INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA.

MONICIÓN DE ENTRADA.

   En la lejanía de los tiempos, en medio del camino a menudo oscuro y dolorido de la humanidad, se oyó un anuncio: "De la estirpe de la mujer nacerá un hijo, y ese hijo será luz y vida para todo hombre". La mujer aquella, la llena de gracia, es el primer signo de la llegada de esta luz y esta vida: el primer signo del amor de Dios que se derrama con toda su potencia salvadora. Ella también experimentó la emigración en su vida. Ella es Reina desde el servicio a los demás y al proyecto de Dios, ya que es Madre del Hijo de Dios y Rey mesiánico, ya que es colaboradora del Redentor y perfecta discípula de Cristo.

                Vivid esta Eucaristía con espíritu de fe para que, unidos a María, nos ayude a ser cada día más y mejores cristianos.

ACTO PENITENCIAL:

1.-Tú, el hijo de María, el Hijo de Dios. Señor, ten piedad.

2.-Tú que vienes a compartir nuestra misma vida. Cristo, ten piedad.

3.-Tú que colmas de bienes a los pobres y te acuerdas de tu misericordia para siempre. Señor, ten piedad.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA (Gén 3, 9-15.20)

                Desde el principio de todo, los hombres nos hemos alejado del camino de Dios. Desde el principio de todo, el mal marca nuestra historia. Escuchemos ahora el relato simbólico que nos describe esta situación. Y escuchemos también cómo, desde el principio, Dios anuncia su salvación.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA (Ef 1,3-6.11-16)

            Desde el principio Dios llamó a todos los hombres a vivir en el amor y a ser sus hijos adoptivos. Por medio de Jesús los ha salvado. Quiere que, unidos, formen una sola comunidad incorporándose al movimiento de Cristo. Los cristianos, al recibir el Evangelio y el don del Espíritu, han entrado en esa corriente de salvación.

  MONICIÓN AL EVANGELIO  (Lc 1, 26-38)

            Nazaret: pueblo insignificante de Galilea, en el territorio en el que el Judaísmo se diluye entre gentes de diversa procedencia. Allí María recibe misteriosamente la llamada divina. Será la madre del Mesías tan esperado. Jesús (nombre idéntico a Josué, “salvador”, el que antaño introdujo al pueblo en la tierra prometida) no será fruto de un deseo humano, sino puro don de Dios. La Virgen, con su perfecta disponibilidad, es la encarnación de la humanidad dispuesta por fin a responder al amor previo de su Señor.

PETICIONES:

1. Por los que siguen a Jesucristo en servicio a los demás y en pobreza. Que el Señor los bendiga y los acompañe en su entrega. ROGUEMOS AL SEÑOR.

2. Por los seglares cristianos que se esfuerzan por ser fieles al Evangelio en la vida de cada día. ROGUEMOS AL SEÑOR.

3. Por los hombres, mujeres, ancianos, personas que viven la guerra y el hambre. Que el Señor toque el corazón de los responsables de tanto dolor, y a nosotros nos mueva a la solidaridad. ROGUEMOS AL SEÑOR.

4. Para que el Señor bendiga a todos los que están lejos de sus lugares de nacimiento y siempre sientan la acogida y la solidaridad. ROGUEMOS AL SEÑOR.

5. Para que el Señor nos haga crecer la fe, en la esperanza y en la caridad. ROGUEMOS AL SEÑOR.

6. Por todos los habitantes de nuestro pueblo  que están lejos para que nunca olviden sus raíces y sientan un amor profundo a la Virgen allí donde estén. ROGUEMOS AL SEÑOR.

7.-Por nosotros, para que, como María, sepamos ser portadores de Jesús a todos los que están a nuestro alrededor. Roguemos al Señor.

OFRENDAS:

   Ofertorio es ofrenda. No es lo mismo dar que darse. Jesús se dio, y los efectos saludables de este darse los disfrutamos nosotros. María fue ofrenda agradable a Dios porque se ha vaciado de sí misma, escucha la palabra y la guarda, dice sí, visita a su prima Isabel y la sirve, canta su pequeñez y su gracia, profetiza un mundo nuevo, hace opción por los pobres, intercede y protege a sus hijos. ¿CUAL ES TU DONACIÓN DE HOY?.

MONICIÓN A LA COMUNIÓN:

Se acerca el momento de la comunión. Jesús nos invita. Con un gesto respetuoso y alegre vamos a recibir la eucaristía. Que el amén de cada uno signifique nuestro deseo de estar con Jesús.

 HOMILÍA

            El Adviento, fundamentalmente, es el tiempo de la Virgen María. En Ella se realizan las tres venidas de Jesucristo: la histórica, la actual y la futura. “La Inmaculada Concepción de María es el anticipo y la prenda, el lejano principio y el sentido final de nuestra redención.

            El relato del Génesis, que se proclama en la liturgia de la Inmaculada, narra las consecuencias devastadores del misterio del pecado en la realidad del ser humano… porque el mal y el pecado han acompañado desde el principio, como una sombra, los pasos del hombre.

            El relato de la tentación resalta la seducción del mal y la vinculación entre los seres que se arrastran unos a otros. Y el rechazo de la condición de criatura y la pretensión de arrinconar a Dios para erigirse él mismo en “dios”.

            El pecado es el rechazo con que el hombre responde al amor que Dios le ofrece: es una amistad rota, una alianza traicionada, una relación afectuosa interrumpida. En definitiva, es la pretensión del hombre de hacer su propio camino de espaldas a Dios, sin contar con él y sin dejarse iluminar por su Palabra.

            Pero Dios ha decidido intervenir en nuestra historia para reconducirla y convertirla en “historia de salvación”. Dios anuncia su intervención para que el poder del pecado y del mal no tengan la última palabra. Y en ese plan María ocupa un lugar especial: la que va a ser la madre del Salvador es liberado de todo pecado desde el instante mismo de su Concepción. De esta manera María aparece como el perfecto contrapunto de Eva.

            La historia de María y Eva son dos experiencias de seducción:

             Eva es la mujer seducida por el tentador mientras que María es la mujer seducida por Dios.

            Eva se deja engañar por las pasiones interiores mientras que María es la mujer enamorada de Dios que ante Él reconoce la vocación misma del hombre, ser la criatura dialogal y referido al mismo Dios.

            Eva seducida siente miedo y vergüenza, desconfianza y acusaciones mientras que María seducida siente bendecir a Dios en su corazón y dice un Si incondicional al proyecto mismo de la salvación.

            María es la “llena de gracia” y “es el fruto excelente de la Redención” desde el primer instante de su concepción, fue totalmente preservada de la mancha del pecado original y permaneció pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida” (CIC 508).

            María es “redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo. El Padre la bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en el cielo, en Cristo” (CIC 492).

            María sentía necesidad de Dios, porque lo amaba con todas sus fuerzas. Pero era Dios mismo el que primero amaba a María misteriosamente.

            La perfección y la grandeza de María están en su capacidad de acoger a Dios y de entregarse a Dios, en su capacidad de acoger a otros y de darse a los otros, en su capacidad de aceptarse a sí misma y renunciar a sí misma.

            La celebración de la Inmaculada Concepción de María debe llevarnos a la imitación y al compromiso. Ella nos manifiesta que es posible llegar a la meta que ha llegado y que podemos ser también “santos e inmaculados”.

            María es icono de la Iglesia y de la Humanidad. Lo que Dios ha hecho en ella quiere hacerlo en cada uno de nosotros. Todos estamos llamados a ser como María. Si María es inmaculada, entonces ella nos afirma que también todo pecado será vencido.

            La Inmaculada Concepción de María nos invita a contemplar a toda la Iglesia el rostro de Cristo, porque “la contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable. El rostro del Hijo le pertenece de un modo singular” (Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, 10).