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FELICIDAD CON LOS OTROS (20/12/2000).
¿De
qué le sirve a un hombre ser libre y alcanzar en "grado óptimo" la
felicidad cuando tantos seres humanos viven en condiciones estructurales de
extrema pobreza y de "esclavitud real"? ¿Se puede ser feliz en esta
situación de desventaja sin cerrar los ojos a la tragedia humana?
Estas
preguntas han hecho que muchos hombres y mujeres se hayan planteado posturas muy
dispares ante la realidad. Posturas que van desde la recomendación existencial
de no mirar alrededor ni al drama humana, afirmando como lo único importante la
liberación interior y "espiritual", hasta el llamamiento al
compromiso reivindicador de la lucha por la transformación estructural de la
realidad como la cuestión prioritaria y valida.
Si
el hombre quiere alcanzar un status acorde con planteamientos de justicia y de
solidaridad con los otros, debemos plantear la vida en dos planos íntimamente
relacionados: por un lado, profundizar, como la mayor de las exigencias, a la
pregunta existencial: "¿Quién soy yo?"; y por otro lado, saber y
entender la vida en relación siempre con los otros y responder a otra pregunta
existencial de primera magnitud: "¿Para qué estoy en el mundo?".
Sólo
respondiendo seriamente a estas dos preguntas, el hombre buscará la felicidad y
no sentirá que busca en la evasión y la ilusión, al tiempo que favorezca la
justicia entre los hombres, sabiendo en su foro interno que “ no hay más que
una manera de felicidad: vivir para los demás” (Tolstoy).
Sólo
cuando buscamos no sólo nuestra felicidad sino la felicidad del otro entonces
se genera un espacio que fortalece nuestras convicciones más allá del egoísmo
y nos anclamos en la dimensión comunitaria como esencial en nuestras propias
conquistas.