LUCES EN LA NOCHE.
Jack Nicholson es uno de los mejores actores cinematográficos de la actualidad. Su interpretación en la película “Mejor... imposible” como un escritor maniático, obsesivo, compulsivo, antipático, entrañable le ha valido el oscar al mejor actor principal en el año 1998, juntamente con su compañera de reparto, Helen Hunt.
En un momento de la película, Helen Hunt le pide a Jack que le dedique un piropo, y Jack le dice un piropo precioso que le hace hasta llorar: “Tú me haces sentirme mejor persona”.
¡Qué maravilla si nos pudieran decir a cada uno de nosotros este piropo precioso todos los que nos rodean!
¡Qué gran vida sería la nuestra si al final de nuestros días pudieran decir: “Pasó por el mundo haciendo el bien”.
Trabaja en el día de hoy para hacer el bien y haz con tu testimonio que los demás se sientan mejores personas.
Cuando el Señor nos concede el regalo de un amigo entonces los pasos inciertos de la vida se hacen más llevaderos y nuestra existencia se ilumina con el don de la compañía íntima que satisface el corazón.
No esperemos un amigo adulador y calculador, ajeno a la verdad y a la crítica. Ya lo decía Alfred de Muset: “Lo malo del amigo es que nos dice las cosas desagradables a la cara; el enemigo las dice por la espalda”.
El amigo nos recrimina con la máxima caridad nuestros fallos pero fíate de él cuando te mira a los ojos y te dice verdades como puños.
Dios nos libre de esos enemigos que sonríen en tu presencia y aplauden tus decisiones cuando estás delante pero cuando das la vuelta critican hasta tus calcetines y tus más íntimos propósitos.
Tomás Kempis comentaba que “no hay hombre en el mundo sin tribulación o angustia; aunque sea Rey o Papa”.
Esta realidad es tan cierta que olvidarla supone aislarse en la propia evasión y en la envidia más demoledora. Nadie que viene a este mundo está exento de sus propias cruces y de sus propias angustias. Nadie que camina por esta tierra se libra de sus propias fatigas y de sus propios cansancios, ya sea el más humilde de los campesinos o el mayor de los emperadores de la tierra.
Hace años había una telenovela sudamericana muy conocida en nuestro país que llevaba por título: “Los ricos también lloran”. ¡Y es cierto que a todos, ricos o pobres, sabios o ignorantes, hombres o mujeres, frailes o seglares, sacerdotes o religiosos, nos acompañan nuestras propias lágrimas y nuestros propios lamentos!
En la película “Robin Hook, el príncipe de los ladrones”, protagonizada por Kevin Kosner y Morgan Freeman, hay una escena preciosa que puede ayudarnos a reflexionar. Un niño miraba con sorpresa a Morgan Freeman y le preguntó con cierta curiosidad: “ ¿Te ha pintado Dios?”. Morgan le contestó con gran dulzura: “¡Si!” El niño ensimismado le preguntó: “¿Por qué?” Y Morgan le respondió gozosamente: “¡Porque a Dios le gusta la diferencia!
¡Qué bellamente expresó aquel hombre que la diferencia de razas no debe ser contemplada como una amenaza sino como algo bueno querido y deseado por el mismo Dios!
¡Qué gran don si somos capaces de contemplar que ser diferentes no siempre debe ser visto como recelo y rechazo sino como una gran riqueza para la humanidad y un reclamo para conseguir un mundo nuevo acorde con el respeto, la dignidad y la complementariedad.
95.-
Tus hijos son libres.
Una madre creyente que siempre deseó y luchó con todas sus fuerzas para educar a sus hijos en la fe cristiana y en la confianza en Dios estaba exhausta y deprimida. Todos sus anhelos y trabajos parecían haber caído en vacío y en saco roto. Sus hijos caminaban por la senda del agnosticismo, la indiferencia, el ateísmo e, incluso, algunos de ellos habían sido abrazados por la droga y otros vivían desorientados en su propio pasotismo y nihilismo.
Todo por lo que había luchado parecía que se le venía abajo y desconfiaba de Dios. Preguntaba con todas sus fuerzas: “¿Por qué, Dios mío? me tenías que haber ayudado y no dejar que mis hijos se separaran de Ti, con lo que he trabajado para que esto no ocurriera y todo ha sido en vano”
Pero alguien que quería bastante a esta madre le sugirió al oído: “Tus hijos son libres y en esa libertad encontrarán a Dios. No te preocupes aunque ahora los veas tan desorientados”.
96.-¡Que buena es la gente!
Una religiosa amiga comentaba en una ocasión: “¡Qué buena es la gente! Siempre resaltamos lo malo y los fallos que hay en los que nos rodean pero cuánta bondad y paciencia hay en cada hombre y mujer que conocemos. En esa bondad descubro la presencia de Dios en el mundo, y eso mismo me lleva a tener esperanza en el hombre, que muchas veces se convierte en un “lobo para el hombre!”
Bien sabemos que en los medios de comunicación lo bueno y lo normal no es noticia, pero también existe gente que ayudan a transformar esta realidad en una sociedad más justa y fraterna, y que no ver esto es cargar en el otro nuestras propias dudas y debilidades, al tiempo que acentuamos una visión deformada de la realidad.
Hoy, por favor, te pediría que sepas ver lo bueno que hay en cada persona que te rodea y no te ancles en tu propio mal.
Cierto día una mujer, a la que toda la gente le pedía a gritos que se separara de su marido, que era alcohólico y violento, declaraba a una amiga suya: “Estoy con él hasta que la muerte nos separe. Yo he prometido delante de Dios y del sacerdote ser fiel y amarlo en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y yo lo cumpliré si Dios me da fuerzas”
¡Qué gran don la grandeza de esta mujer que el sufrimiento la hacía llorar en muchos momentos pero que sabía que había una bendición más allá de su propio matrimonio que le daba fuerzas para aceptar su situación con alegría cristiana!
¡Qué gran ejemplo para tantos matrimonios que a la primera de cambio y casi sin motivos descubren que el amor se ha cambiado de casa y que ese matrimonio acabó sin más, cuando en el fondo no es más que una crisis pasajera y una falta de entendimiento en unos días oscuros!
Hans Küng es probablemente uno de los teólogos alemanes más importantes y ha tenido una postura crítica con la jerarquía y la Iglesia. En cierta ocasión le preguntaron: ¿por qué sigue en la Iglesia y en el ministerio sacerdotal? Y Küng contestó: “ He recibido demasiado en la comunidad de fe para poder defraudar ahora a aquellos que se han comprometido conmigo. ... No renunciaré a la eficacia en la Iglesia. Las alternativas –otra Iglesia, sin Iglesia- no me convencen... ¿No sería más emocionante, interesante, exigente –a pesar de todo- y finalmente más reconfortante y fructífero luchar por un “cristianismo con rostro humano” en esta Iglesia concreta, en la que al menos sé con quién me comprometo?... Mi respuesta decisiva sería: permanezco en la Iglesia porque el asunto de Jesús me ha convencido, y porque la comunidad eclesial en y a pesar de todo fallo ha sido la defensora de la causa de Jesucristo y así debe seguir siendo”.
¡Magnífica respuesta de Hans Küng! ¡Por favor, te invito a que tú también afirmes que sigues en la Iglesia porque la causa de Jesucristo te ha convencido!
Dios es el amor con mayúsculas y la esencia misma de la vida. Cada uno de los humanos somos “su debilidad” y la razón de su amor para con el mundo.
Dios ha pintado tu nombre en las paredes de la luna y ha susurrado al viento que te quiere y desea hacer una historia de amor contigo, una aventura de salvación con tu vida. Él ha donado a la historia de un deseo de sentido que va desde tu existencia hasta lo último creado para que tú seas feliz y consigas que el mal sea triturado y vencido.
Dios es el susurro del viento que consigue levantar al hombre de su vacío existencial y lo lanza hacia su propia rebeldía contra todo lo que destruya la vida y la realidad más plural y diversa.
Dios es el aliento que suspira por un mundo más solidario y más justo sin que al menos los vendavales sean capaces de arrodillar al hombre en su propio barro y resentimiento.
100.- Me he quedado exhausto
Un amigo comentó amargamente: ”Mi incursión en el mundo de los negocios me ha dejado exhausto y vacío. Ya no confío en los hombres. Yo creí que el alma humana tenía otros pozos y más nobleza pero he descubierto que la competencia y el afán de dinero son los motores que mueven a muchos seres humanos y sólo por eso luchan y son capaces de estrangular, matar, robar, mentir, engañar y destrozar las mejores amistades y los mejores ideales”.
¡Qué pena la amargura de este amigo que comenzó con gran ilusión y quiso vivir su vocación cristiana seglar como un esfuerzo de transformar este mundo según el evangelio y terminó en la desesperanza y en la crisis más amarga!
¡Qué lástima que este mundo económico deje a los mejores hijos de una generación en las garras de la competencia y fuera de los cánones del altruismo y la solidaridad!