41.-UN DIAGNÓSTICO PREOCUPANTE
(22/05/2002).
La juventud adolece de falta de autoridad y una pérdida creciente de
valores, íntimamente unidos a la permisividad que se encuentra en el ambiente y
la cultura.
Generalmente la vida se hace angustiosa cuando se oscurece el porqué y
el para qué de los comportamientos y de las motivaciones más profundas. Y
cuando se pierde esta perspectiva direccional aparecen situaciones anómalas
cuya función es intensificar la huida y la evasión.
La permisividad y la libertad concebida como valor absoluto de todo
sistema de valores y concepciones religiosas, que reduce la verdad a mera opinión,
hacen que la confusión y la pérdida de valores hagan estragos en la juventud.
No está tan lejos de nuestra vida cotidiana estas dimensiones y
concepciones, que favorecen manifestaciones sin que la misma autoridad tenga
legitimación moral para impedirlos, aunque se atente contra las instituciones
de la misma sociedad y se vulnere el derecho de defender a los miembros más
pequeños de la familia.
La emisión de programas que rompe todo principio del pudor hace
estragos y deja perplejos a muchos. Contemplar absorto en las televisiones públicas
y privados que un actor tome medidas de senos y cintura a chicas en bikini,
desnudarse en público, besarse hombres ante el aplauso de un público dirigido,
dar a conocer la vida íntima de los famosos sin respetar el derecho a la
intimidad y sin autorización de los mismos, la violencia como gancho en películas
y dibujos animados... Estas manifestaciones no hacen otra cosa que alentar en la
sociedad, sobre todo en los más jóvenes, un “humus vitae” que nos hace
estremecer.