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LA MUJER EN LA SOCIEDAD (3/1/2001).
La
dignidad y la igualdad de la mujer en relación al hombre se consideran en
nuestra cultura occidental, también a los ojos de la iglesia católica,
impulsada por el Concilio Vaticano II, una conquista de este siglo y un
“signo de los tiempos”.
La exigencia para cualificarse
profesionalmente se ha convertido en un derecho reconocido y un reclamo para
asumir responsabilidades en el sistema de producción y en la vida empresarial.
Además, la incorporación en puestos de responsabilidad en la vida público y
social es uno de los grandes triunfos de la mujer en la sociedad, más allá de
su puesto tradicional en el hogar como ama de casa, esposa y madre. En
definitiva, la valoración de la mujer como un ser humano auténtico con sus
derechos y deberes en la sociedad, igual que el hombre, se ha convertido en uno
de los más grandes logros de este siglo y el orgullo más importante del
movimiento feminista a lo largo de todo este siglo.
Pero ocurre algo curioso. Después de un siglo
de avances, luchas y reivindicaciones feministas para hacer creíble y real la
igualdad y la dignidad de la mujer en la sociedad, la imagen más usual de la
mujer en la publicidad y los concursos televisivos sea la mujer como objeto de
deseo, subrayando de una manera consciente, y en ocasiones inconscientemente,
que su mejor encanto sea su físico.
Dudo
que esta imagen de mujer sea el reflejo y cumbre de tanta lucha sindical, política
y social en la sociedad actual, y creo que llenaría de pena a todas las mujeres
que han dado su vida por reivindicar sus derechos en un plano de igualdad con el
hombre.