LUCES EN LA NOCHE.
Las utopías son caminos que señalan los grandes sueños de la humanidad. Muchos sueños de hombres y mujeres de ayer son hoy una maravillosa realidad, y ellos sólo vislumbraron con lágrimas y con rabia su lejano triunfo.
Las utopías nos hacen sentirnos vivos y nos lanzan hacia una sociedad justa y fraterna, hacia un “cielo nuevo y una nueva tierra” que más allá de la injusticia y la tortura nos reconcilie con nosotros mismos, con los demás y con el mismo Dios.
Las utopías nos hacen caminar en la dirección adecuada aunque en nuestro camino no encontremos ni la perfección ni la conquista ajenas al fracaso y al desastre.
No olvides que lo contrario de la utopía es el realismo barato y pasivo que nos hace anclarnos en la resignación y en el vacío.
El ser humano es único e irrepetible en su propia existencia. Nadie en su propia constitución genética y en su propia combinación vital ha existido, ni existe ni existirá en nuestra larga historia humana, aunque la literatura de los “experimentos clónicos” pretendan cuestionarlo.
Somos únicos e irrepetibles y esta unicidad nos hace rechazar con toda contundencia el fenómeno de la reencarnación.
Siente en este día que eres único a los ojos de Dios y que te invita a unirte existencialmente a Él.
73.-Dios es grande.
En la película “Memorias de Africa” el sirviente fiel de la protagonista era un hombre de una fe profunda y honda. Hay un detalle especial: Cuando todo le sale mal a la protagonista y comienza a dar voces y gritos, toda histérica, se dirige a él para decirle todos sus problemas. Él la escucha pacientemente y después le dice: “Ama, ¡Dios es grande!”.
¡Qué gran respuesta la de este hombre de fe que en medio de las dificultades humanas afirma la grandeza y el poderío de Dios!
¡Qué gran afirmación de este creyente que
le hizo ver a aquella mujer que sus problemas, por muy importantes que
parecieran, son gotas de agua en medio del mar!.
En los primeros siglos de la Iglesia, de la misma manera que en cualquier época, asumir que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre no ha sido tarea fácil. Surgían por doquier herejías que atentaban contra su misma humanidad.
El docetismo es una herejía que atenta contra la misma humanidad de Jesucristo. Su humanidad no podía ser plena sino sólo una apariencia. Jesucristo si era Dios no podía ser hombre aunque tenía apariencia de hombre. Jesús no lloró, aparentó llorar; no sufrió, aparentó sufrir; no murió, aparentó morir...
¿Dónde queda la redención del hombre si Jesús no era hombre? ¿Dónde está la salvación del hombre mismo si Jesucristo no ha asumido la misma humanidad en su propia constitución existencial?
¿Dónde queda el dinamismo amoroso de Dios para con el hombre si el hombre queda fuera de su propio plan de salvación?
Descubre que Jesucristo es verdaderamente hombre y tu propia historia está sellada en su vida.
El Concilio Vaticano II en su constitución “Gaudium et Spes”, número 1 dice de una manera maravillosa: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón... La Iglesia se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia”
¡Qué estupendo manifiesto en favor de la vida y del hombre frente a posturas postmodernas que dejan al hombre en el vacío existencial y en la cuneta de los intereses económicos!
¡Qué gran manifiesto para el cristiano a favor de su reconciliación con la historia humana al decir el Concilio que “nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón!
76.-Tú eres único a los ojos de Dios.
Dios desde el principio del tiempo, cuando las horas no eran marcadas por el reloj y el universo aprendía a armonizar su propia estabilidad, quiso hacer un pacto de amor y de alianza con el hombre, el verdadero rey de la creación.
Dios, que ha preparado todo para que el hombre y la mujer de siempre fueran encontrando su propio destino, incluso al margen suyo, nos ha repetido por medio de los profetas y de mil maneras en la historia de la humanidad que su amor es un pacto de fidelidad y de alianza incluso más allá de la muerte.
Repite en el día de hoy esta máxima: ¡Eres único y única para mí y te quiero como eres! Te amaré siempre, incluso más allá de la muerte!
Señor, en esta mañana he contemplado la salida del sol y no me he resistido a no darte gracias.
Gracias, Dios mío, por todo cuanto existe que me hace sentirme vivo, despierto, formando parte de un universo coordinado y armónico.
Gracias, Señor, que me concedes un día más para santificar mis espacios y mis vacíos, mis fragilidades y mis fortalezas, mis dudas y mis certezas, mis cualidades y mis complejos.
Gracias, Dios mío, que haces estallar en esta mañana de alegría inmensa contemplativa ante los rayos de sol que iluminan los secretos de la noche.
Hoy, Señor, en esta mañana te he sentido
especialmente admirable y radicalmente grande.
Gracias, Dios de los mil nombres, por el teléfono que nos hace sentir muy cerca de las personas que están lejos, que nos hace palpar en segundos que la distancia no está en los kilómetros sino en unas miradas con rabia y unos labios mudos.
Gracias, Señor, que nos haces sentir en el día la grandeza de los inventos humanos a favor del progreso y de la calidad de vida.
Hoy, Señor, cogiendo el teléfono he comprendido que el hombre es grande porque participa de Ti, verdadero creador de todo lo que existe.
Hoy, Señor, mirando el teléfono en la sala de estar de mi casa he descubierto con pena que no siempre damos importancia a lo que tenemos.
79.- Gracias por los jóvenes.
Gracias, Dios mío, por los jóvenes que cabalgan con generosidad y asumen la vida que corre en su cuerpo a borbotones.
Gracias, Señor, que nos haces descubrir que la existencia del ser humano es un dinamismo evolutivo hacia la perfección y el crecimiento, aunque el cuerpo se deteriore al paso de los años.
Gracias, Señor, porque en el combate con la vida los jóvenes eligen la sonrisa, la pasión, el ofrecimiento, la ayuda al prójimo y la bondad.
Gracias, Señor, que haces grande los segundos de cada minuto de nuestra vida aunque nos parezcan que son insignificantes y anodinos.
Hoy, Señor, he recordado ante un crucifijo que “si los jóvenes tiemblan, el mundo se muere de frío”.
Un día un joven exclamó que no estaba dispuesto a renunciar a su sinceridad. Repetía continuamente: “La sinceridad me hace sentirme vivo y aunque me genera muchos quebraderos de cabeza no estoy a favor de cambiarla por el silencio rastrero y cobarde, aliado inconfundible del miedo. Prefiero que todo el mundo se ponga en contra mía a renunciar ni un ápice de mi sinceridad. La sinceridad me hace tener una actitud crítica ante el mundo y ante los que me rodean, al tiempo que me lleva a rastrear el camino de la verdad”.
Alguien que quería bastante a este chico le comentó: “Está bien que no renuncies a tu sinceridad pero sería bueno que crecieras en prudencia y en saber decir las cosas en el momento oportuno”