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LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA (9/12/2000).
En la sociedad misma hay una
tendencia a ubicar a la Iglesia en la esfera de lo privado y mirar con recelo
toda manifestación pública cuando aborda problemas laborales, sociales y políticos
que afectan a la sociedad misma, en la cual hay cristianos que son ciudadanos.
Incluso hay mayorías en la sociedad que están
convencidas de que la Iglesia es espiritualista y ajena a los problemas
concretos del hombre, sobre todo en la dimensión laboral y la relación de los
obreros-empresarios.
Pero la Iglesia ha abordado
con una clarividencia enorme los problemas laborales y sociales, afirmando los
deberes y derechos tanto del obrero como del empresario.
Ha reconocido que toda persona tiene derecho a
poseer bienes privados y que el obrero tiene derecho a un salario que le procure
un sustento digno para él y su familia. También tiene derecho a asociarse para
defender sus derechos de forma colectiva y solidaria, al tiempo que pueda
realizar su trabajo en condiciones humanamente dignas (respeto, libertad,
ausencia de tensiones, higiene, descanso adecuado...), y el deber de desempeñar
su tarea con responsabilidad.
Ha afirmado que el empresario tiene el deber
de pagar a sus obreros un salario digno al tiempo que los beneficios de la
empresa reviertan en los trabajadores y, en definitiva, en la sociedad.
¿Acaso estas manifestaciones, que
brotan de la defensa del hombre mismo, avalada por documentos tan importantes
como “Rerum Novarum” (León XIII), “Quadragessimo anno” (Pio XI),
“Mater et Magistra” (Juan XXIII), “Pacem in Terris” (Juan XXIII),
“Populorum Progressio” (Pablo VI), “Laborem Exercens” (Juan Pablo II),
“Sollicitudo Rei Socialis” (Juan Pablo II) y “Centessimus Annus” (Juan
Pablo II), no son un reclamo para que nadie pueda tachar a la Iglesia se
espiritualista y ajena a los problemas del hombre actual?
¿Acaso no tiene derecho la Iglesia de
levantar la voz en defensa de la dignidad humana en el mundo laboral, en
ocasiones tan deshumanizado y tan competitivo, brutalmente despiadado, que va
dejando exhaustos a muchos que quieren ser honrados y justos en el mundo
laboral?
¿Tienen derecho todas las instituciones a manifestar sus mensajes como algo normal en una sociedad democrática y la Iglesia ser mirada con recelo cuando aborda los problemas desde un espíritu evangélico que aboga por la defensa de la dignidad y la calidad de vida del ser humano?