LUCES EN LA NOCHE.  

301.-La Queja.

                El creyente de hoy quiere saber qué respaldo teológico tiene su queja y sus preguntas existenciales en la historia de la salvación y en su camino de fe.

                Cuando el sufrimiento y la desgracia se anclan en nuestro alrededor y se muestran con toda su crudeza en personas que son “alguien para nosotros”, brota en los arpegios del alma un designio emocional difícil de contener.

                Pero también en esta tortuosa andadura el creyente necesita buscar un Remitente que le haga soportable su vida. Y ése no puede ser otro que Dios.

                Bien es cierto que nada puede acallar el grito silencioso que brota en las periferias del alma en contacto con el sufrimiento, pero la brisa divina se acurruca sin saberlo en nuestros aposentos, en ocasiones disfrazada de “tormenta”.

                Descubre que los arpegios del alma tocan su melodía, bien sea desde la alabanza o bien desde la queja, cuando a la hora más inesperada se acercan a sus orillas la huella de Dios, en ocasiones invisible y callado.

 

302.-La verdad nos hará libres.

                Solamente la verdad podrá sacarnos de nuestra esclavitud y nos hará superar la escandalosa falsedad y apariencia del mundo y de nuestras relaciones humanas, en multitud de ocasiones ancladas en la mentira y el engaño.

                Y la humanidad, hombre y mujer, es la que importa y debe ser redimido en su integridadad de su apariencia y engaño.

                De nada sirven que los ideólogos de la sociedad anclen sus dardos de falsedad en el devenir histórico de la humanidad porque la grandeza humana será al final manifestada desde lo “Totalmente Otro” y desde el dinamismo sorprendente del Espíritu que nos llevará sin remedio hacia el “Punto Omega” (Theilard de Chardin).

                Los arpegios del alma suenan cuando a la hora más inesperada se ancla en la orilla invisible de Dios y la hace purificarse por momentos.

 

303.-El centro del tiempo.

                El teólogo Hans Conzelman escribió un libro que se convirtió en remitente para muchos: “El centro del tiempo. La Teología de Lucas”.

                En este libro, Conzelman afirmaba que “la historia de la salvación se desarrolla en tres eslabones en la obra lucana: el tiempo de Israel: el tiempo de la actuación de Jesús; el tiempo que corre a partir de la exaltación del Señor que transcurre a lo largo de la permanencia de la Iglesia en la tierra, durante la cual se exige la virtud de la parusía Pues la Iglesia es perseguida en el mundo y tales padecimientos son reconocidos como puestos por Dios, más al recibir al Espíritu, la Iglesia ha sido aprestada para que pueda sobrellevar la persecución”.

                ¡Maravilloso itinerario de la historia de la salvación que ha llevado a su plenitud en Jesucristo y que nos alcanza a nosotros en el momento presente! Estupendo manifiesto de Conzelman que nos ayuda a contemplar la temporalidad de la manifestación de Dios en nuestra historia, asumiendo como urgente e imprescindible para la fe el recuerdo y el memorial de estos eslabones históricos de la salvación, so pena de perder la orientación y reducir la fe a nuestros sentimientos y esconderla en lo subjetivo y privado!

 

304.- Finitud capaz de la infinitud.

                Karl Rahner fue, sin duda, uno de los teólogos católicos más importantes e influyentes de este siglo. Sus obras han sido motivo de inspiración para muchos católicos que han querido  hacer posible su diálogo con la cultura actual desde unos planteamientos humanistas y cristianos.

                Y Rahner definía al hombre como “la finitud capaz de la infinitud”. Estupenda definición de Rahner para comprender al hombre como la plenitud de todo cuanto existe.

                El hombre es finito en cuanto a sus capacidades cognoscitivas, emocionales, espirituales y corporales, pero solamente encontrará su sentido último y su compensión integral desde su apertura al Misterio, desde el cual “el hombre se define como pregunta infinita y Dios como respuesta absoluta”.

 

305.-Valor redentor del sufrimiento.

                Emmanuel Mounier fue uno de los filósofos existencialistas más importantes y su inspiración era tremendamente cristiana.

                Y Emmanuel decía algo realmente conmovedor: “Cualquier sufrimiento integrado en Cristo pierde su desesperanza y su misma fealdad”.

                Aquí radica el valor redentor de cualquier sufrimiento que “completa lo que falta a la pasión de Cristo”.

                Jesucristo no elimina el dolor pero le da una iluminación distinta desde su vida, sus palabras, sus obras, su pasión, muerte y resurrección.

                Gran consuelo tiene para nosotros esta llamada a integrar nuestros dolores y sufrimientos enla vida de

Jesucristo, que  San Alfonso María de Ligorio advertía: “Fija tu mirada en Jesús crucificado y nunca te quejarás”

                Si en algún momento has deseado vivir la vida desde la lejanía de Cristo no olvides que tu sufrimiento quedará sin remitente y te ahogarás en tu propia pena sin nada que objetar ni nada que temblar.

 

306.-Rechazo hacia todo lo extranjero.

                Un joven era racista y no admitía a gente que fuere de otra raza ni color. Se había integrado en una patrulla de inspiración nazis y en muchas ocasiones había amenazado a gente que no pensaba como él, llegando incluso a torturar a unos jóvenes magrebíes.

                Un profesor le sugirió que debía tener una actitud no beligerante y tolerante con todos y que debía comprender que en una sociedad plural y democrática había sitio para todos.

                El joven le manifestó que todos los extranjeros eran basura, que había que echarlos del país y que jamás cambiaría de opinión.

                El profesor le comentó: “Debes creer en el poder del amor y no anclar en tu corazón deseos de venganza y de odio. El otro día lei algo que te puede ayudar a comprender que pertenecemos a un mundo con múltiples relaciones y que tú eres parte de un todo: “Tu Cristo es judío; tu coche, japonés; tu pizza, italiana; tu democracia, griega; tu café es brasileño; tus cifras son árabes; tu escritura, latina. Y tu vecino, ¿un despreciable extranjero?”

                Aquellas palabras le hicieron comprender que no podía hablar tan a la ligera de la marginación hacia todo lo extranjero.

 

  307.-La ruptura fe-cultura.

                En las postrimerías del milenio palidecen las manifestaciones religiosas de antaño. En una sociedad cada vez más secularizada y alejada de lo religioso institucional, las antiguas manifestaciones sobreviven entre el desconcierto y la renovación.

                Una nueva cultura se abre ante nuestros ojos y aún muchos no vislumbramos su fuerte presencia. Pero esta cultura es la que debe ser incorporada y evangelizada. Es ella misma, en muchas ocasiones indiferente y beligerante con lo religioso, la que debe dialogar y ser asumida para que los credos puedan ser convincentes y la evangelización eficaz.

                El no diálogo y la incomunicación, la condena, lo único que hace es integrar de lleno la separación formal entre lo cultural y lo religioso, reduciendo éste a puro sentimiento y anclarlo en la esfera de lo privado.

                Y aún hoy la ruptura de la fe y la cultura constituyen el mayor de los desafíos para la nueva evangelización.

 

308.- Que los buenos sean alegres.

                Cierto día una niña estaba en una misa de niños. El sacerdote invitó para que hicieran peticiones. Y aquella niña levantó la mano derecha, y tímidamente exclamó: “Señor, te pido para que los malos se conviertan en personas buenas y los buenos sean alegres”.

                La petición de aquella niña le hizo comprender al sacerdote la necesaria urgencia de la bondad y la alegría en el mundo, sobre todo en el ambiente social en el que vivimos, en ocasiones cargado de violencia, odio, recelo y tristeza.

                El mundo necesita grandes dosis de alegría para encontrar su verdadera identidad, que no es otro que el amor, el amor místico purificado y creador permanente. Y la cruda realidad es en múltiples ocasiones los buenos desfiguran la cara y la seriedad se anida en cada facción de su rostro.

                Y bien decía la gran santa española y doctora de la Iglesia, Santa Teresa de Jesús, que “un triste santo es un santo triste”.

                Pidamos al Señor que nos conceda el don de la alegría y la bondad a borbotones para que no se instale en nuestro ego la tristeza, la seriedad y la maldad.

 

309.- La paciencia todo lo alcanza.

                La vida nos hace comprender que la paciencia es la única arma capaz de ayudarnos a alcanzar la meta y nuestros múltiples objetivos existenciales.

                El ser humano tiene en torno a sí la impaciencia como actitud y la misma impaciencia le hace vivir con prisas, estrés, sobresaltos y desconcierto.

                Muchas veces se necesita toda una vida para descubrir que todo tiene su momento y que solamente la paciencia nos hace sentirnos bien con nosotros mismos y con los demás. Santa Teresa de Jesús supo de la importancia de esta virtud en su vida como mujer y como creyente cuando afirmaba: “Nada te turbe, nada te espante. Quién a Dios tiene nada le falta. Nada te turbe, nada te espante, sólo Dios basta. La paciencia todo lo alcanza”.

                Cuentan que Gandhi, en plena revolución y lucha por la independencia de la India de la soberanía inglesa, dedicaba unas horas cada día, junto a una rueca, para hacer su propia ropa y ejercitar su paciencia y el dominio interior. Algo que exasperaba a muchos de sus súbditos y a muchas autoridades deseosas de activismo.

                Y hoy todos reclamamos la paciencia como una gran virtud que adorne nuestra personalidad.

 

310.- Las vanguardias ideológicas.

                Las vanguardias ideológicas son el motor que hacen caminar a las sociedades hacia delante, hacia el futuro.

                Curiosamente observamos que los ciudadanos tienen una reacción de rechazo al principio para pasar a la tolerancia y, posteriormente, se asumen como lo correcto y socialmente respetable, en ocasiones como la ideología dominante.

                Y lo novedoso genera una reacción negativa en todos nosotros que hace nefasta nuestra mirada hacia el progreso y hacia todo lo desconocido.

                Nuestro ego, en ocasiones domesticado por las ideas, se convierte en el juez de los acontecimientos, aún sin saber que la vida pasa con nosotros y sin nosotros.

                Y en lo religioso la vanguardia estalla en el día al de nuestra época, cuando se desvanecen cimientos difíciles de combatir con tolerancia y respeto.

                Cuando la norma se convierte en consejo y el consejo en silencio ocurre que las grandes evidencias caen en beneficio de lo cotidiano, en pro de la rutina.

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