MARTES I DE ADVIENTO. CICLO C

INTRODUCCIÓN:
Extraordinario
himno mesiánico. Aparece aquel que vendrá a establecer en plenitud el reino
santo. Heredero de David, lleno del espíritu de Dios, traerá la paz universal.
El bien se impondrá porque la tierra estará llena del “conocimiento de
Dios”, conocimiento que será el encuentro real con Dios.
1ª Lectura Is 11,1-10
1
Un brote saldrá del tronco de Jesé, un vástago surgirá de sus raíces.
2 Sobre él reposará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y
de inteligencia, espíritu de consejo y de fuerza, espíritu de conocimiento y
de temor del Señor. 3 En el temor del Señor se inspirará; no juzgará por lo
que sus ojos vean, ni fallará por lo que oigan sus oídos; 4 juzgará con justicia a los débiles, y con rectitud a los
pobres del país; al tirano herirá con la vara de su boca, matará al criminal
con el soplo de sus labios. 5 La justicia será el ceñidor de su cintura; la
lealtad, el cinturón de sus caderas. 6 El lobo habitará con el cordero, el
leopardo se acostará junto al cabrito;
ternero
y leoncillo pacerán juntos, un chiquillo los podrá cuidar. 7 La vaca y la osa
pastarán en compañía, juntos reposarán sus cachorros, y el león como un
buey comerá hierba.
8
El niño de pecho jugará junto al agujero de la víbora; en la guarida del áspid
meterá su mano el destetado. 9 No harán ya mal, ni causarán más daño en todo mi
monte santo, porque el país estará lleno del conocimiento del Señor,
como las aguas llenan el mar.
10 Aquel día la raíz de Jesé se alzará como enseña de las gentes; la
buscarán los pueblos, y será gloriosa su morada.
INTRODUCCIÓN:
El rey tan esperado traerá la justicia, la paz, la bendición, el poder, la prosperidad. Librará al pobre y al desdichado. En él se bendecirán todas las familias de la tierra.
Salmo
Responsorial Sal 72,2.7-8.12-13.17
2 que gobierne a tu pueblo con justicia
y juzgue a tus oprimidos según derecho.
7 En sus días triunfará la justicia
y habrá una paz firme hasta que falte la
luna;
8
dominará de mar a mar,
desde el río hasta los límites del
mundo;
12 él liberará al pobre que suplica,
al miserable que no tiene apoyo alguno;
13 se cuidará del débil y del pobre;
a los pobres les salvará la vida;
17
Que eternice su nombre,
que propague su nombre bajo el sol;
para que en él sean bendecidas todas las
razas de la tierra
y todas las naciones lo proclamen
dichosas.
INTRODUCCIÓN:
El Reino
de Dios es una realidad misteriosa que Dios concede a los sencillos. Por medio
de Jesús, Hijo, Dios se revela como Padre. El conocimiento de esta realidad
transforma toda la vida.
Evangelio
Lc 10,21-24
21
En aquel momento, lleno de gozo bajo la acción del Espíritu Santo, dijo: «Yo
te alabo, Padre, señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas
cosas a los
hombres
sabios y a los entendidos, y se las has manifestado a los sencillos. Sí, Padre,
porque así has querido. 22 Mi
Padre me ha confiado todas las cosas; nadie conoce al hijo sino el Padre; y
nadie conoce al Padre sino el hijo y aquel a quien el hijo se lo quiera
manifestar». 23 Se volvió a los discípulos y les dijo aparte: «¡Dichosos
los ojos que ven lo que vosotros veis!
24 Os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis
y no lo vieron, y oír lo que vosotros oís y no lo oyeron».
COMENTARIO:
El profeta Isaías hace visible en
su himno las características del Mesías esperado que se funden con las
aspiraciones y las esperanzas de Israel.
El Mesías, que brota de Jesé,
de la línea davídica, tendrá “espíritu de ciencia y discernimiento, espíritu
de consejo y valor, espíritu de piedad y temor del Señor”… Además “no
juzgará por apariencias, ni sentenciará de oídas; defenderá con justicia al
desamparado, con equidad dará sentencias al pobre”… En el fondo, el Enviado
por Dios será el que tenga en su interior la misma identidad de Dios, la misma
esencia de la eternidad.
El Mesías esperado, al que
nosotros lo descubrimos en Jesucristo, quiere la paz universal asentado en la
justicia y hace realidad el sueño de la humanidad redimida y rehabilitada.
El Mesías anunciado en las
profecías del Antiguo Testamento se hace realidad en Jesús. Y el verdadero
mensaje central de toda la vida de Jesús es el “anuncio del Reino de Dios”,
el auténtico triunfo de Dios sobre las cosas y las personas, que se manifiesta
como un Dios de misericordia y de amor.
El Reino es el proyecto de
Dios para el hombre y para el mundo pero solamente será comprendido desde la
humildad y la debilidad.
Jesús mismo nos hace
descubrir que el Reino será comprendido desde un corazón sencillo y humilde,
al estilo de María que engrandece al Señor que ha confundido a los fuertes y
ensalzado a los humildes.
El humilde es capaz de
comprender el secreto de Dios porque busca desde su misma indigencia, mientras
que el “sabio y el inteligente” busca desde su prepotencia y su orgullo.
El humilde es capaz de
“vivir en verdad” y pide sin exigir nada como un “mendigo” necesitado de
lo más urgente, que sólo Dios mismo puede dárselo.
El humilde sabe “de quién
se ha fiado” y sabe que en medio de su vida Dios mismo ha hecho una opción
preferente por su causa, a pesar de que en muchos frentes la vida misma lo
arrincona en su cuneta.
Jesús mismo nos hace ver,
con su talante y con su actitud, que valorar al humilde conlleva tener en su
interior la honradez de miras que le hace “no juzgar por apariencias, ni
sentenciar de oídas”.
Hagamos que en cada situación
que nos encontremos anhelemos la venida de Cristo desde un talante humilde y
sencillo, sabiendo que Dios mismo se hace “mendigo” de nuestra pequeñez y
debilidad.
Repite continuamente en tu
interior más cierto el grito del Adviento que resuene muy hondo: “¡Ven Señor
Jesús!
Piensa unos minutos que
tienes que romper en tu vida para que Cristo mismo se sienta cómodo en tu casa
interior.