VI Domingo de Pascua.
CICLO B.

MONICIÓN DE ENTRADA:
Hay mucho más amor que odio en el mundo. El amor es una corriente que une a las
personas. El amor es la única energía capaz de transformar este mundo porque
Jesús nos dice en el Evangelio: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”.
Como cristianos hemos aprendido que
el amor es la gran señal que nos acompaña. Sin amor no somos nada. Con el amor
de Dios todo lo podemos, pero solamente podemos
llenarnos del amor de Dios si Jesús nos manda el Espíritu Santo, el Espíritu
de la verdad, el Defensor que está siempre con nosotros.
Un domingo más seguimos celebrando la pascua de resurrección. El Señor nos ama como nadie amó jamás. Dispongámonos a celebrar esta Eucaristía.
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA (Hch 10,25-26.34-35):
El bautismo del centurión Cornelio
supuso un paso decisivo en la apertura de la fe a todos los pueblos. “Está
claro que Dios no hace distinciones... sea de la nación que sea”
Este convencimiento le llegó a Pedro por la iluminación del Espíritu, que rompe nuestras barreras y agranda nuestras cortas miras.
MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA (1 Jn 4, 7-10)
Vamos a escuchar la lectura de un pasaje de una carta de San Juan. Nos alegramos al saber que Dios nos dio a su hijo Jesús para que, por medio de él, tengamos la vida de los hijos de Dios. Así conocemos que Dios nos ama de verdad
MONICIÓN AL EVANGELIO (Jn 15, 9-17)
Escuchemos el mismo mensaje de
amor, puesto en boca de Jesús. Se insiste en que el amor de Dios se manifiesta
a nosotros por medio de Jesucristo. En el amor del Hijo podemos descubrir todo
el amor del Padre. Ahora somos nosotros los encargados de hacer llegar el amor
de Cristo a los demás, cumpliendo su mandamiento: amarnos como Cristo, que es
el amor divino, con toda su generosidad y su ternura, y amarnos con un amor que
“permanezca”.
PETICIONES:
1. Que conceda a su Iglesia gozar de la paz, de
seguridad, de largos días, para que reparta fielmente la palabra de Dios.
ROGUEMOS DEL SEÑOR.
2. Que se acuerde de nuestras ciudades y de nuestros
pueblos, de nuestra nación y sus habitantes.
ROGUEMOS AL SEÑOR.
3. Que bendiga a cuantos hacen obras buenas y se
acuerdan de los pobres y los enfermos, los
huérfanos y las viudas. ROGUEMOS AL
SEÑOR.
4. Mira a los niños y jóvenes que reciben los
sacramentos de iniciación. Que sean siempre tus amigos y tus testigos.
ROGUEMOS AL SEÑOR.
5. Que abra la inteligencia y el corazón de los
hombres, para que hagan desaparecer las guerras
y el terrorismo, y busquen el bien de la paz. ROGUEMOS AL SEÑOR.
6. Que aumenten las vocaciones sacerdotales y religiosas
en la Iglesia. ROGUEMOS AL
SEÑOR.
7.- Que los derechos de los hombres sean respetados y que
nadie esclavice al hombre.
ROGUEMOS AL SEÑOR.
8. Míranos, Jesús, que vivamos cada vez más unidos a
ti. Suscita en todos, anhelos de tu presencia. ROGUEMOS AL SEÑOR.
OFRENDAS.
BIBLIA:
Señor queremos que tu Espíritu nos abra el
entendimiento. Tú nos llamas a ser “seguidores de Jesús. Ayúdanos a
entender y comprender todo el evangelio.
PAN: Señor, queremos que tu
Espíritu nos haga ser pan partido y entregado para los demás. Ayúdanos a ser
consuelo para el necesitado y consuelo para el triste.
y el VINO: Señor,
queremos que tu Espíritu nos ayude a ser ofrenda agradable a Ti con nuestra fe
y entrega desinteresada a los demás.
VELA: Señor, queremos que tu
Espíritu nos haga brillar como esta luz. Ayúdanos a ser niños y niñas
cristianos en nuestros ambientes.
PADRE NUESTRO:
El
pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz intensa. Habitaban tierras de
sombras y una luz les brilló. Decía una voz: Grita. Di a las ciudades de Judá:
"Aquí está vuestro Dios", el Dios de la paz, el Dios de la alianza,
el Dios de Jesucristo”.
Decía
que el Dios vivo es el Dios de nuestros padres, el Dios de la vida, ante quién
sólo era necesario descalzar el alma.
PAZ:
La paz que es perdón que nos libera de la ira,
del rencor, de la envidia. La paz que es libertad y una vida siempre abierta. La
paz que es el alimento de la convivencia, y que se comparte en la mesa con
alegría y gozo.
La paz es necesaria y posible, pero se conquista con esfuerzo. No seremos portadores de paz si nuestro corazón no está pacificado. Te decimos todos: QUEREMOS LA PAZ, SEÑOR.
MEDITACIÓN
1.-Gracias, Señor, porque podemos ser fuertes. Gracias, Señor, porque podemos ser sinceros.
Gracias, Señor, porque somos alegres.
2.-Gracias, Señor, por la vida que nos das.
Gracias, Señor, porque nos quieres libres.
Gracias, Señor, porque nos das responsabilidades.
3.-Gracias, Señor, porque somos capaces de tener amigos.
Gracias, Señor, porque así podemos hacer un mundo de hombres y mujeres hermanos.
Pautas de la Homilía.
INICIO.:
1.-Nos reunimos en el nombre del Señor.
2.-Tomemos conciencia de que el Señor está siempre con nosotros y nos revela, como hemos repetido en el salmo 97, “su salvación.
DESARROLLO:
1.-El Espíritu Santo, nos recuerda la primera lectura que hemos proclamado, anima e impulsa la vida de la Iglesia, desde el principio.
-Felipe bajó a la ciudad de Samaría y predicaba a Cristo. Nos recuerda siempre la Iglesia que Jesucristo es la plenitud de la evangelización. -El don del Espíritu Santo se derramó también sobre los no judíos, sobre los gentiles.
–los
apóstoles oraron por los fieles de Samaría para que recibieran el Espíritu
Santo. Hacen
referencia al Bautismo y a la Confirmación, el bautismo del agua y el Bautismo
de fuego y Espíritu.
2.-La
fundamentación básica de nuestra salvación cristiana nos la recuerda San Juan
en la segunda Lectura:
-Dios
nos ama en Cristo, y se ha entregado una vez para siempre como víctima de
propiciación por nuestros pecados.
-Nuestra respuesta
agradecida por este amor debe ser una entrega desde la fe, “guardando sus
palabras” y viviendo el testimonio cristiano.
3.-El evangelio de san Juan trata de prepararnos para la fiesta de la ascensión.
-Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.
*Los mandamientos se resumen en dos: Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”
* La vida cristiana debe situarse en el dinamismo del amor (del Padre al Hijo y del Hijo al Padre; de Jesús a nosotros; de nosotros a Jesús y al Padre)
* Ciertamente, lo que nos hace seguidores de Jesús es que nos amemos los unos a los otros como Dios nos ama.
–El
Espíritu vive con vosotros y está con vosotros.
Dios
quiere ser adorado en Espíritu y en verdad.
–Volveré
y no os dejaré huérfanos.
FINAL:
1.-Vivamos la Eucaristía, sabiendo que la celebramos desde la fe y el amor a Jesucristo.
2.-Repitamos
interiormente: El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que
me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.
3.-Miremos
a María para que nos ayude interiormente a vivir el evangelio y a “amarnos
unos a otros” como Cristo nos amado.