YO SERÉ TU VOZ.
71.-NO BASTA SER BUENOS
No basta ser buenos en la vida sino “procurad que al dejar el mundo veáis no sólo que fuisteis buenos sino que dejáis un mundo bueno” (Bertolf Brech).
Nuestro entorno es un reto que necesita renovarse y que Dios ha puesto para santificarnos. Y es ese “espacio vital” el que debe ser transformado.
La vida es el mayor don que recibimos y es el mayor reto que tenemos.
¡En la vida la alegría y la tristeza son inseparables, y el mayor peligro que tenemos que superar es la indiferencia!
Una opción decidida por la verdad y la justicia conlleva, la mayor parte de las veces, sufrimiento y críticas; pero solamente este camino generaría el nacimiento de un mundo bueno y justo, “casa de todos”.
72.-UNA DIFERENCIA CUALITATIVA.
El ser humano se distingue cualitativamente del resto de los animales.
Aristóteles, uno de los filósofos más importantes de la antigüedad y uno de los pilares intelectuales de nuestra cultura, afirmaba que el ser humano se distingue especialmente del resto de los animales por tres grandes características: el hombre es un animal ético, político y religioso.
Y la propia constitución humana nos hace reconocer la existencia de la espiritualidad y de la religiosidad como algo esencial del ser humano de todos los tiempos.
Ciertamente cada ser humano, en nuestra historia salpicada de miles de experiencias, descubrimos que “hay algo en el hombre que supera al hombre mismo: un reflejo con algo misterioso, algo de divino” (Pablo VI)
Cada ser humano es “un verdadero santuario de Dios” que aspira a un encuentro pleno con Él, revelado en la historia de Jesús como Amor, y que sólo conseguiremos la felicidad si nuestros esfuerzos y fatigas lleven el sello del amor.
73.-LA DIMENSIÓN RELIGIOSA.
La dimensión religiosa constituye un elemento decisivo y fundamental del ser humano, y olvidarla tiene grandes consecuencias para la sociedad y para el hombre mismo.
Creer en Dios y reconocerlo como el “Totalmente Otro” enlaza con uno de los esfuerzos humanos de mayores consecuencias: la búsqueda de sentido global a la propia existencia, al curso de la historia y al conjunto de la realidad.
Creer en Dios como el único Señor de nuestra vida y la llamada a “amarlo con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente, con todo nuestro ser” nos lleva a un equilibrio mental de envergadura: relativizar a las cosas, a las personas y a uno mismo.
Gilbert K. Cherstentom, escritor británico, decía con razón: “lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en todo”.
74.-MIL RAZONES PARA SONREÍR.
Hay momentos donde la vida se convierte en una “piedra pesada” que, a imitación del castigado Sísifo, sobrellevamos para alcanzar una meta inútil.
Hay momentos en que desearás no haber nacido y cada minuto se convierte en una tortura del vacío y del absurdo.
¡Si, hay días que tu corazón parece romperse en mil añicos y tu vida camina deprisa al precipicio!
¡Si, y sólo entonces, recuerda que cuando la vida te presente mil razones para llorar, descubre que tienes mil y una razones para sonreír!
¡Si, en esos momentos, descubre que por muy oscura que parezca tu existencia, siempre encontrarás razones para sonreír!
No olvides nunca que en medio del dolor y la desolación corren grandes ríos de vida y de esperanza.
75.-DINAMISMO HISTÓRICO.
En el dinamismo histórico existen tres grandes referencias: pasado, presente y futuro.
Una mirada al pasado es saludable para la persona si nos ayuda a devolver las razones más limpias para creer, esperar y actuar. De alguna manera, es volver al “amor primero”.
Una mirada al futuro es sana para la persona si nos ayuda a reconocer nuestros objetivos y nuestras metas, y no olvidar nunca hacia dónde vamos y el destino final de nuestra existencia.
Una instalación en lo presente será maravilloso si lo reconocemos como un tiempo privilegiado de Dios para crecer en todos las dimensiones y para hacer el bien.
¡Recuerda que “hablar del futuro sólo es útil si nos hace actuar ahora” (E. F. Schumacher)