YO SERÉ TU VOZ.
“El hombre no se realiza a si mismo si no es superándose”,
afirmaba Pablo VI.
Cierto es que la superación está depositada, como una
tendencia direccional, en el propio centro de sus motivaciones, sentimientos,
pensamientos, palabras y acciones, ya que, como bien argumentaba Pascal, “el
hombre se supera a si mismo infinitamente porque siempre está en camino hacia
la plenitud infinita”.
Sin duda que la realización personal jamás es una
conquista definitiva, porque no es una situación permanente sino una tendencia
hacia un final decisivo, que jamás la alcanzamos en su totalidad, porque es una
situación infinita.
Solamente el que aspira continuamente a la perfección,
y tiene a la insatisfacción como su aliado, será capaz de encontrar una
superación a sus crisis más vitales y a su mediocridad más manifiesta.
Superarse a si mismo es una de las claves más satisfactorias y sabias
del hombre autorrealizado, y seguro que los grandes de ayer se exigieron antes a
si mismos para luego proponerlo como camino válido a los demás.
42.-HUÉSPED DE MI SILENCIO.
Dejad que el estupor divino, silencioso y pasajero, hospede su misterio en lo hondo de tu alma, allí donde donde los fantasmas dejaron su huella, y afloran de vez en cuando en lo profano.
¡Ay, dejad que la herida se cierre y vaya por las veredas del lamento y nada más llegar se hacen dolor!
Dejad que el misterio absoluto de lo caduco se haga evidencia en algún momento de tu vida, allí donde los cansancios palidecen sin descanso, y se hacen aromas de miedo en la pregunta.
¡Ay, huésped de mi silencio, receptor de mi pregunta, dejad que mi espíritu se serene en lo hondo de mi gusto, allí donde donde la música deja su secreto y la palabra nunca dicha revela su esencia!
43.-
UNAS PREGUNTAS INCÓMODAS.
Un joven inquieto y preocupado se acercó a un sacerdote . Y le comentó su preocupación: “¿Cómo evangelizar a un hombre y a una mujer de una cultura dominante que ha optado por principio a renunciar de las posturas creyentes y ponen como principio al hombre como medida de todas las cosas? ¿Cómo anunciar a Jesucristo en una cultura de tendencia agnóstica que intenta por todos los medios reducir la religión a creación del hombre y a un asunto privado, una época privada de tiempos ajenos al dominio de la ciencia y de la ciencia?
¿Podemos volver a una corriente teológica, en boga durante unos años, que proclame y anuncie “la muerte de Dios” en un mundo que ha prescindido la huella de Él como concepto, irrelevante para las ciencias y para el devenir histórico del hombre? ¿Sin Dios queda algo del evangelio y del anuncio cristiano?
¿Sin culto y sin templos, sin sacerdotes y sin Dios se puede mantener algo de lo esencial del evangelio?”
El sacerdote escuchó en silencio y miró maravillado a las estrellas.
44.-
NECESITAMOS UN DIOS.
Y dijo el profeta: El hombre tiene necesidad de plenitud en su vida. Nunca sabemos a ciencia cierta quiénes somos pero lo cierto es que el hombre es “un ser relacional”, que sólo encuentra su satisfacción vital en la cercanía del Misterio, que le hace percibirse como pequeño y acogido en su ego.
La sed interior de todo hombre no es sino evidencia de esa búsqueda del Santo, del Creador que sustenta todo lo existente y da alas a la esperanza.
Perdido en lo tangible y cansado en sus pequeñas batallas para satisfacer su seguridad en riqueza, el hombre olvida su gran batalla, aquella que le haré encontrarse consigo mismo, porque en el fondo la identidad misma humana está más allá de su realidad finita.
Si miramos hacia dentro descubrimos que necesitamos un Dios y que tenemos necesidad de un Dios que de razones para vivir, para esperar, para confiar y para luchas.
45.-
UNA ORACIÓN.
Señor, Dios mío, dame alas para levantarse de mi mediocridad. El frío de la realidad se hacen seductor y atrayente, sólo en apariencia pero cuando su aroma nos invade por completa y sacia su propósito, entonces nos deja en lo hondo la sed del vacío y la profundidad de lo incierto.
Seños mío, muéstrate con toda tu fuerza como hiciste con Pablo de Tarso, Agustín de Hipona, Francisco de Asís, Edith Stein... una nube ingente de testigos que vieron tu rostro y su vida cambió bruscamente.
¡Ay, Dios mío, ilumina mi noche con la claridad de tu semblante! ¡Ay, Señor mío, no te pares en la rosa, ni en la nieve, ni en la montaña, ni tan siquiera en el templo... Ven a mi corazón y haremos que tu fuerza nos haga danzar como dos bailarines!
46.- LA PAZ.
Un día un joven comentó a un profesor que había visto en televisión una secuencia que le había dejado conmocionado.
Esa conmoción provenía de una brutal paliza que dos policías estadounidenses le habían propinado a un hombre negro en plena calle.
Aquel comentario sirvió para dialogar sobre el nivel de violencia que hay en el ambiente y en la sociedad.
Y admitieron que la violencia es una lacra que invade la vida misma de las familias y de los pueblos.
¡Verdaderamente necesitamos encontrar una época donde la justicia sea la carta de presentación de los pueblos y la paz sea la credencial de las personas!
¡Verdaderamente necesitamos un amanecer donde la violencia sea silenciada y ocultada en la más oscura mazmorra!
¡Cómo resuena las palabras de Cristo en esta época tan sellada de violencia: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9).
47.-SER UNO MISMO.
Realmente la más dura conquista de un hombre es él mismo. Pero solamente, para que esa conquista sea eficaz, necesita ser sellada por el amor.
El amor genera un dinamismo que difícilmente puede ser destruido por las dificultades.
Verdaderamente esa conquista es continua prácticamente desde que nace y es necesario que vivamos la advertencia de Franz Kafka: “Empieza de una vez a ser quién eres en vez de calcular quién serás”.
Pero el amor y la tarea constante de ser uno mismo, sin máscaras ni disfraces para que sea verdaderamente humana, necesita ser atravesada por la bondad.
Es cierto que en muchas ocasiones la bondad no ser realiza con intencionalidad verdadera y auténtica, y había que escuchar a Francisco de Quevedo: “Si haces el bien porque te lo agradezcan eres un mercader y no un bienhechor, eres codicioso y no caritativo”, pero sin bondad, la vida misma se hace cruel y el camino no pasa de la selva.
48.-
HAMBRIENTO DE AMOR.
El hombre mismo, en su esencia más profunda, es un “animal hambriento
de amor” y con “capacidad de amar y ser amado”.
En su más auténtica contemplación, desde un esquema ascendente de
necesidades, el ser humano es un peregrino en los caminos de la vida que reclama
amor, solamente amor.
Muchos piensan que esa sed interior puede ser satisfecha con cosas. Y
asocian la felicidad al concepto tener… Y descubren, no sin haber recorrido el
camino sin éxito, que los bienes no satisfacen al hombre en lo hondo.
El hombre mismo en su tendencia a “lo infinito en su finitud”
descubre que su capacidad de amar no puede reducirse a sus “pequeños
amores”, sino que alcanza al Misterio en toda su profundidad y en toda su
grandeza.
Y descubre, en algunos recodos del camino, que el ama en el interior
mismo del Amor, que es Dios.
49.-
EL “AMIGO DE ÉSTA”
Una catequista intentaba
transmitir a un grupo de jóvenes que ella invocaba cada día y en cada momento
la ayuda de Dios para afrontar con serenidad y optimismo los avatares de la vida
y las dificultades de lo cotidiano. Además, les decía, que suplicaba en su
oración por cada uno de ellos, por sus proyectos, por sus ideales y por sus sueños.
Aquel comentario parecía caer en saco roto ante unos jóvenes
aparentemente indiferentes y escasamente atentos… Sin embargo, aquellas
reacciones, en vez de hacerle abandonar, era un reto para hacer más insistente
su oración.
Cierto día, uno de ellos, probablemente el más problemático, comentó
ante todos una experiencia que dejó sorprendido al grupo y petrificada a la
misma catequista.
El joven comentó: “Ayer tuve un problema y pedí al “Amigo de ésta”
que me ayudara, y verdaderamente que lo ha hecho”.
Aquella experiencia le hizo descubrir a la catequista que no hay que
desesperar en el empeño.
50.-
ALMA EN BÚSQUEDA.
Y dijo el profeta: En ocasiones, los hombres se angustian en su tránsito.
¡Si, en medio de sus días, huidizos en sus contornos, intentan
encontrar una verdad que haga palidecer sus huecos y despejar sus miedos!
¡Si, en medio de sus afanes, la mayoría de las veces cargas pesadas en
su centro, buscan un reposo que les haga serenar su alma y olvidar sus
cansancios!
Y es en ese momento atroz, herido en sus adentros, el alma busca aquello
que les satisfaga en lo hondo, descubriendo sin mucho esfuerzo, que lo
verdaderamente cierto es su “capacidad de amar y ser amado”
Y esa ansia de amor, tan abundante como insaciable, será colmada sin
defecto en el ámbito de lo eterno y en la apertura de lo “Totalmente Otro”.