39.-LA
HISTORICIDAD DE UNA HISTORIA: JESÚS DE NAZARET (26/03/2002).
La
pretensión por parte de cada generación cristiana de localizar los datos
fundamentales del evangelio que, fuera de discusión, se pueden afirmar como
históricamente verdaderos es apremiante.
Cuando
todo parece tranquilo y las aguas están serenas, surgen opiniones, estudios y
planteamientos que ponen en entredicho la misma transmisión de Jesús de
Nazaret por parte de los evangelios.
Hay
que afirmar con rotundidad que los evangelios no son una biografía de Jesús,
ni un diario de camino ni una “historia”. Los evangelios son, en síntesis,
catequesis, escritas por hombres de fe para otros hombres y mujeres de fe. El
interés de Jesús de Nazaret, su mensaje, sus hechos y palabras, sus encuentros
liberadores con la gente de su tiempo, etc, parten desde la resurrección, todo
interesa “a la luz de la Resurrección”.
Este
planteamiento no quiere decir que haya que desligitimar cualquier pretensión de
basar la fe cristiana en datos históricos fiables y fuera de toda discusión;
al contrario, el que es el fundamento de la fe y ha sido resucitado
es el mismo que vivió en Palestina y murió en la cruz.
Aunque
nuestra aturdida razón puede dudar de todo y dejar el pasado en desierto por
nuestra pretendida sospecha, podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos, apoyados
por los más serios exegetas e historiadores: la existencia histórica del mismo
Jesús de Nazaret; su muerte en la cruz bajo el mandato de Poncio Pilato; el
hecho de los milagros, signos que provocaron la atención de muchos en su
tiempo; el uso del término “Abba” para dirigirse al Padre; la cercanía y
la acogida de Jesús con los pecadores y marginados; la predicación de Jesús
sobre el Reino de Dios; el bautismo de Jesús por Juan Bautista en el río Jordán;
el fracaso externo de la obra de Jesús, etc.
Basar
la fe en el auténtico “Jesús histórico” es el mayor de los retos y el
desafío para ser cristiano en una cultura cada vez más fragmentada y movediza.