XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A.  

EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ.

 

 

MONICIÓN DE ENTRADA:

               Bienvenidos a la Eucaristía donde somos convocados por el Señor. Hoy el domingo XXV del tiempo ordinario coincide con la fiesta del 14 de Septiembre, Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

    La Cruz de Cristo fue encontrada en el siglo cuarto por Santa Elena, la madre del Emperador Constantino. Luego fue tomada por los persas.  En el  siglo séptimo el Emperador Heraclio la recuperó, y en esta oportunidad fue elevada en la Iglesia de la Santa Resurrección en Jerusalén. Son estos dos grandes acontecimientos históricos lo que conmemora la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, celebrada el día catorce de Septiembre.    

     Desde su elevación en Jerusalén en el siglo séptimo, la “elevación universal” de la cruz de Cristo fue celebrada anualmente en todas las Iglesias  Esta fiesta ha prevalecido sobre la celebración del domingo XXIV del tiempo Ordinario.

               Contemplemos y meditemos la Cruz redentora de Cristo, expresión perfecta del amor incondicional de Dios hacia la humanidad y su compromiso con la realización del Reino de Dios hasta el final.

                ¡Exaltemos a Cristo crucificado que, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo, y exaltamos al Dios que entregó a su Hijo Único para que tos tengamos vida en su nombre, como nos dirá el Evangelio de San Juan!

ACTO PENITENCIAL:

   Yo sé que me quieres, Señor, porque eres bueno, porque tienes un corazón sensible. Perdóname, límpiame del pecado y de mis continuas caídas, levántame.

   Me siento pecador ante ti, que eres Santo; mi pecado está agarrado a mí.    Contra Ti, contra Ti sólo pequé, y tus ojos han visto con pena mi corazón manchado.

   Eres bueno, Padre, justo y recto y juzgas sin chantajes. Lo siento, nací manchado por la culpa. Ya antes de nacer estuve envuelto en tinieblas pero Tú me miras y me amas.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA (Núm 21,4-9)

 En este episodio en que aparece el símbolo pagano del dios curandero. San Juan aplicará más tarde esta imagen a Jesús salvador, levantado en la cruz.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA (Flp 2,6-11)

San Pablo nos advierte que la humildad es la base de la caridad, porque de ahí viene la verdadera gloria. Así ocurrió con Cristo que, siendo igual a Dios, se hizo hombre, siervo hasta la muerte. Con ello adquirió el título de Señor.

MONICIÓN AL EVANGELIO (Jn 3,13-17)

    Jesús es el Hijo del hombre elevado para salvar al mundo. Cristo tiene la vida eterna y la entrega a los hombres a través de su mismo sacrificio en la cruz.

PETICIONES:  

1. Para que la Iglesia sea luz de amor y esperanza para los hombres. ROGUEMOS AL SEÑOR.

2. Para que surjan de nuestras Parroquias jóvenes dispuestos a seguir a Jesucristo en el ministerio al sacerdocio. ROGUEMOS AL SEÑOR.

3. Para que la fuerza del Evangelio llegue a todos los rincones de la tierra y ayude a construir un mundo de paz, justicia, fraternidad. ROGUEMOS AL SEÑOR.

4. Para que los que sufren encuentren ánimo y ayuda para superar su situación. ROGUEMOS AL SEÑOR.

5. Para que todos avancemos en el camino de la conversión y podamos renovar con alegría nuestro Bautismo. ROGUEMOS AL SEÑOR.

 MONICIÓN A LAS OFRENDAS:  

Recibe, Señor, el pan y el vino juntamente con nuestra situación de búsqueda, nuestra indulgencia de respuesta, nuestra cortedad de explicación. Que ellos, pronto signo de tu presencia entre nosotros, nos aporten luz para nuestras opciones y sean motivos de salvación.

PADRE NUESTRO:

            Queremos unirnos a Jesús y decirte con el PADRE NUESTRO algo más que unas palabras bonitas, Padre. Queremos decirte que nuestro corazón está contigo, Padre. Que nuestros pensamientos son para Ti. Queremos decirte en este momento que nos hagas una familia en la fe, que con nuestro ejemplo y nuestra palabra sienta el gozo de llamarnos PADRE. Como Abrahán, haznos levantarnos y echar a andar. Como María, haznos sentir la alegría gozosa de una vida hecha alabanza y proyecto de salvación. Sólo Tú eres Dios.

Sólo Tú liberas. Sólo Tú eres fiel. Sólo Tú eres esperanza. Sólo Tú eres amor... Sí, Padre, con el Padre Nuestro, queremos decirte algo más que unas bonitas palabras.

 

PAZ:

   Danos, Señor, la paz, tu paz de cada día; la paz que el mundo no entiende, la paz que llena el corazón. Danos, Señor, la paz que prometiste a tus discípulos y que brota de las fuentes secretas de vivir perdonando a los hermanos y comprendiendo su fragilidad.

   Danos, Señor, la paz, que nace de tener puestos en Ti los pies, porque tú eres roca fuerte. SEÑOR, DANOS LA PAZ.

MEDITACIÓN

1.-Oh Jesús, ayúdame a esparcir tu fragancia dondequiera que vaya. Inunda mi alma de tu espíritu y vida. 

2.-Penétrame y aduéñate tan por completo de mí, que toda mi vida sea una irradiación de la tuya.

3.- Ilumina por mi medio y de tal manera toma posesión de mí, que cada alma con la que yo entre en contacto pueda sentir tu presencia en mi alma. 

4.-Que al verme no me vea a mí, sino a Ti en mí. Permanece en mí. Así resplandeceré con tu mismo resplandor, y que mi resplandor sirva de luz para los demás. 

5.-Mi luz toda de Ti vendrá, Jesús: ni el más leve rayo será mío. Será Tú el que iluminarás a otros por mi medio. 

6.-Sugiéreme la alabanza que más te agrada, iluminando a otros a mi alrededor. 

7.-Que no te pregono con palabras sino con mi ejemplo, con el influjo de lo que yo lleve a cabo, con el destello visible del amor, que mi corazón saca de Ti. ¡Amén!

 

Pautas de la Homilía.

 

INICIO.

DESARROLLO:  

FINAL: