III DOMINGO DE ADVIENTO. CICLO B. 

 

MONICIÓN DE ENTRADA:  

 Hoy, tercer domingo de Adviento, a nosotros, aquí reunidos, que aguardamos la venida de Cristo, el apóstol San Pablo nos exhorta, diciendo: "Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres, porque el Señor está cerca". El Señor está cerca. Va a venir a salvarnos, a darnos la paz, a decirnos que Dios nos ama. Y estamos muy contentos.

         Estamos preparando el camino al Señor porque es adviento, y él va a llegar. Y hemos de prepararle el camino en la alegría. Nosotros estamos alegres porque esperamos al Señor. Y con esta alegría vamos a comenzar nuestra celebración de este domingo.

 

ACTO PENITENCIAL:

S.-Ven, Señor, restáuranos y que brille tu rostro sobre nosotros. Ayúdanos a construir una sociedad donde no haya derroche.  Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.

 

S.-Ven, Señor, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó. Conviértenos y aniquila la prepotencia que tenemos unos sobre otros. Cristo, ten piedad.

S.-Ven, Señor, rasga el cielo y baja para darnos tu salvación. Aniquila las riñas que obstaculizan las buenas relaciones de unos con otros.  Señor, ten piedad.

S.-Ven, Señor, restáuranos y que brille tu rostro sobre nosotros. Construye un mundo nuevo donde no hayan guerras ni esclavitud.  Señor, ten piedad.

S.-Ven, Señor, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó. Ayúdanos a que desaparezca la ludopatía, que destruye a tantas familias.  Cristo, ten piedad. 

S.-Ven, Señor, rasga el cielo y baja para darnos tu salvación. Aniquila nuestro desencanto, que nos sumerge en la inactividad.  Señor, ten piedad.

 

   MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA (Is 61,1-2a.10-11):

              El mensajero trae a los que están tristes una buena noticia que los llena de alegría. El Mesías enviado por Dios está llegando, y viene consolando y curando a los afligidos y a los enfermos, a los pobres y humildes de la tierra.      

  MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA (1 Tes 5,16-24): 

        La Comunidad de Tesalónica vive en la espera de la próxima venida de Cristo. El apóstol se esfuerza en responder a diversas cuestiones concernientes a la esperada resurrección. Sin embargo, comienza subrayando que los creyentes viven ya la plenitud de Dios, pues han descubierto a Éste en Jesucristo. 

MONICIÓN AL EVANGELIO (Jn 1,6-8.19-28):

        La presencia de Juan el Bautista inquieta a las autoridades. Pero Juan sólo se considera precursor de otro, del "Cordero" (en la Biblia es el "cordero pascual", señal de liberación: "El cordero llevado al matadero", del que habla el profeta Isaías. Juan el Bautista ve en Jesús este cordero y testifica que el Espíritu está con Él: es el "Elegido" de Dios.   

  PETICIONES: (Respondemos: Escucha, Señor, nuestra oración).

         1.- Por la Iglesia de Jesucristo. Que ella sea instrumento de felicidad y de alegría para todos los hombres. OREMOS.

         2.- Por los que sufren y viven tristes, por los hambrientos y los marginados de la tierra, para que el Señor les consuele y les dé abundancia de sus dones. OREMOS.

         3.- Por los huérfanos, las viudas, los hombres solos. Que el Señor cambie nuestra tristeza en gozo y abra el corazón de los cristianos a la solidaridad y al amor. Oremos.

         4.- Por nosotros, para que sintamos la salvación de Dios y que nos convierta en este tiempo del adviento. OREMOS.

        5.-por aquellos que lloran sin fe y se desesperan ante la muerte; que el Señor les revele la luz del Evangelio y les dé la esperanza de la resurrección. OREMOS.

  MONICIÓN A LAS OFRENDAS: 

1.- Señor, te ofrecemos el pan y el vino, fruto de la tierra, y con ellos nuestra vida. Modélala según tu proyecto de salvación.

  2.- Señor, te ofrecemos esta guitarra, expresión de la alegría y de la fiesta. Haz que podamos hacer de la vida el mejor sacrificio a tu grandeza.

 

 PAZ:          

El Señor vendrá, la luz se hará para todos los hombres y la paz reinará en la tierra. Como señal anticipada de esa paz que queremos para todos, vamos a darnos la paz unos a otros.

   MEDITACIÓN

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1.-Gracias, Señor, porque podemos ser fuertes. Gracias, Señor, porque podemos ser sinceros.
Gracias, Señor, porque somos alegres.

 

2.-Gracias, Señor, por la vida que nos das.
Gracias, Señor, porque nos quieres libres. Gracias, Señor, porque nos das responsabilidades.

3.-Gracias, Señor, porque somos capaces de tener amigos. Gracias, Señor, porque así podemos hacer un mundo de hombres y mujeres hermanos.

Pautas de la Homilía.

 

 

INICIO.  

Hoy, en este Tercer Domingo de Adviento, se nos invita y se nos anuncia a “estar siempre alegres en el Señor”. 

DESARROLLO:   

            Bien es cierto, que vivimos tiempos de crispación y hasta de desaliento . Hay una lista interminable de razones para el desaliento y la tristeza: la violencia que no cesa en muchos rincones de la tierra, la injusticia que cubre la vida de millones de personas, la indiferencia ante la Buena Noticia del Evangelio de nuestra sociedad satisfecha en sus propias redes, la insolidaridad ante el pobre y desvalido… Tantas razones para el desaliento y la tristeza.

            Pero hoy, se nos anuncia la alegría como lo hizo Sofonías y Pablo en otro tiempo, porque, como dijo San Juan Crisóstomo: “La verdadera alegría se encuentra en el Señor. Las demás cosas, a parte de ser mudables, no nos proporcionan tanto gozo que puedan impedir la tristeza ocasionada por otros avatares en cambio, el temor de Dios la produce indeficiente porque teme a Dios como se debe a la vez que teme confía en Él y adquiere la fuente del placer y el manantial de toda alegría”

            El profeta Sofonías se sitúa históricamente en el periodo del rey Josías, Judá está sometida a los asirios, invadida por prácticas llenas de injustita; el pueblo vive un eclipse moral, político y social. Y, sin embargo, anuncia la alegría de Dios a una ciudad amenazada por la catástrofe: Dios llega y trae la redención; Él será paz y gozo para el pueblo angustiado. La llegada de Yahvé es como la llegada de un día de fiesta para todas las gentes.  ¡Canta himnos, hija de Sión, alégrate, Israel, regocíjate y goza de todo corazón, hija de Jerusalén!   15 El Señor ha retirado la sentencia que pesaba contra ti,ha alejado a tus enemigos; el Señor, rey de Israel, está en medio de ti; no tienes que temer ya ningún mal.

            El apóstol Pablo escribe a la Comunidad de Tesalónica.  Les invita a que vivan en plenitud la vida en Dios, manifestado plenamente en Jesucristo, la verdadera alegría.  

            Y la seguridad en la cercanía del Señor, que debe ceñir toda la vida cristiana, la concreta en tres aspectos: la alegría confiada y pacífica, en toda circunstancia; la superación de toda preocupación y angustia; la oración de súplica y acción de gracias al Dios de la paz.        

            Muchos hombres y mujeres ante el sufrimiento y los contratiempos se desesperan y se vuelven tristes, aquellos penetrados del Espíritu de Cristo presentan su vida como una ofrenda a Dios y descubren una oportunidad para vincularse más a Cristo y “saben esperar”.

             El convencimiento de que Dios viene a nosotros, razón definitiva para la esperanza y la alegría, motiva un cambio de nuestra condición y posibilita un giro total de conversión a nuestra vida. Así lo advierte Juan Bautista en su predicación para “preparar el Camino al Señor”.

            Juan propone cambio concretos en la vida de cada uno de nosotros, que siguen siendo necesidades previas para la venida del Señor:

*Para la insolidaridad, que es la base y el origen de la desigualdad, se propone compartir (consejo a las multitudes: “el que tenga dos túnicas

*Para la explotación, que engendra toda clase de odio entre los humanos, se propone la supresión de cualquier espíritu de injusticia (Consejo a los recaudadores: “No exijáis más de lo establecido)

*para controlar la violencia de quien detenta el poder político y militar, se propone la no violencia y el evitar la injusticia que proviene de la insaciable ambición de poseer y dominar (consejo a los soldados paganos: “no hagáis extorsión a nadie…)

 

FINAL:  

  ¡Vivamos en este tiempo de Adviento con alegría el encuentro con Jesucristo y preparemos nuestra vida para acoger al “Señor que vendrá”, rompiendo desde la disponibilidad todo aquello que rompe nuestra fidelidad y nuestro seguimiento!

            ¡Anunciemos que Dios viene desde un corazón agradecido con alegría, oración, paz interior, mesura y templanza ante las cosas!