8.- LA BELLA Y LA BESTIA (15/01/2000; 14/06/2004).
Mientras vivimos en tiempos que la
apariencia y la imagen exterior de las personas son las claves que predominan
sobre todas las demás dimensiones humanas y que las campañas de imagen
constituyen una de las más agresivas en todas las manifestaciones culturales y
políticas, la "Bella y la Bestia" nos subraya con su grandilocuente
"universo visual" que la
belleza no sólo está en un buen rostro y un buen cuerpo, sino que está en el
interior.
Mientras en la sociedad en que vivimos
se nos imponen cánones corporales de impresionante factura, la película ahonda
en el progresivo encuentro entre una chica de aldea, imaginativa, amante de los
cuentos, y un ser tremendo y horroroso, despreciable en su aspecto pero sensible
en su interior, para llegar de una manera expresa a un amor entre ambos,
provocando en el gran "ligón del pueblo" una envidia manifiesta al
ser rechazado por esta chica, sintiéndose tremendamente vengativo hacia aquella
chica cuando debido a su aspecto todas las chicas del pueblo suspiran por él.
Lo que vale como un valor en alza en las demás chicas no vale para esta chica
inteligente e imaginativa, creativa y sentimental, afectiva y tierna.
En esta sociedad, tan dada a elevar a los
altares el lema "tanto tienes, tanto vales" y la sentencia "la
belleza está en la fuerza, en el cuerpo, en lo externo", esta película
reclama una nueva lectura en las relaciones humanas y una nueva confianza para
afirmar que "la verdadera esencia de las cosas es invisible a los
ojos" (Saint-Exúpery), descubriendo en el laberinto interior, anclado en
las dimensiones espirituales y psicológicas de cada uno de nosotros, se
encuentra la esencia misma de la autoestima.