11.- TÓPICOS AL USO
(11/03/2000).
El talismán de los tópicos aún sigue distorsionando el
ambiente. Cada vez que aparecen sobre el horizonte inmediato unas elecciones, la
Iglesia orienta el voto a los católicos y arrecia la polémica.
El criterio común de cada declaración no deja lugar a dudas:
Ningún partido político se adecua plenamente al evangelio y cada católico
debe de votar en conciencia aquella postura que vele mejor por el bien común y
por el derecho a la vida...
Y este consejo orientativo de la jerarquía eclesiástica para los
católicos, de la que está en su pleno derecho en un sistema democrático,
levanta no pocos recelos y algunos colectivos ven una "excesiva
nostalgia" en las declaraciones de los obispos españoles hacia una vuelta
del Antiguo Régimen.
La falta de memoria histórica hace olvidar que en la última
etapa de relación la Iglesia y el franquismo fue de conflicto y ruptura
(1965-1975), alentada por el Concilio Vaticano II. La Iglesia española rechaza
un sistema de partido único, sindicato único, sin pluralismo, sin libertad de
culto..., hechos recriminados en los países democráticos europeos.
La Iglesia propone en esos años la revisión del Concordato
Iglesia-Estado, desea renunciar a los privilegios y pide al gobierno que
renuncie al derecho de nombramientos de obispos, confesionalidad del estado y
aceptar la libertad religiosa y el pluralismo político.
A finales de los 70 aprietan el acelerador en sus demandas del
reconocimiento de los derechos humanos, respeto a la identidad étnica y
cultural de los pueblos de España y exigencia de amnistía para los presos políticos...
Y aún así, para muchos, la Iglesia se sitúa
en las instituciones más involucionistas de la sociedad, cuando ella
misma ha sido artífice y protagonista de primera línea del devenir y la
transformación histórica de la sociedad española.
Injusta crítica de muchos editoriales y de muchos políticos que
anquilosados en el poder buscan en la Iglesia un punto de mira y una crítica
mordaz para dejar inmunes sus intereses.
Es impensable la historia de la transición española sin las
manifestaciones y declaraciones de la Iglesia, y hoy la misma élite política
quiere marginar a la Iglesia para que se esconda entre velas y entre rezos,
sobreviviendo en las sacristías y en el ámbito puramente privado.
¿Acaso la Iglesia no tiene derecho a orientar el voto de sus católicos,
cuando otros colectivos lo hacen sin recibir estas críticas y recelos?
¿Acaso la Iglesia no puede anhelar en nombre de sus principios morales
una sociedad nueva criticando posturas que atentan contra el bien común y el
derecho a la vida, y pedir a los católicos que analicen los programas
electorales de cada partido político sin decantarse a priori por ninguna
tendencia creyendo que ella misma posee el crédito y la bendición de los
obispos y la misma Iglesia?