LUCES EN LA NOCHE.
Jacinto Benavente ha sido uno de los autores literarios más importantes de nuestra lengua, premio Nobel de Literatura en el año 1922.
Y Jacinto afirmaba con cierta contundencia: “A perdonar sólo se aprende en la vida cuando a nuestra vez hemos necesitado que nos perdonen mucho”.
Contemplado el perdón desde el dinamismo interno que nos provoca en nuestra conciencia por algo que hemos cometido, surge la gran exigencia que necesita el ser humano de esta actitud moral de proporciones gigantescas para el desarrollo histórico.
Difícil tarea es la de convencer a un hombre y a una mujer de la importancia del perdón cuando están sumidos en un laberinto de odio y de ira tan fuertes hacia alguien que no soportan las palabras de Cristo: “Se dijo asímismo: Ama a tu prójimo y guarda rencor al enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por vuestros perseguidores; así seréis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace brillar el sol sobre buenos y malos y envía la lluvia sobre justos y pecadores” (Mt 5,43-45).
¡Por favor, en el día de hoy, devuelve bien por mal y haz tuyas estas palabras impresionantes de Cristo, verdadero artífice de la santidad y perfección espiritual del hombre!
Jesús de Nazaret tenía una especial predilección hacia los marginados y una “tendencia hacia abajo”.
Y algo que constituía un rasgo de su ministerio en su vida pública fue la comida con los pecadores, que tenía una intencionalidad clara: anunciarles el verdadero rostro de Dios y decirles que estaba de su parte.
Y estas comidas con los pecadores donde Jesús ejercía de comensal se convirtieron en referente para la primera comunidad cristiana, que desde siempre remitió la “fracción del pan” (Eucaristía) a estas comidas como una de sus fuentes más evidentes.
Las comidas de Jesús con los pecadores y marginados escandalizaban a los “santones y justos de turno”, y esa acogida es la que provocaba la conversión y el reencuentro consigo mismos y con Dios.
Y ahora, nosotros, auténticos pecadores en la ruta de la vida, se nos piede asistir a la Eucaristía con la misma novedad y misericordia de antaño, al tiempo que nos haga conscientes que desde una actitud de “verdaderos pecadores e indignos de acercarnos al Santo con mayúsculas” podemos alcanzar la misma acogida de Jesús de Nazaret.
Y dijo el agnóstico: “El discurso teológico está agotado desde los planteamientos agnósticos. Todo el edificio doctrinal se desvanece como por arte de magia y solamente el dramático poder de la increencia e incluso del agnosticismo, hace imprevisible e incuestionable cualquier artículo dogmático de la religión oficial.
Todo el arte de seducción del agnosticismo atenta silenciosamente contra la existencia de Dios, y cuando algo no puede ser contradicho por la experimentación científica es mejor callar.
Ocurre a menudo que este avance gigantesco da las posturas agnósticas deja en entredicho la misma esencia de la Revelación y el mismo discurso teológico, y su misma peermanencia la hace reducirlo en lenguaje antropológico y a una mera proyección de los secretos y sentimientos del hombre.
Y aún hoy los “teólogos de la muerte de Dios” exhiben en las catacumbas de los secretos una explicación sensata y razonable que haga posible la supervivencia de lo religioso en medio de una cultura secularizada y agnóstica, que reduce la misma religiosidad a folklore y manifestación cultural; en definitiva, una sentimiento que es despojado de contenido, aunque aún afloree la misma religiosidad anhelante de “algo”.
Un día se acercó un hombre mendigo a una Iglesia, saludó al sacerdote y le comentó: “No sé si usted se acordará de mí pero hace unos meses pasé por aquí. Usted me dio de su propio ropero camisas, calcetines, ropa interior y pañuelos. Ese gesto no lo olvidaré mientras viva. He pasado por aquí y he venido a saludarle. Es usted una buena persona. El mundo necesita de un vendaval de bondad y acogida con los pobres”.
Aquel sacerdote se sintió sobrecogido por aquella experiencia y dio gracias a Dios por haber puesto en su corazón deseos de compasión y la capacidad de hacer el bien. Y recordó que Jesús de Nazaret “pasó por el mundo haciendo el bien”.
Por eso, te pido que en este día, no te encierres a tu propia carne y a tu egoísmo, expulsa los alacranes de la insensibilidad e intenta hacer el bien porque quien siembre bondad recogerá vendavales de eternidad, y en algunos momentos agradecimientos a manos llenas.
Tim Robbins es un brillante actor y un excepcional director de cine, casado con la gran actriz americana, Susan Sarandon. Sus películas se han convertido en algunas de las más respetadas por la crítica y más galardonadas, entre ellas “Pena de Muerte”.
Y, con motivo de la presentación en el festival de Cannes de su película “Cradle will Rock”, afirmaba: “una constante de la naturaleza humana es que hay gente que ama la libertad, el arte, y otros que desconfían de ello y eso ocurre en todas las épocas, ahora y antes. Pero la persona que crea tiene un poder mucho más potente que el que destruye, porque una obra de teatro, una película, una pintura hechos con talento sobreviven mucho más que las personas que intentan acabar con ellos”.
En ocasiones vislumbramos grandes tensiones en contra de la libertad de expresión, la belleza como tendencia artística, la dimensión más moral y religiosa del hombre, pero que la historia humana nos hace comprender que al final siempre triunfa el bien, la verdad, la libertad, aunque esto conlleva grandes sacrificos humanos y grandes desgastes personales.
En el silencio de la noche todos los creyentes dudan de su creencia y los atean sospechan de su increencia.
Y es en esta duda existencial donde el alma reclama su propia necesidad y ansía su auténtica búsqueda.
Cuando la duda reclama una aventura y un perfecto caminar, entonces palidecen las seguridades y resurge el seguimiento.
Bajo la apariencia de la seguridad y la intolerancia se esconden, en múltiples ocasiones, espíritus tremendamente inestables y almas dubitativas.
Y es bueno que en el lento ajetreo de nuestra vida dudemos de nuestras dudas y sospechemos de nuestras creencias porque “nuestro ateo interior” busca romper el anhelo para buscar la nada.
Y convéncete que lo que realmente hace palidecer la fe no es la duda existencial que nos hace sospechar si “nuestra creencia sea un espejismo” sino la indiferencia torpe y perezosa que nos hace contemplar como inútil la mayor parte de los esfuerzos intelectuales de los mejores hijos de las generaciones pasadas y sella con un cancelado total el propio suspiro espiritual del hombre y la propia sed de eternidad.
Luis Rojas Marcos afirma que “las nuevas generaciones son las más vulnerables a la depresión, que causa apatía, tristeza y baja autoestima, porque la probabilidad de que una persona nacida después del año 1955 sufra una depresión es el doble que la de sus padres y el triple que la de sus abuelos”
La actual proliferación de la depresión, comenta el doctor Rojas Marcos, “se debe, en parte, al desequilibrio entre aspiraciones y oportunidades, y al sentimiento de decepción y fracaso que produce la persecución obsesiva de ideales inasequibles”·
El doctor comenta que la violencia juvenil se percibe como “otra de las patologías típicas de hoy”. Y para explicar el fenómeno lo hace desde “los mensajes sociales en boga, la glorificación de la figura de Rambo y la celebración de la competitividad”.
¡Acaso hay algo que haga romper esta tendencia a la depresión y esta proliferación del desequilibrio del hombre, sujeto a tantas tensiones y tendencias a la competitividad!
¡Acaso hay algo que haga salir al hombre de su pesimismo y lo ancle en lo más íntimo de sí mismo, destruyendo “los principios de la muerte y la violencia” a los que está sometido desde el Norte al Sur!
¡Acaso hay algo que haga recuperar los ideales y el amor al humanismo que haga descubrir que el hombre es lo que importa!
¡Mira un crucifijo y encontrarás sin duda alguna respuesta a tu historia única y valiosa a los ojos de Dios, aunque todo se destruya a tu paso!
Hay lugares en el corazón que sólo pueden ser descubiertos en contacto con la pobreza y con los pobres.
En ocasiones, una vida que no se abre a los demás se pudre, y se hace infecunda, insolidaria, egocéntrica, rastrera y autocomplaciente.
Verdaderamente Dios quiere ser servido en sus pobres, y nos invita a mirar “la realidad desde abajo” porque “el Sur también existe”, y solamente en contacto con la pobreza la memoria no omite ningún recuerdo.
San Vicente de Paul afirmaba con la contundencia que da la experiencia y el testimonio coherente que
“los pobres son nuestros señores”.
Nunca olvidemos que la pobreza es el rostro sufriente de Cristo que quiere ser amado y servido en los pobres, que nos recuerdan que los monstruos del sistema capitalista dejan a muchas masas en las garras de la miseria y la hambruna.
Seremos reengrendados en la caridad cuando no miremos con horror el drama del hambre y descubramos que Dios nos pide descubrirlo entre los pobres: “Venid, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui extranjero y me recogísteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y fuisteis a verme” (Mt 25,34ª-36).
Occidente se muere estrangulado en su propia opulencia y egoísmo, autocomplacencia y vanidad.
Cuando satisfechos en nuestra mediocridad se va reduciendo su “universo simbólico” que le haga soportable su propia finitud, y entonces, de inmediato, aparece el estupor y el sobrecogimiento divino, mediatizado por unas experiencias humanas anodinas, que nos interroga si estamos dispuestos a darlo todo.
Cuando en la historia de la Iglesia, en ocasiones entrelazada con el pecado y las sombras, surge un hombre o una mujer que son capaces de “darlo todo” en radicalidad, entonces zarandea la conciencia de muchos como una “caña en el desierto” y sonroja en sobremanera nuestra pequeñez.
¡Qué lastima que nuestro Cristianismo se ha hecho cómodo y preocupado por “hacer cositas” sin más pero que deja nuestro corazón sin abrigo y nuestro seguimiento sin entregarlo todo!
Cuando lo “damos todo”, el Señor sale en nuestra busca y realiza obras grandes. Pero aún así lloramos porque nuestra contingencia es demasiado ardiente.
No defraudes a Cristo. Ha salido a la plaza y ha mirado con entusiasmo el corazón del hombre para “atraerlo con correas de amor”.
¡Por favor, no defraudes al Eternamante joven, Cristo, que quiere contagiar de perdón y compasión las fibras más invisibles de tu existencia!
No olvides nunca que Cristo ha puesto toda su confianza en ti para que tu vida sea un si en disponibilidad permanente como si fuera la única y más valiosa a los ojos de Dios.
No defraudes la llamada vocacional a la que Dios te empuja y recuerda en el silencio de la noche que hay espacios interiores que deben ser purificados para que brille la huella y “los sentimientos de Cristo”.