45.-EL
FIN DE LA RELIGIÓN (24/10/2002)
Hoy
nadie está en condiciones de presagiar el fin de la religión como manifestación
trasnochada de una mentalidad primitiva en nombre de la ciencia y del propio
proceso liberador de las sociedades humanas.
La
ciencia actual, cada día más honesta en sus planteamientos, ha superado con
creces cualquier pretensión de presagiar el final de la Religión como enemiga
del progreso, de los planteamientos científicos y de la propia realización del
hombre.
Han
pasado tiempos en que declararse científico era sinónimo de posturas ateas y
de planteamientos ajenos a toda trascendencia.
Alfredo
Kastler, premio Nobel de Física, declaraba en el año 1968: “La idea de que
el mundo, el universo material, se ha creado a sí mismo, me parece absurda.
Para un físico, un solo átomo es tan complicado, supone tal inteligencia, que
un universo puramente materialista carece de sentido... Yo no concibo el mundo
sino con un Creador infinitamente inteligente...”
John
B. Haldane, famoso genetista británico, profesor de Cambridge, afirma que el
origen de la vida es imposible sin un Ser Inteligente preexistente. La vida no
se ha formado por causalidad, sino que se basa en leyes bien precisas”.
Wittgenstein, que afirmaba que las fórmulas religiosas de fe no pasaban
de ser para él hipótesis no empíricas, trabajó como enfermero en un hospital
en Londres y renunció a su Cátedra, trató de defender la Religión contra sus
detractores positivistas más radicales. Afirmaba que la Religión afecta también
a nuestros pensamientos y acciones. Él argumentaba que “...en el mundo hay
algo problemático, lo que llamamos sentido. Y que este sentido no está en él,
sino fuera de él... Al sentido de la vida, esto es, al sentido del mundo
podemos llamarlo Dios”.
Esta tendencia direccional de la realidad, que parece cada día más consensuada por la comunidad científica, encaja perfectamente con la búsqueda de sentido global último de la propia existencia, de la propia realidad en su conjunto y del curso de la historia; realidades que son en el fondo la dimensión religiosa de todo ser humano.