13.- LA DICTADURA DE LA AUDIENCIA (28/06/2000).
Los índices de audiencia se han convertido en el filtro que condiciona
la misma permanencia de un programa de variedades, las series y los concursos
televisivos...
Este dominio y dependencia de los índices de audiencia se hacen
insoportable cuando se potencian en estos programas actitudes de violencia y
permisividad sexual, descaro y chismorreo abusivo que atentan contra la dignidad
y la intimidad de personajes con cierta notoriedad social, críticas despiadadas
a personas con cierta popularidad y ataques abusivos contra instituciones. Además
las creencias religiosas, en especial las cristianas, se convierten en asuntos
criticables, reducidas a opiniones y asuntos privados y subjetivos. Todo ello
avalado por audiencias millonarias y grandes inversiones de grandes compañías
publicitando sus productos.
Ocurre que las televisiones públicas, financiadas por el Estado y
las Comunidades Autonómicas, ¡con dinero público!-, han entrado en esta
espiral y en un dinamismo peligroso, ajeno al respeto de las creencias
religiosas de los ciudadanos, la intimidad y la integridad de toda persona, la
tolerancia y la libertad de todas las opiniones... reconocidas en la carta magna
de nuestro país, la Constitución Española.
En la cultura dominante las concepciones del hombre se han
convertido en auténticos sistemas de pensamiento que tienden a excluir a Dios,
creyendo que de esta forma afirman la primacía del hombre, en nombre de su
pleno y libre desarrollo, de su dignidad y de su libertad... Pero, a decir
verdad, la eliminación de la trascendente y religiosa del hombre se convierte
en una amenaza para la sociedad y para el mismo hombre.
Ocurre algo curioso: los índices de audiencia son los que en el
fondo permiten la permanencia de un programa o de un presentador en la pantalla,
llegando a ser como una "dictadura real" que condiciona la misma
percepción de la realidad por parte de la mayor parte de los espectadores e
imponiendo cánones y criterios de opinión.
Mientras muchos ciudadanos avalan con su apoyo la permanencia de programa
de tales características y favorecen el crecimiento de los índices de
audiencia que refuerzan los gustos y las preferencias para mantener un programa
en antena, otros comprenden con pena la influencia nefasta de tales actitudes y
tendencias en el desarrollo de los niños, los jóvenes y, en general, de todos
los habitantes de nuestra sociedad concreta.