65.-UN
SOPORTE PARA ANDAR (26/09/06)
En
un mundo fragmentado con grandes fisuras a nivel cultural y social hay un desafío
fundamental: ¿dónde cimentar y fundamentar nuestra propia identidad en este
tiempo para no sentirnos perdidos y “barcos sin brújula perdidos en el
mar”?
Hoy, frente a una sociedad
tan competitiva y tan brutalmente cambiante, muchos fundamentan su vida en el
dinero y el consumo. El dinero les da seguridad y les hace poderosos en esta
sociedad, tan brutalmente cimentado en
el capital.
Otros fundamentan su vida en
la ciencia como la única vía del conocimiento capaz de dar respuesta eficaz al
hombre y una construcción sapiencial al margen de la superstición y del
retroceso, aunque deje al margen grandes dimensiones humanas.
Pero sinceramente estoy
convencido que hay una sola piedra angular capaz de armonizar todos los
elementos y dar una cohesión equilibrada, sin riesgo a perder nada de si mismo
y alcanzar pautas sublimes de perfección y en favor de la solidaridad y de la
humanidad misma. Esa dimensión no puede ser otra que la dimensión religiosa.
La dimensión religiosa
“religa” al hombre con Dios, el único dador de sentido global último a la
vida y da respuesta convincente a la propia existencia, al curso de la historia
y al conjunto de la realidad.
La dimensión religiosa jamás
rechaza de cuanto humano hay en la realidad y en el hombre mismo, armoniza la fe
y la razón con una alianza no exenta de conflictos pero que las convierte en
dos alas en favor de la libertad y de la verdad, da razones para vivir en medio
de una cultura cada vez más cambiante y más fugaz, remite nuestra existencia más
allá de ella misma dando soporte al ansia de felicidad y de eternidad que
tenemos todos los humanos... En definitiva, la única dimensión capaz de
serenar el corazón y mantener vivos nuestros sueños, confiando en la humanidad
y en el futuro más solidario para los demás.