombre.

                Pero este planteamiento, tan influyente en sus argumentaciones y la base de otros autores posteriores, no supera la primera sospecha filosófica: ¿Acaso la dimensión religiosa, universal desde que el hombre camina por este planeta, no es un signo evidente de la sed de eternidad que llevamos dentro? ¿Acaso un mundo sin religión y sin Dios lleva al hombre a encontrar su lado más auténtico? ¿Acaso la sed de sentido global en la vida humana no es un signo de la existencia de Dios, el Totalmente Otro? ¿Afirmar que el hombre proyecta lo mejor de sí en Dios no es un reclamo para alentar lo religioso y una certeza de que el hombre participa de la naturaleza de Dios?

 

242.- Salir en busca de las ovejas perdidas.

                En una ocasión un catequista comentó en la escuela de catequistas de su Parroquia: "Jesús intentaba acercarse en todo momento a los marginados y alejados de la ley y del templo, a los hombres y mujeres de su pueblo, sobre todo a los pobres, y eso es lo que tenemos que hacer la Iglesia. La Iglesia tiene que hacerse la encontradiza con los alejados, con los que no vienen, y no solamente cuidar a los que vienen al templo. La Iglesia tiene que tener más impulso misionero en este tiempo que nos ha tocado vivir.

                El Buen Pastor dejó las 99 ovejas en el redil y fue en busca de la oveja perdida, y hoy, en esta coyuntura histórica, la Iglesia debe de ir hacia las 99 que están fuera y no cuidar solamente a la oveja que está dentro.

                A todos nos falta recuperar la dimensión misionera y la ilusión por el evangelio, la ilusión y el gancho de los primeros siglos del Cristianismo y la fuerza espiritual necesaria para convencer al hombre de hoy que Jesús es la mejor noticia que puede iluminar totalmente nuestra conflictiva existencia".

                Y aquel catequista alentaba con su vida el clamor de una nueva evangelización con nuevos métodos y con el calor del Espíritu.

 

243.- La muerte encontradiza.

                Y dijo el profeta: La muerte es la última amenaza para el hombre y está presente en la andadura existencial del hombre desde el principio. Atrás quedan proyectos, ilusiones, deseos de cambio, anhelos y sueños. La muerte como amenaza se convierte en compañera silenciosa en el palpitar de los pueblos.

                Y la muerte se alía en esta historia nuestra con catástrofes naturales, verdugos  de turno, opresores a sueldo, y se acurruca en los recodos del camino para encontrar amantes a quien besar y luego sacrificar.

                Nadie vino de más allá de la muerte. Nadie que nos consolara en nuestras noches amargas y tristes. Solamente uno vino desde más allá en el más acá para darnos un ramillete de esperanza.

                Se fue para quedarse más dentro que nosotros mismos; se marchó para depositarse en todo lo creado; se despidió para acurrucarse en nuestros sueños y dejar el aroma de la solidaridad y el ansia de justicia.

                Sólo uno volvió pero se hizo el invisible para adherirse a los sueños y reflejarse en los buenos. ¡Sí, El es lo mejor de nosotros y nosotros participamos sin saberlo de lo más auténtico de su vida!

       

244.- Mi oración es ésta.

                En esta mañana mi oración es ésta, Señor: que no se cansen los buenos, esos artífices de las mejores páginas de nuestra historia. Esos que mantienen el aroma de la esperanza en medio del sufrimiento y el tormento.

                Señor, que falten evidencias, que desaparezcan los ilusionistas de las grandes ideologías y los verdugos a sueldo. Que huyan del tejido social los sembradores del hambre y de la injusticia, los mercaderes del mal, los traficantes de armas, los torturadores de niños, los abusadores de los pobres. Pero, Señor, que no se cansen los buenos.

                Señor, manda un rayo de tu lumbre y ciega la injusticia que vigila radiante la vida de la ciudad y de los pueblos.

                Señor, en esta mañana mi oración es ésta: que no se cansen los buenos y se mantenga viva en la historia la esperanza y la confianza en el hombre.

                Sin ellos en el caminar de la vida se impone con demasiada frecuencia la competencia y el engaño, el abuso y la frustración, la malicia y el dolor.

                Señor, que no se cansen los buenos y rompe el pecado que se anida en nuestro ego.

 

245.-Dios ha muerto.

                En un país lejano un verdugo publicó un edicto: "queda decretado que nadie crea en Dios. Se prohíbe asistir a los templos y estos lugares serán convertidos en mercados, salas de recreo y bancos.

                Desde hoy queda prohibido que los hombres suspiren un futuro mejor y el clamor de la esperanza. Nadie tendrá derecho a quejarse de su pena y su sufrimiento. Nadie anclará sus sueños más allá de lo inmanente y todo aquel que nombre a Dios será considerado como enemigo público y desprecio de la raza humana.

                Queda decretado que el vacío existencial se imponga como norma y que desaparezca del lenguaje cotidiano el nombre de Dios. Jamás nadie relacione la esperanza de un mundo mejor y los deseos de cambio con este concepto, prohibido ya en mi reino. Queda decretado que Dios ha muerto y nadie pronunciará su nombre en esta tierra so pena de ser expulsado de ella".

                Y cuentan que muchos hombres y mujeres, en el silencio de la noche, dudaban de su increencia y rezaban sin palabras al Dios de sus padres. Y jamás pudo ser abolida totalmente la creencia en un Dios por la fuerza.

                Preguntaron a un anciano ¿cómo podía rezar sin templos? Y él añadió: "Mi templo es mi corazón que palpita y contempla a las estrellas".

 

246.- Dadle siempre la razón.

                              En cierta ocasión un profesor tuvo problemas con sus alumnos en una clase. No sabía imponer su autoridad y los alumnos se habían rebelado contra él.

                Los alumnos fueron a casa y se lo comentaron a sus padres, esperando unas palabras de aceptación y confirmación de sus tesis.

                Algunos padres fueron a quejarse al director del colegio, pidiendo responsabilidad por el mal trato a sus hijos. Pero otros padres convocaron una reunión urgente en el Salón de actos para todos los profesoroes y alumnos del colegio, y exigieron a sus hijos pedir perdón públicamente al profesor, haciéndole prometer que jamás se repetirían tales incidentes.

                Y desde entonces se acabaron los incidentes de aquellos alumnos con el profesor.

                Bien supieron aquellos padres que si quieren hacer de sus hijos unos sirvengüerzas solamente tienen que "darle siempre la razón; son los profesores, la gente, la ley, quienes la tienen tomado con el pobre muchacho" y que "nunca le digan esto está mal. Podría adquirir complejos de culpabilidad".

                Años más tarde aquellos hijos agradecieron a sus padres aquella decisión que los puso en evidencia ante los demás pero que los hizo despertar tremendamente.

 

247.- El cristiano no es un resignado.

                El cristiano no es un resignado en el caminar de esta vida, en ocasiones tortuosa y difícil. No se queda cruzado de brazos ante tanto clamor y sufrimiento, problemas y realidades diversas.

                El cristiano acepta las situaciones negativas como un medio para realizasse como personas y agota las posibilidades para cambiarlas y solucionarlas.

                El cristiano no pide que desaparezcan los problemas y las cruces de cada día sino que los puedan sobrellevar y no perder la esperanza.

                ¡Cuántas oportunidades perdemos por nuestra pasividad y hacemos un flaco servicio a nuestro crecimiento personal y a los que tenemos a nuestro lado!

                ¡Cuántas situaciones quedan sin resolver porque nuestras omisiones anclan nuestra existencia en la comodidad y en la evasión, en el olvido y la ceguera!

                Por eso, te pido en este día, sin mucho preámbulo pero con el corazón en la mano, que aceptes tu realidad y tus circunstancias como un medio para unirte al Dios de la vida y un reclamo para realizarte como persona, porque no hay otro medio de ser persona que asumir nuestros sufrimientos e hilvanar nuestras fatigas!

 

248.-El don de la corrección.

                Martín García afirmaba brillantemente: "El que reconoce que se ha equivocado, puede corregirse".

Esta simple sentencia es tan contundente que es considerada como el primer artículo de los tratamientos de ayuda en enfermedades tan importantes como la ludopatía, el alcoholismo y la drogadicción, y el factor determinante de curación en patologías varias.

                Y nosotros, pequeños hombres y mujeres en el caminar de esta vida, tenemos que asumir este veredicto como un planteamiento urgente y necesario, si queremos que nuestra existencia vaya por sendas auténticas de autenticidad y de bondad.

                No nay vida sin errores pero la diferencia entre un gran hombre y un imbécil radica precisamente en esto: el gran hombre sabe que se equivoca y no tiene reparo en cambiar de rumbo, acompañado de compañías saludables,  mientras que el pobre imbécil jamás reconoce sus fallos y cree que camina por la senda correcta.

                ¿Cuántas veces hemos reconocido en la noche, cuando las sombras ocultan las figuras y es más propicio acurrucarse dentro, que nos hemos equivocado y hemos tenido el propósito de cambiar de rumbo en cuanto salga el sol?

 

249.- La búsqueda de Jesús de Nazaret.

                Nuestra fe tiene que ser necesariamente cristológica, fundamentada en Jesucristo, muerto y resucitado. Y este reto bien merece toda una vida abierta enteramente al encuentro, al auténtico Cristo que caminó por los campos de Palestina y llamó dichosos a los pacíficos.

                La exégesis hacia la búsqueda del Jesús de Nazaret ha pasado por diversas etapas. Podemos resumirlas en cuatro: la primera, ¡ya lo sabemos todo de Jesús al menos lo que hemos de saber!; la segunda, ¡No necesitamos saber nada de Jesús! ; la tercera, ¡Podemos saber algo de Jesús! ; y la cuarta, la actual, ¡Necesitamos saber algo de Jesús!

                Y esta última es la más equilibrada y la más auténtica, la que afirma que el encuentro cristológico es que marca el palpitar existencial del corazón y la llama auténtica de toda una vida. Es la única que afirma sin ambigüedad que el material evangélico es testimonio de creyentes para creyentes, aunque reconociendo que la materia prima que utilizan los autores es de primera mano y tiene una base histórica.

                Necesitamos saber algo sobre Jesús porque  es el único que marca la pauta para la búsqueda global de sentido y el único que nos hace salir del egoísmo hacia la caza de la solidaridad.

 

250.- Pinocho.

                A Pinocho le crecía la nariz cada vez que mentía, y hoy mucha gente no vivimos la exigencia de la verdad.

                Nuestra sociedad y nuestra cultura se ha cimentado en la hipocresía y en el engaño, en la apariencia y el disimulo. Vivimos en una sociedad tremendamente hipócrita y aparentemente tolerante, superficialmente madura y artificialmente engañosa.

                Mil cosas tenemos en casa y la mayor parte de ellas aparentan ser lo que no son: escayola que parece

Hierro, marmolina que parece madera, papel que parece yeso... y eso mismo se ha impuesto en nuestro entorno: la cultura del engaño y el disimulo.

                Y hoy, para que el hombre encuentre el calor existencial que necesita para su crecimiento interior y sacarlo de la noche oscura que vivimos, en este final de siglo, debe de sentir como urgencia la llamada a vivir el octavo mandamiento de la ley de Dios: "No dirás falsos testimonios ni mentirás".

                Y bien sabemos, por experiencia propia, que este reclamo es condición necesaria para caminar hacia el hombre auténtico y realizado.

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