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LA IGUALDAD DE LA MUJER (17/09/04)
Uno
de los signos más evidentes de nuestro tiempo ha sido el derecho fundamental
por asegurar la igualdad entre todos los hombres, y reconocer que "toda
forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea
social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o
religión, debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan divino" (G.S.
29).
La
mujer, en este tiempo, ha conseguido una importancia y una mayor participación
en la vida social y pública. Su presencia es cada vez más creciente en el ámbito
económico, político, laboral y social, aunque no lo suficiente.
El
derecho de la mujer a su dignidad conlleva que no se le impida tener acceso a
una educación y a una cultura iguales a las que se conceden al hombre. Además,
en las reivindicaciones legítimas, la mujer reclama la igualdad de derecho y de
hecho con el hombre. ¡Queda mucho camino por recorrer y muchos muros que
destruir para asegurar el derecho y la igualdad de la mujer en la sociedad!
Defender
la igualdad del hombre y la mujer conlleva promover la igualdad de iguales pero
diferentes en sus papeles. La incorporación en puestos de responsabilidad en la
vida pública y social ha sido uno de los grandes triunfos de la mujer en la
sociedad, más allá de su puesto tradicional en el hogar como ama de casa,
esposa y madre.
Seguro
que la valoración de la mujer en nuestras sociedades occidentales como un ser
humano auténtico con los mismos derechos y deberes que el hombre es uno de los
más grandes logros y el orgullo más importante del movimiento feminista a lo
largo de todo el siglo XX, si bien esa reivindicación se ha planteado, no pocas
veces, en la misma clave que se criticaba, el dominio de un sexo sobre otro.