NAVIDAD 2005.. CICLO B.

*La Iglesia debe estar en penumbra.
MONICIÓN
DE ENTRADA:
SALUDO DEL SACERDOTE:
Hoy brilla una luz sobre nosotros porque nos ha nacido el Señor. Hoy, en la ciudad de David, nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el príncipe de la paz, el Dios hecho hombre. Hermanos, que su amor y su gracia estén con todos vosotros.
ANUNCIO DE LA NAVIDAD. MONICIÓN DE ENTRADA.
En
Medio de noticias alarmantes que nos regalan con abundancia los medios de
comunicación en forma de secuestros, guerras, asesinatos, la Navidad nos
anuncia, como un rayo de esperanza, la extraordinaria irrupción de Dios en el
mundo: "No temáis, os traigo una gran alegría para todos; En Belén os ha
nacido el Salvador".
Celebramos
un acontecimiento importante en la historia y para todos los hombres. En el año
2015 del nacimiento de Abrahán, en
la Olimpiada 194, en el año 752 de la fundación de Roma, Jesucristo, eterno
Dios e Hijo del Eterno Padre, queriendo consagrar el mundo con su misericordiosa
venida, nace en Belén de Judá, de María Virgen, hecho hombre. Así nos cuenta
el martirologio romano el nacimiento de Jesús, el Salvador.
Esta
fascinante historia que conjuga el recuerdo y la presencia de algo que sucedió
en Belén y sigue aconteciendo en el corazón del hombre, parece una melodía
musical cuyas notas son excesivamente conocidas, pero nunca demasiado oídas,
pues las cuerdas del espíritu humano se hallan cubiertas de mensajes
materialistas e intereses egoístas.
Aquí
estamos reunidos, rebosando alegría y felicidad. En esta misa recordaremos y
celebraremos el nacimiento de Jesús y su presencia entre nosotros.
ACTO PENITENCIAL:
S.-Haznos, Señor, comprensivos y compasivos; cambia la dureza de nuestro corazón. Señor, ten piedad.
El himno que vamos a cantar comienza con el cántico de los ángeles en la noche de la Navidad del Señor. Hacemos nuestros los sentimientos de adoración y alabanza. Unámonos ahora a la alegría de los ángeles que aquella noche de Belén anunciaron a los pastores y al mundo entero el nacimiento del Hijo de Dios, en aquel niño que hoy contemplamos en los brazos de María está toda la grandeza de Dios, está la vida y la paz que los anhelamos.
(se enciende el misterio y se canta el gloria...se hacen sonar las campanas... se enciende las velas del altar y el niño viene desde detrás acompañado por niños)
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA : (Is 8,2-7)
Un
poema ya clásico para anunciar el nacimiento de Jesús: "porque un niño
nos ha nacido, un hijo se nos ha dado". Con símbolos preciosos, como el de
la luz, el fuego liberador, el botín de la victoria o la siega, anuncia la
salvación que nos trae el nacimiento de este niño. Nacen con él la paz y la
alegría, la justicia y el derecho.
El
nacimiento de Jesús nos invita a ser mejores, a llevar una vida cristiana
llena de amor y de buenas obras. Escuchemos a San Pablo que le dice a su
querido amigo Tito que ha aparecido la gracia de Dios
para todos
los hombres. El Señor en persona ha venido. ¿No os parece algo grandioso?
MONICIÓN
AL EVANGELIO (Lc 2,1-14):
La
gran noticia, que es la gran alegría para todo el mundo, es ésta: Ha nacido
el Salvador. Los ángeles, los pastores, la noche, las estrellas,... todo
proclama el gozo de la venida del Salvador. No es el "Dios
guerrero", sino el príncipe de la paz.
En la tierra ha nacido Dios, ha nacido la Paz... Escucha con
sentimiento y piedad cristiana el relato evangélico.
1) Para que, por esta Navidad, los pueblos se humanicen y se pacifiquen. ROGUEMOS AL SEÑOR
2) Para que,
por esta Navidad, los pobres sean más respetados y evangelizados.
ROGUEMOS AL SEÑOR.
3) Para
que, por esta Navidad, los inmigrantes y extranjeros, los desplazados y los
sin techo, sean mejor acogidos e integrados. ROGUEMOS AL SEÑOR.
4) Para que,
por esta Navidad, los desempleados encuentren el camino y los medios de la
propia realización. ROGUEMOS AL SEÑOR.
5) Para
que, por esta Navidad, los enfermos, deficientes, ancianos y cuantos viven en
soledad encuentren la cercanía que necesitan. . ROGUEMOS AL SEÑOR.
6) Para
que, por esta Navidad, todos nos hagamos más niños y más pobre. ROGUEMOS AL SEÑOR.
7) Para
que,
cuantos celebramos con gozo la Navidad, descubramos en nuevo nacimiento de
Jesús y recordemos a los pobres y encarcelados.
ROGUEMOS AL SEÑOR.
8)
Para
que sean consolados y confortados los que están fuera de su familia:
transeúntes, refugiados y cuantos viven solos.
ROGUEMOS
AL SEÑOR.
MONICIÓN A LAS OFRENDAS: (presentamos pan, vino, cadenas rotas, Biblia, Velas):
PAN:
Señor, éste es el pan que nos sirve de alimento. Tómalo tú y transfórmalo
en pan del cielo.
VINO:
Señor, este vino significa la alegría de vivir en amistad. Tómalo y transfórmalo
en el vino de tu eucaristía.
CADENAS
ROTAS: Señor, estas cadenas rotas simbolizan tu liberación. Que tu poder
rompa todas las esclavitudes y todas nuestras injusticias.
BIBLIA:
Señor, esta Biblia es la Palabra de Dios. Que ella nos alimente siempre.
VELAS:
Señor, estas velas van a iluminar tu altar. Que ellas sean expresión de
nuestra vida como luz del evangelio a través de nuestro testimonio.
PADRE
NUESTRO:
El
pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz intensa. Habitaban tierras de
sombras y una luz les brilló. Decía una voz: Grita. Di a las ciudades de Judá:
"Aquí está vuestro Dios", el Dios de la paz, el Dios de la
alianza, el Dios de Jesucristo"
Decía que el Dios vivo es el Dios de nuestros padres, el Dios de la
vida, ante quién sólo era necesario descalzar el alma. Con el PADRE NUESTRO
queremos decirte algo más que unas bonitas palabras.
PAZ:
La
paz que es perdón que nos libera de la rabias, de la ira, del rencor, de la
envidia y de la sangre. La paz que es libertad y una vida siempre abierta, en
la casa y en el trabajo, en la escuela y en la calle. La paz que es el
alimento de la convivencia, y que se comparte en la mesa con júbilo y con
hambre.
La
paz es necesaria y posible, pero se conquista con esfuerzo. No seremos
portadores de paz si nuestro corazón no está pacificado. Te decimos todos:
QUEREMOS LA PAZ, SEÑOR.
MEDITACIÓN:
Descarga la meditación en formato zip
1.-Tu navidad será del color que tengas el corazón.
2.-Sólo cuando sepas comprender, entonces podrás cantar, pero si no sientes lo sufren los demás, calla, no hay Navidad.
3.-Tu navidad
será del color que tengas el corazón
4.-Piensa
si es honrado tu quehacer, solo entonces podrás cantar, pero si descubres en
tus manos la maldad, calla, no hay Navidad.
5.-Tu
navidad será del color que tengas el corazón
6.-Mira
si respetas la verdad, solo entonces podrás cantar, pero si tus pasos solo
saben engañar, calla, no hay Navidad.
7.-Tu
navidad será del color que tengas el corazón
Pautas de la Homilía.
INICIO.
Queridos todos, hermanos y hermanas en
Cristo, ¡Feliz Navidad!: “El Niño que nos ha nacido y el Hijo que se nos ha
dado es la expresión del amor de Dios”.
Navidad significa que Dios se ha
enamorado de los hombres y es una invitación a entrar en el
Misterio religioso desde la categoría del amor, porque Dios es
“amor”.
DESARROLLO:
El hombre es el “animal con
capacidad de amar y ser amado”, de ahí que lo verdaderamente significativo en
su vida será el amor. ¡Será el amor lo que realmente nos eleva y nos hace
participar de Dios!
No será el poder sino el amor; no
será el tener, sino el amor; no será el vencer, sino el amor, lo que nos hará
cada vez más personas y nos adentrará en una cultura cada vez más integradora
y sin exclusiones, cada vez más justa y sin discriminaciones, cada vez más
libre y sin desigualdades.
Desde
siempre la humanidad, envuelta en sus sombras, ha buscado la luz. La cultura de
los pueblos antiguos es testigo tanto de la sombra sufrida como de la luz
deseada. Y entre ellos es especialmente significativa la historia de Israel, una
historia de sombra y de luz.
También nosotros, hoy, envueltos
en sombras y en oscuridades, se nos invita a buscar la luz.
¡Cuántas oscuridades existen en
nuestro mundo que necesitan ser iluminadas!
¡Cuántas sombras y huecos existen
en cada uno de nosotros que necesitan ser clareadas por la luz del Niño que
nace en Belén!
El
profeta Isaías presenta el nacimiento de un niño y nos narra la entronización
del infante como rey y las consecuencias de su reinado para el pueblo.
El pueblo que vive en las tinieblas
de la ocupación extranjera, en medio del caos y de la muerte, ve nacer una luz
en medio de él. La luz trae consigo la alegría del nuevo futuro, una alegría
sencilla y elemental.
La luz y la alegría surgen por
tres motivos: la opresión, las cargas injustas han sido quebrantadas por Dios
mismo; la guerra y las consecuencias de ésta han desaparecido de la tierra,
devoradas por el fuego; y el nacimiento de un niño dado por Dios al pueblo. En
él se hace realidad y se actualiza la promesa hecha a David.
Él es el consejero que gobernará al pueblo de forma admirable; es el
guerrero que defiende valientemente a su pueblo; el padre que acoge y cuida a su
pueblo como a un hijo; el príncipe que con su gobierno instaura la paz para el
mundo.
Este oráculo de Isaías
adquiere su plenitud en Cristo en quien los Santos Padres lo veían cumplido: “Él
es admirable en su nacimiento, consejero en la predicación, Dios en el perdón,
fuerte en la pasión. Padre en la era futura, Príncipe de la paz en la
felicidad eterna” (San Bernardo).
Lo que fue anuncio y expectación
se hizo realidad en Belén. Lo que sucedió fue un acontecimiento humilde y en
cierto modo lejano, desconcertante y lejos de la gran historia de ese momento,
pero cargado de futuro y capaz de dar un vuelco a la historia de siempre y a la
pequeña de todos los días.
Verdaderamente la mirada de
la fe ilumina la vida en toda su totalidad. La mirada de la fe mira lo mismo
pero de otra manera.
El creyente mira el sufrimiento
como los demás pero mira más allá del mero dolor que llena de desesperanza el
caminar del hombre, y lo descubre como una oportunidad para madurar como
personas y “completar lo que falta a la pasión de Cristo”.
El creyente mira la pobreza como
los demás pero mira más allá de la mera miseria que ensombrece la dinámica
de los pueblos, y la descubre como una oportunidad para compartir con los que
menos tienen sus bienes, y lo ve a los ojos del “Cristo pobre”.
Verdaderamente la mirada de
la fe ilumina la vida en toda su totalidad. La mirada de la fe mira lo mismo
pero de otra manera.
San Pablo, en su carta a Tito, nos
invita a no equivocarnos ni dejarnos engañar sobre el sentido y el alcance de
la Navidad: Dios se hace conocer por su gracia y ésta alcanza su culmen por el
don de Jesús; en el nacimiento de este niño se manifiesta “la gracia
salvadora”, el don gratuito de Dios. De la misma manera que Jesús muere y
resucita por nosotros también nace por nosotros; toda la vida es una
manifestación de la gracia salvadora.
San Pablo pone en relación el
misterio pascual con el nacimiento de Jesús. De la Navidad sólo se puede
hablar a partir de la Pascua. El interés de este pasaje es poner de relieve que
la existencia humana de Jesús está concentrada, desde el primer instante, en
la entrega de una vida que culminará en la cruz, medio por el que Dios realizará
efectivamente su voluntad de salvación para todos.
El Judaísmo pensaba que la nación
y sus miembros podían ser purificados de su mal por los sacrificios rituales.
Pero sólo Jesús ofrece el sacrificio que el Señor espera: la entrega de sí
mismo por amor.
La manera de vivir cristiano tiene
un origen: Jesús ha venido (“ha aparecido la gracia salvadora”, en pasado); Jesús volverá en
gloria (“aguardamos la dicha que
esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios”, futuro). Hay, pues, que
vivir como personas sensatas (respeto de uno mismo), justas (con relación a los
demás), religiosas (con relación a Dios).
A nosotros, hoy, igual que a
Tito, se nos invita a vivir como personas sensatas, de sentido común; como
personas justas en nuestra relación con los demás; y como personas religiosas
que vivan con coherencia su relación con Dios.
Navidad cristiana es cuidar la
oración y la solidaridad en nuestra vida, demasiada cargada de excesos y gastos
sin medida.
Navidad cristiana es descubrir la
austeridad y la limosna en nuestra vida diaria, demasiado repleta de
insolidaridad y falta de “mirada” a los pobres.
Navidad cristina es dar la acogida
a cualquier prójimo, especialmente al más necesitado, en nuestro caminar
diario, demasiado cargado de individualismo y falta de sensibilidad al otro.
Navidad cristiana es decir no a
todo aquello que a menudo contrasta con el Evangelio y con la dignidad de la
persona humana, en ocasiones tan aireadas por los medios de Comunicación Social
y por nuestra sociedad de consumo!
Recuperemos el sentido cristiano de
la Navidad y recuperemos el sentido de la Navidad, frente a una cultura
dominante que intenta “excluir a Jesucristo y omitir cualquier signo religioso
y de los valores que representa esta celebración” (Agustín García-Gasco).
Frente a un mundo que intenta
“olvidar la memoria y la herencia cristiana” de nuestra historia y de
nuestros pueblos, se nos invita a volver a revitalizar nuestra fe en Jesucristo
y replantearnos nuestro fe.
Frente a un “agnosticismo práctico y una indiferencia religiosa” ambiental, donde “da la impresión de ser una apostasía silenciosa por parte del hombre autosuficiente que vive como si Dios no existiera”, celebrar la Navidad debe de revitalizar en nosotros el deseo de recuperar la celebración de la Misa del Domingo, la pertenencia activa y colaboración eficaz a la Iglesia local, la preocupación por la formación cristiana de nuestra vida, la manifestación pública de nuestra fe sin miedo y sin complejos.
FINAL:
Que el Niño que nace en Belén,
“Misterio de la admirable unión de la Naturaleza divina y de la Naturaleza
humana”, nos bendiga a todos, colme de felicidad a todas vuestras familias,
fortalezca todos los lazos sociales en Peñarroya-Pvo, nos sacie de esperanzas y
de ilusiones a todos los habitantes de Peñarroya-Pvo, de la salud a todos los enfermos, haga brotar la alegría entre los jóvenes
y nos lance hacia cotas cada vez más altas de prosperidad y de solidaridad.