32.-SIGNOS
EVIDENTES DE LA PRIMAVERA PARA LA IGLESIA.
Hay que afirmar
sin miedo a equivocarnos que la Iglesia vive una etapa prometedora y podría ser
calificada como “una etapa primaveral para la misma Iglesia”.
Hay
signos marcadamente positivos en la Iglesia actual: la presencia creciente de
los seglares en la dinámica y vida de las comunidades y parroquias, los
esfuerzos cada vez más testimoniales de los cristianos para confrontar sus
vidas y sus comportamientos con el evangelio y el Espíritu del Maestro, el
aumento de las vocaciones religiosas y sacerdotales, el alejamiento de la
jerarquía eclesiástica del poder político, el prestigio internacional del
Papa y la proyección social de sus discursos y viajes, la poca existencia de
casos escandalosos en el seno de las congregaciones y presbíteros no
precisamente por la benevolencia de los medios sino precisamente porque son
aislados y escasos, el número ciertamente infrecuente y poco relevante de las
secularizaciones religiosas y sacerdotales, la recuperación de la dimensión
espiritual en la Iglesia tras una etapa ciertamente caracterizada por una
tendencia activista en el diseño práctico de la fe, el prestigio internacional
de Cáritas como una de las instituciones más importantes de ayuda al Tercer
Mundo, el florecimiento de movimientos apostólicos, el esfuerzo de
intelectuales y de la Iglesia misma para dialogar con el mundo y la cultura
actual, la presencia cercana del ministerio presbiteral en las comunidades y
pueblos...
Verdaderamente
hay también grandes lagunas y puntos oscuros en la Iglesia actual, pero no
valorar los aspectos positivos de esta Iglesia sería distorsionar la realidad y
no hacer justicia a la andadura contemporánea del mismo Pueblo de Dios, marcado
por la asistencia del Espíritu Santo, auténtico protagonista de la
evangelización y de la Iglesia misma.