MARTES II DE ADVIENTO.

INTRODUCCIÓN

            Está cercana la caída de Babilonia. Para el profeta es una señal. Dios ha perdonado a su pueblo. Termina el destierro. Habrá un nuevo Éxodo. Antaño el mar se abrió ante el pueblo, ahora el camino se allanará. La Palabra de Dios va a actuar.

1ª Lectura Is 40,1-11

1 Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios.  2 Hablad al corazón de Jerusalén y gritadle que se ha cumplido su servicio, que está perdonado su pecado,

que ha recibido de la mano del Señor el doble de castigo por todos sus pecados.

  3 Una voz grita: Preparad en el desierto para el Señor un camino, allanad en la  estepa una senda para nuestro Dios. 4 Que los valles se eleven, que las montañas y colinas se abajen, que los caminos tortuosos se hagan rectos y los escabrosos llanos.

5 La gloria del Señor se manifestará y todo mortal la verá, porque la boca del Señor ha hablado.  6 Una voz manda: ¡Grita! Yo digo: ¿Qué he de gritar? Todo mortal es hierba, toda su gloria como flor del campo. 7 La hierba se seca, la flor se marchita, cuando el soplo del Señor le llega. ¡Sí, el pueblo es la hierba!  8 La hierba se seca, la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece por siempre.  9 Sube a un monte alto, mensajero de albricias de Sión, haz resonar fuertemente tu voz, mensajero de albricias de Jerusalén. Hazla resonar sin miedo:

di a las ciudades de Judá: ¡Aquí está vuestro Dios!   10 Aquí el Señor Dios, que viene con potencia; su brazo lo somete todo. Viene con él el precio de su victoria, y sus trofeos le preceden.  11 Como un pastor apacienta su rebaño, en su brazo recoge a los corderos, en su seno los lleva y conduce al reposo a las paridas.

 

INTRODUCCIÓN

            La glorificación, durante un sacrificio, de la realiza de Yahveh va seguida del anuncio de la venida del juez y creador del universo.

Salmo Responsorial Sal 96,1-3.10-12

1 Cantad al Señor un cántico nuevo,

cantad al Señor toda la tierra;

 2 cantad al Señor, bendecid su nombre,

proclamad día tras día su salvación;

 3 publicad su gloria entre las gentes,

sus portentos entre todos los pueblos.

10 Decid por las naciones: «El Señor es rey,

él afirmó el mundo, y no se moverá;

él juzga a los pueblos con justicia».

 11 Que se alegre el cielo y goce la tierra,

que retumbe el mar y todo lo que encierra,

12 que sonrían los campos con sus frutos,

que griten de alegría los árboles del bosque

 13 delante del Señor, porque ya viene,

porque viene para gobernar la tierra,

para implantar en el mundo la justicia,

y entre todos los pueblos la lealtad.

 

INTRODUCCIÓN

            La comunidad no ha de cerrarse en un círculo de perfectos. Ha de tener una continua preocupación por los que andan extraviados.

Evangelio Mt 18,12-14

12 «¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve e irá a buscar la extraviada? 13 Y si la encuentra, os aseguro que se alegra por ella más que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.  14 De la misma manera, vuestro Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de esos pequeñuelos».

 

COMENTARIO:

            El Adviento es un tiempo de esperanza y de conversión, y la razón fundamental de la esperanza es que Dios ama a nuestro mundo, y nos ama apasionadamente a cada uno de nosotros.

            El profeta Isaías grita a Israel y a Jerusalén que hay razones para la esperanza, a pesar de las miserias y las tragedias de nuestro mundo. Y proclama al pueblo un nuevo Éxodo, cuya iniciativa está provocada por el mismo Dios.

            En el primer Éxodo, Dios guía a su pueblo por el desierto hacia la tierra prometida; en este segundo Éxodo, Dios guiará a su pueblo desterrado en Babilionia hacia Jerusalén. Un retorno marcado por la alegría y el perdón.

            El profeta Isaías vocifera a Jerusalén que tome conciencia del perdón de Dios y que sea capaz de “preparar el camino al Señor”. Todo un proceso de renovación y de conversión, que se hará evidente de una manera sublime en Juan Bautista, el Precursor, cuando hace suyas estas palabras del profeta para provocar una transformación interior. Juan pide a la gente que cambie radicalmente en su interior y “preparen el camino al Señor”.

            Juan diseña todo un programa para recibir al salvador y lo expresa en cinco sugerentes expresiones, dibujadas en las profecías de todos los profetas, especialmente de Isaías: “allanar los senderos”, “elevar los valles”, “abajar montes y colinas”, “enderezar lo torcido” e “igualar lo escabroso”.

            Juan Bautista anuncia la venida del Santo y del Mesías, y lo reconoce en Jesús de Nazaret. En él se hacen plenas y luminosas todas las profecías del Antiguo Testamento.

            Y la predicación de Jesús de Nazaret está marcado por una dimensión universal sin contemplaciones: “Vuestro Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños”.

            La imagen del Buen Pastor sirve a Jesús para anunciar el perdón de Dios y la misericordia que tiene por cada uno de los hombres y mujeres.

            El Buen Pastor va en busca de la perdida y se alegra cuando la encuentra. También Dios sale en busca del “pecador” y lo quiere atraer con correas de amor, lo estrecha entre sus brazos y lo acoge sobre su corazón.

            El Señor nos llama constantemente a estar con él y proclama que nos perdonará todo. El ama al pecador y al perdido, y le invita al arrepentimiento y al reconocimiento de su amor.

            Frente a nuestros desprecios y exclusiones, Dios mismo no rechaza a ningún pecador que se arrepiente.

            ¡Que resuene en tu interior: “Venid a mí, ovejas de mi rebaño, enteraos cómo os amo”!

            ¡Repite en tu interior: “Habrá más alegría en el cielo por un pecador que se convierta que por 99 que no se habían extraviado!

            ¡Prepara tu vida a la venida de Cristo que llega desde la humildad, la sinceridad, la autenticidad, la misericordia y el amor!