29.-UN
SOPORTE PARA ANDAR (20/12/2001)
En un
mundo fragmentado con grandes fisuras a nivel cultural y social, caracterizado
por la pérdida de valores tradicionales y de las grandes ideologías que
levantaron a las masas en el siglo XX, hay un desafío fundamental en los
miembros de esa cultura: ¿dónde cimentar y fundamentar nuestra propia
identidad en este tiempo para no sentirnos perdidos y “barcos sin brújula
perdidos en el mar”?
La
piedra angular debe ser el cimiento que aglutine todas las dimensiones humanas
que aparecen en nuestra existencia, tanto a nivel interior de nuestra propia
existencia como en los factores exteriores que nos vienen de la propia realidad
y cultura.
Hoy,
frente a una sociedad tan competitiva y tan brutalmente cambiante, muchos
fundamentan su vida en el dinero y el consumo. El dinero les da seguridad y les
hace poderosos en esta sociedad, tan brutalmente cimentado en el dólar y en el
capital, construyendo del planeta y de sus países un sistema de globalización
y de liberalización en favor del mismo capital y de los poderosos del sistema.
Otros
fundamentan su vida en la ciencia como la única vía del conocimiento capaz de
dar respuesta eficaz al hombre y una construcción sapiencial al margen de la
superstición y del retroceso, aunque asistamos a manifestaciones cada vez más
pseudo científicas que atentan contra todo nivel no verificable y empírico,
dejando al margen grandes dimensiones humanas.
Pero
sinceramente estoy convencido que hay una sola piedra angular que sea capaz de
armonizar todos los elementos y dar una cohesión equilibrada al hombre de hoy,
sin riesgo a perder nada de si mismo y alcanzar pautas sublimes de perfección y
en favor de la solidaridad y de la humanidad misma. Esa dimensión no puede ser
otra que la dimensión religiosa.
La
dimensión religiosa “religa” al hombre con Dios, el único dador de sentido
global último a la vida y da respuesta convincente a mi propio yo, a la
historia y a la realidad.
La dimensión religiosa jamás rechaza de cuanto humano hay en la
realidad y en el hombre mismo, armoniza la fe y la razón con una alianza no
exenta de conflictos pero que las convierte en dos alas en favor de la libertad
y de la verdad, da razones para vivir en medio de una cultura cada vez más
cambiante y más fugaz, remite nuestra existencia más allá de ella misma dando
soporte al ansia de felicidad y de eternidad que tenemos todos los humanos... En
definitiva, la única dimensión capaz de serenar el corazón y mantener vivos
nuestros sueños, confiando en la humanidad y en el futuro más solidario para
los demás.
El
sueño de una Europa unidad surgió desde una dimensión religiosa y la religión
ha sido el soporte cultural durante siglos, y si hoy solamente anhelamos la “época
del euro” por motivos económicos, dudo que este planteamiento tan
mercantilista y economicista lleve a los ciudadanos a crecer en pautas de
felicidad y de dosis de realización personal.