3.-¿UNA PAZ SIN JUSTICIA? (13/07/99;
23/07/2003)).
La aspiración para conseguir la paz entre los pueblos ha sido uno
de los ideales y utopías del hombre. Sin embargo, esta misma aspiración
contrasta con la realidad mundial y con la misma memoria histórica de la
existencia humana en nuestro diminuto planeta.
La paz no es solamente ausencia de guerra, sino que la verdadera
paz se cimenta en la justicia y en la solidaridad. Desde este planteamiento ético,
la división y desigualdad socio-económico entre las distintas partes del
planeta y la división tópica NORTE-SUR, es decir, países desarrollados y países
en vías de desarrollo es un atentado contra la misma existencia de la paz.
La denuncia de la guerra como un "azote" que obstaculiza
la estabilidad y el equilibrio cultural de los pueblos, aunque en ocasiones es
un arma para subrayar la identidad nacional de una población, es urgente en
este tiempo nuestro, final del siglo XX, época muchas veces presentada como el
culmen del "mejor mundo de los mundos posibles". Esta denuncia
conlleva al mismo tiempo la desautorización de la carrera de armamentos, el
negocio más rentable en los países desarrollados, auténtica manifestación de
la doble moral e hipocresía de los gobernantes.
Afirmar que la auténtica paz debe ir unida a la justicia, no
solamente personal o individual sino colectiva y planetaria, es atacar la ley de
la selva, es decir, el dominio de los más fuertes o más adinerados en una
sociedad dejando al margen y en desigualdad de oportunidades a los menos
favorecidos.
La auténtica paz debe ir unida necesariamente a la solidaridad y a la
preocupación por el bien de los demás, en especial de las grandes masas de
pobres que se hallan dispersos por el planeta.
Pienso que el mantenimiento de la paz y la solidaridad conlleva una
colaboración económica con los países en vías de desarrollo, la necesidad de
perpetuar la identidad y el patrimonio cultural de los pueblos, la denuncia cada
vez más afianzada de la violación de los derechos humanos y una preocupación
más decidida para educar a los humanos para defender la paz, la auténtica paz
que aúna justicia, libertad y respeto hacia los demás, sobre todo a los que
tienen opiniones distintas.