INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA.

INTRODUCCIÓN

            El pecado: un mal que viene de la lejanía de los tiempos. Todos nos sentimos sus víctimas antes de sabernos cómplices. El relato de la tentación, muy simbólico, resalta la seducción del mal y la vinculación entre los seres que se arrastran unos a otros. ¿El mal? Es fundamentalmente el rechazo de la condición de criatura y la pretensión de apropiarse un dios en que sueña “para no morir”. Es querer tener todo y en seguido, querer ser todo sin admitir el proceso del tiempo.

1ª Lectura Gén 3,9-15.20

9 Pero el Señor Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?».  10 Y éste respondió: «Oí tus pasos por el jardín, me entró miedo porque estaba desnudo, y me escondí».  11 El Señor Dios prosiguió: «¿Quién te ha hecho saber que estabas desnudo? ¿No habrás comido del árbol del que te prohibí comer?».  12 El hombre

respondió: «La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí».   13 El Señor Dios dijo a la mujer: «¿Qué es lo que has hecho?». Y la mujer respondió: «La serpiente me engañó y comí».   14 El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los ganados y entre todas las bestias del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás del polvo de la tierra todos los días de tu vida.  15 Yo pongo enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te aplastará la cabeza y tú sólo tocarás su calcañal».

20 El hombre llamó Eva a su mujer, porque ella fue la madre de todos los vivientes. 

 

 INTRODUCCIÓN

            El día de Yahveh está a las puertas. Ya se manifiesta. Que los hombres y la naturaleza entera celebran su llegada.

Salmo Responsorial Sal 98,1-4

1 Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho

maravillas; su diestra, su santo brazo, le alcanzó la victoria;

2 el Señor ha dado a conocer su victoria,

ha revelado a las naciones su justicia;

 3 se acordó de su amor y su lealtad

para con la casa de Israel;

todos los confines de la tierra han contemplado

la victoria de nuestro Dios.

3 se acordó de su amor y su lealtad

para con la casa de Israel;

todos los confines de la tierra han contemplado

la victoria de nuestro Dios.

4 Aclamad al Señor toda la tierra,

alegraos, regocijaos, cantad,

 

INTRODUCCIÓN

            Desde el principio Dios llamó a todos los hombres a vivir en el amor y a ser sus hijos adoptivos. Por medio de Jesús los ha salvado. Quiere que, unidos, formen una sola comunidad incorporándose al movimiento de Cristo. Los cristianos, al recibir el Evangelio y el don del Espíritu, han entrado en esa corriente de salvación.

2ª Lectura Ef 1,3-6.11-16

3 Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales y celestiales.   4 Él nos ha elegido en Cristo antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables a sus ojos.   5 Por puro amor nos ha predestinado a ser sus hijos adoptivos, por medio de Jesucristo y conforme al beneplácito de su voluntad, 6 para hacer resplandecer la gracia maravillosa que nos ha concedido por medio de su querido Hijo.

  11 En Cristo también hemos sido hechos herederos, predestinados según el designio del que todo lo hace conforme a su libre voluntad,  12 a fin de que nosotros, los que antes habíamos esperado en Cristo, seamos alabanza de su gloria;  

 

INTRODUCCIÓN

            Nazaret: pueblo insignificante de Galilea, en el territorio en el que el Judaísmo se diluye entre gentes de diversa procedencia. Allí María recibe misteriosamente la llamada divina. Será la madre del Mesías tan esperado. Jesús (nombre idéntico a Josué, “salvador”, el que antaño introdujo al pueblo en la tierra prometida) no será fruto de un deseo humano, sino puro don de Dios. La Virgen, con su perfecta disponibilidad, es la encarnación de la humanidad dispuesta por fin a responder al amor previo de su Señor.

Evangelio Lc 1,26-38

26 A los seis meses envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,   27 a una joven virgen, prometida de un hombre descendiente de David,

llamado José. La virgen se llamaba María.  28 Entró donde ella estaba, y le dijo: «Alégrate, llena de gracia; el Señor está contigo».  29 Ante estas palabras, María se

turbó y se preguntaba qué significaría tal saludo.   30 El ángel le dijo: «No tengas miedo, María, porque has encontrado gracia ante Dios.    31 Concebirás y darás a

luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús.  32 Será grande y se le llamará Hijo del altísimo; el Señor le dará el trono de David, su padre;   33 reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».   34 María dijo al ángel: «¿Cómo será esto, pues no tengo relaciones?».    35 El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño que nazca será santo y se le llamará Hijo de Dios. 36 Mira, tu parienta Isabel ha concebido también un hijo en su ancianidad, y la que se llamaba estéril está ya de seis meses,  37 porque no hay nada imposible para Dios».  38 María dijo: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel la dejó.

 

 COMENTARIO:

            El Adviento, fundamentalmente, es el tiempo de la Virgen María. En Ella se realizan las tres venidas de Jesucristo: la histórica, la actual y la futura. “La Inmaculada Concepción de María es el anticipo y la prenda, el lejano principio y el sentido final de nuestra redención.

            El relato del Génesis, que se proclama en la liturgia de la Inmaculada, narra las consecuencias devastadores del misterio del pecado en la realidad del ser humano… porque el mal y el pecado han acompañado desde el principio, como una sombra, los pasos del hombre.

            El relato de la tentación resalta la seducción del mal y la vinculación entre los seres que se arrastran unos a otros. Y el rechazo de la condición de criatura y la pretensión de arrinconar a Dios para erigirse él mismo en “dios”.

            El pecado es el rechazo con que el hombre responde al amor que Dios le ofrece: es una amistad rota, una alianza traicionada, una relación afectuosa interrumpida. En definitiva, es la pretensión del hombre de hacer su propio camino de espaldas a Dios, sin contar con él y sin dejarse iluminar por su Palabra.

            Pero Dios ha decidido intervenir en nuestra historia para reconducirla y convertirla en “historia de salvación”. Dios anuncia su intervención para que el poder del pecado y del mal no tengan la última palabra. Y en ese plan María ocupa un lugar especial: la que va a ser la madre del Salvador es liberado de todo pecado desde el instante mismo de su Concepción. De esta manera María aparece como el perfecto contrapunto de Eva.

            La historia de María y Eva son dos experiencias de seducción:

             Eva es la mujer seducida por el tentador mientras que María es la mujer seducida por Dios.

            Eva se deja engañar por las pasiones interiores mientras que María es la mujer enamorada de Dios que ante Él reconoce la vocación misma del hombre, ser la criatura dialogal y referido al mismo Dios.

            Eva seducida siente miedo y vergüenza, desconfianza y acusaciones mientras que María seducida siente bendecir a Dios en su corazón y dice un Si incondicional al proyecto mismo de la salvación.

            María es la “llena de gracia” y “es el fruto excelente de la Redención” desde el primer instante de su concepción, fue totalmente preservada de la mancha del pecado original y permaneció pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida” (CIC 508).

            María es “redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo. El Padre la bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en el cielo, en Cristo” (CIC 492).

            María sentía necesidad de Dios, porque lo amaba con todas sus fuerzas. Pero era Dios mismo el que primero amaba a María misteriosamente.

            La perfección y la grandeza de María están en su capacidad de acoger a Dios y de entregarse a Dios, en su capacidad de acoger a otros y de darse a los otros, en su capacidad de aceptarse a sí misma y renunciar a sí misma.

            La celebración de la Inmaculada Concepción de María debe llevarnos a la imitación y al compromiso. Ella nos manifiesta que es posible llegar a la meta que ha llegado y que podemos ser también “santos e inmaculados”.

            María es icono de la Iglesia y de la Humanidad. Lo que Dios ha hecho en ella quiere hacerlo en cada uno de nosotros. Todos estamos llamados a ser como María. Si María es inmaculada, entonces ella nos afirma que también todo pecado será vencido.

            La Inmaculada Concepción de María nos invita a contemplar a toda la Iglesia el rostro de Cristo, porque “la contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable. El rostro del Hijo le pertenece de un modo singular” (Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, 10).