MIÉRCOLES II DE ADVIENTO.

INTRODUCCIÓN
La angustia del destierro pone un
velo en los ojos y oculta al Dios salvador. El profeta ahuyente el terror de su
ausencia, señalándole manifiesto en toda la creación. Su fuerza creadora se
prolonga en la salvación que ahora mismo da a sentir.
Yahveh es el creador del mundo, el conductor de la historia. Entiéndanlo
y déjense ya de tomar en consideración a los ídolos que son meras creaciones
del hombre.
1ª Lectura Is 40,25-31
25
¿Con quién, pues, me vais a comparar? ¿Quién hay como yo?, dice el Santo.
26 Alzad los ojos a lo alto y mirad: ¿Quién ha creado todos estos
astros, sino el que despliega en orden sus mesnadas y llama a cada uno por su
nombre? Tanta es su fuerza, tan grande su poder que ninguno falta a su llamada.
27 ¿Por qué dices, Jacob, y
afirmas tú, Israel: Mi suerte está oculta al Señor, a Dios se le pasa por
alto mi derecho? 28 ¿No lo sabes?
¿No lo has oído? El Señor es un Dios eterno, creador de los confines de la
tierra. No se cansa ni se fatiga, su inteligencia es insondable. 29 Él reanima
al cansado y reconforta al débil.
30
Podrán los jóvenes cansarse y fatigarse, podrán tambalearse los muchachos;
31
pero los que esperan al Señor renuevan sus fuerzas, remontan el vuelo como águilas,
corren sin fatigarse y caminan sin cansarse.
INTRODUCCIÓN
Alabado sea Dios que manifiesta su
amor de múltiples maneras, en especial, concediendo su perdón al hombre cuya
inconsistencia conoce.
Salmo Responsorial Sal 103,1-4.8.10
1
Bendice, alma mía, al Señor,
y
todo mi ser su santo nombre;
2
bendice, alma mía, al Señor,
y
no olvides sus muchos beneficios.
3
Él te perdona todos tus delitos
y
te cura de tus enfermedades;
4
él rescata tu vida del sepulcro
y
te colma de amor y de ternura;
8
El Señor es misericordioso y compasivo,
el
Señor es paciente y todo amor;
10
no nos trata como merecen nuestras culpas
ni
nos paga según nuestros delitos.
INTRODUCCIÓN
Las exigencias del Reino parecen
duras. En realidad, el que las acepta las encuentra ligeras. Tal renovación ha
experimentado su vida.
Jesús nos invita a ir con él
porque él ha venido y va a volver a venir a nosotros. Nos ofrece el yugo suave
de su amistad, porque él ha cargado con el yugo de nuestro pecado y nuestra
muerte.
Evangelio Mt 11,28-30
28
Venid a mí todos los que estáis cansados y oprimidos, y yo os aliviaré. 29 Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy afable
y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas.
30 Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
COMENTARIO:
El Adviento nos habla de un origen, la primera venida del Salvador desde
el Si Incondicional de María, y nos habla también de una meta, la segunda
venida del Salvador para concluir la historia y comenzar la época definitiva,
la época en que Dios será “todo en todos”.
Y entre estas dos venidas se desarrolla el tiempo de la Iglesia y se sitúa
nuestra vida. Y también se da la venida de Jesucristo por medio de la acción
de su Espíritu: llega el Señor a nosotros a través de su Palabra, se hace
presente para actuar en sus sacramentos, toca a nuestras puertas como hermano
necesitado que reclama nuestra solidaridad.
Y el Adviento también nos llama a desvelar nuestros miedos y nuestras
dudas interiores para glorificar al Dios Salvador. ¡Y para eso basta mirar y
saber contemplar lo existente!
La afirmación del Creador es evidente para aquel que sabe mirar: “Alzad
los ojos a lo alto y mirad: ¿Quién ha creado todos estos astros, sino el que
despliega en orden sus mesnadas y llama a cada uno por su nombre? Tanta es su
fuerza, tan grande su poder que ninguno falta a su llamada”.
Y ese Creador, que ha creado
todo lo existente, es el Dios que conduce la historia y nada se le oculta.
El profeta alienta al pueblo
desterrado que vive la angustia del destierro: “¿Por qué dices, Jacob, y afirmas tú, Israel: Mi suerte está oculta
al Señor, a Dios se le pasa por alto mi derecho?
28 ¿No lo sabes? ¿No lo has oído? El Señor es un Dios eterno, creador
de los confines de la tierra. No se cansa ni se fatiga, su inteligencia es
insondable. 29 Él reanima al cansado y reconforta al débil”.
Hoy también resuena en
nosotros las palabras alentadoras del profeta para consolarnos y ahuyentar
nuestros temores. También el Señor nos invita a nosotros a descubrir en lo más
profundo de nuestra existencia que llama a nuestra puerta para darnos esperanza
y reconfortarnos en nuestra propia debilidad.
Jesús de Nazaret, el Cristo, el
Salvador, bien sabe de los cansancios y debilidades de esta cansada historia. Y
no sólo de cansancios y debilidades, sino de cansados y débiles.
Y nos llama a cada ser humano para
“estar con él” porque “mi yugo es
llevadero y mi carga ligera».
El Evangelio y las exigencias
parecen duras, pero el que las encuentra y se adentra en el dinamismo de la
amistad con Jesús encuentra que su vida se transforma y alcanza la felicidad más
intensa.
Y nos invita a ser “aprendices de
su afabilidad y humildad de corazón”, características básicas del alma
repleta de la presencia de Dios.