LUCES EN LA NOCHE.  

341.-La conversión de un judío.

                Nunca supo realmente cómo fue. De inmediato, la ira que invadía su cuerpo se transformó en un amor apasionado e interesado hacia el Nazareno.

                Desde aquel momento le parecía rastrero y poco humano aquel juicio y ataque ideológico hacia todo lo cristiano en nombre de sus creencias judías. Había pasado, de inmediato, casi en minutos, de una violencia mordaz a una compasión hacia todo lo opuesto a sus creencias. Verdaderamente ¿quién era él para convertirse en el juez del mundo si “sólo Dios es el juez de la verdadera grandeza porque El conoce los corazones de los hombres” (Gandhi).

                Supo desde entonces que aquella transformación interna no era algo causal ni una evolución intelectual de natural factura, sino que en ella había acontecido la especial intervención del Dios vivo, misterioso y eternamente Otro.

                Hasta entonces las conversiones les parecían lejanas y poco convincentes, pero ahora la vivía en sus propias carnes y en su más íntimo centro. Y jamás dudó de su experiencia íntima en pro de Jesús, el Nazareno.

 

342.- Querer lo que uno hace.

                  Jean-Paul Sartre fue filósofo, dramaturgo, novelista y periodista político francés, nacido en París el año 1905. Rechazó el Premio Nobel de Literatura que se le concedió en el año 1964 afirmando que si lo aceptaba comprometería su integridad como escritor. Él fue uno de los principales representantes del existencialismo y gracias a él este movimiento filosófico tuvo una repercusión mundial.

                Jean-Paul comentaba que “la felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace”.

                ¡Qué bien supo expresar Sartre, este filósofo preocupado por la identidad y la libertad de elección, que la felicidad no está en hacer muchas cosas ni en poseer todos los tesoros del mundo, sino en querer y degustar lo que haces!

                Muchos hombres y mujeres estuvieron rodeados de muchas cosas pero le faltó enamorarse de su trabajo y de sus actos, de su destino y de su existencia. Y fueron desgraciados auténticos, que deambulaban sin ilusión por la vida.

                Sartre supo que la libertad y la aceptación de la responsabilidad son los valores principales de la vida y que amar lo que haces constituye la esencia misma de una vida humana satisfecha.

 

  343.- la Vía purgativa.

                San Juan de la Cruz advierte que el alma debe de pasar la vía purgativa, momento en el que el alma “padece mucho detrimento y siente graves penas en el espíritu”

                Tal padecimiento lo siente en tres vertientes: grandes tinieblas a nivel de entendimiento, gandes sequedades y aprietos a nivel de voluntad, y grandes noticias de sus memorias.

                Ante tal padecimiento el alma es atrapada por una serie de elementos: desamparo y pobreza seca y fría; la falta de alivio; no encontrar pensamiento que le consuela; y no poder levantar el corazón a Dios.

                Y esta vía es tan necesaria en la aventura espiritual de cada creyente con Dios que sin ella será impensable encontrar nuestra adhesión perfecta con Él en su vida beatífica (ver a Dios que se ha de alcanzar por muerte corporal y natural).

                Todos estamos llamados a vivir una vida espiritual perfecta (posesión de Dios por unión de amor que se alcanza por la mortificación de todos los vicios y apetitos y de su misma naturaleza totalmente).

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